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Opinión | Las cosas del votar

Ana Salazar

Ana Salazar

Presidenta de ACOP

SEVILLA

Las encuestas no solo miden la realidad, también la fabrican

Vídeo | Capítulo 9. "Las encuestas no solo miden la realidad, también la fabrican". por Ana Salazar

Ana Salazar

Cuando se publica un sondeo, la conversación pública se suele quedar en la superficie: quién gana, quién pierde, cuántos escaños suben o bajan. Como si todo se redujera a una carrera de caballos.

Pero un sondeo es mucho más que eso.

Es una radiografía precisa de lo que piensa una sociedad. De lo que le preocupa. De lo que teme. De lo que cree que viene. Y, sobre todo, de cómo esas percepciones cambian según quién eres y a quién votas.

Ahí es donde empieza lo interesante.

Porque los datos no solo sirven para describir la realidad. Sirven para intervenir en ella.

Te pongo un ejemplo reciente.

En el barómetro de Centra, vemos que más de la mitad de los entrevistados piensa que el pago de impuestos disminuye su calidad de vida.

Ese dato no es menor: identifica una percepción extendida y emocionalmente potente.

Y apenas una semana después, el presidente de la Junta, Juanma Moreno Bonilla, criticaba a su adversaria, María Jesús Montero, en Espejo Público, por “freírnos a impuestos”.

¿Casualidad?

Difícil sostenerlo.

Porque ese tipo de mensajes no surgen en el vacío: conectan directamente con lo que los sondeos ya han detectado en la opinión pública.

Pero hay algo aún más revelador: cuando no miramos el dato agregado, sino cómo se distribuye.

Por ejemplo, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, la sanidad aparece como el principal problema en Andalucía para un 42% de los encuestados. Ese sería el titular.

Pero el titular oculta lo importante.

Si cruzamos ese dato por recuerdo de voto, la foto cambia por completo: mientras que la sanidad es un problema para el 63,8% de los votantes socialistas, solo lo es para el 31,1% de los votantes populares.

Dos realidades distintas viviendo en el mismo territorio. Y eso tiene consecuencias directas en cómo se construyen las campañas.

No es casualidad que el discurso del PSOE pivote sobre los servicios públicos, especialmente la sanidad pública. Está hablando a un electorado que ya percibe ese problema como central.

Tampoco es casualidad que el PP construya su relato en torno a otros marcos: la estabilidad, la gestión, los impuestos. Está reforzando las preocupaciones de su propio espacio… y evitando entrar en terrenos donde el adversario es más fuerte.

Lo mismo ocurre con otras cuestiones.

Para el votante de Vox, la inmigración aparece como un problema relevante. Sin embargo, ese tema apenas tiene peso entre los votantes de otros partidos.

No es que existan problemas distintos. Es que existen percepciones distintas de los problemas.

Y los sondeos permiten mapear esas percepciones con una precisión quirúrgica. Por eso, para quienes diseñamos estrategias electorales, un sondeo no es el final del análisis. Es el principio.

Sirve para detectar miedos, identificar grietas, reforzar identidades y ajustar mensajes. Para consolidar a los propios… y persuadir a los indecisos.

En otras palabras: no solo mide dónde está cada partido, les dice a cada uno cómo moverse.

Por eso las encuestas no son inocentes.

No porque estén manipuladas —que no lo están—, sino porque su verdadero poder no está en lo que publican, sino en cómo se utilizan.

Las encuestas no solo predicen el voto. Ayudan a moldearlo.

Aunque eso… no te lo cuenten.

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