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Opinión | Las cosas del votar

Ana Salazar

Ana Salazar

Presidenta de ACOP

Voto oculto ¿mito o realidad?

Capítulo 14 de Las cosas del votar: Voto oculto, ¿mito o realidad?

Capítulo 14 de Las cosas del votar: Voto oculto, ¿mito o realidad? / Ana Salazar

En cada elección reaparece la misma idea: el voto oculto. Cuando las encuestas fallan —o simplemente cuando no gustan— aparece esa explicación fácil: hay gente que no dice la verdad. Que por miedo, por vergüenza o por presión social, se guarda su voto y solo lo muestra en la urna.

Tiene su lógica. Y también su atractivo. Porque simplifica mucho las cosas: si algo no cuadra, es que alguien está escondiendo algo.

Pero aquí se suelen mezclar dos cosas distintas. Una cosa es el voto oculto —gente que ya sabe a quién va a votar pero no lo dice— y otra muy diferente es el voto indeciso: gente que, sencillamente, todavía no lo tiene claro.

Y los datos en Andalucía apuntan mucho más a esto segundo que a lo primero. Alrededor de un 10,8% de los encuestados dice que aún no sabe a quién votará. Puede parecer una cifra abstracta, pero no lo es tanto si la llevamos a números reales: en las últimas elecciones votaron unos 3,7 millones de andaluces. Si la participación fuera similar, ese 10,8% equivaldría a alrededor de 400.000 personas.

Es decir, no estamos hablando de un grupo pequeño o marginal. Es un bloque de votantes lo bastante grande como para inclinar un resultado electoral. Y, sobre todo, no es un voto escondido: es un voto que todavía no existe del todo, porque aún no se ha decidido.

Además, ese votante indeciso no es alguien sin perfil. No es un grupo perdido en el aire. Cuando se mira con detalle, tiene rasgos bastante claros.

Para empezar, muchos vienen de haber votado antes. No son nuevos ni ajenos a la política. Por ejemplo, entre quienes votaron al PSOE en las últimas elecciones, casi uno de cada diez ahora duda. En el caso del PP, esa cifra es bastante menor. Esto sugiere algo importante: más que esconder su voto, lo que vemos es gente que aún no sabe qué hacer.

También es un votante más bien moderado. La mayor parte de la indecisión se concentra en el centro, centro-izquierda ideológico, el 37% se sitúan en el 4 y en el 5 de la escala ideológica. En los extremos, en cambio, la duda es mucho menor. Quien tiene las ideas muy claras, también suele tener el voto claro. Esto encaja mal con la idea de un voto oculto ligado a posiciones más radicales.

Si miramos la edad, el patrón también es bastante evidente. Los jóvenes dudan más. Entre los menores de 25 años, la indecisión es claramente más alta que entre los mayores. A medida que aumenta la edad, el voto se vuelve más estable. Es algo bastante lógico: con los años, muchos votantes consolidan sus preferencias que luego son difíciles de cambiar. 

También hay diferencias entre hombres y mujeres. Las mujeres se muestran más indecisas que los hombres. No suele interpretarse como que oculten más su voto, sino más bien como una mayor prudencia a la hora de responder o una menor tendencia a afirmar algo que no tienen del todo claro.

Por nivel social, la duda también aumenta en los grupos más vulnerables. Entre las clases más bajas hay más indecisión que entre las medias o altas. De nuevo, esto apunta más a desconexión o incertidumbre que a ocultación consciente.

Y si miramos el mapa, tampoco aparece ningún misterio. La indecisión está bastante repartida por toda Andalucía. En la mayoría de provincias se mueve en torno al 10% o el 11%. Málaga está algo por encima y Jaén algo por debajo, pero sin grandes diferencias. No hay zonas donde el voto esté especialmente “escondido”. La duda está en todas partes.

Con todo esto, la conclusión es bastante clara. No hay señales de un voto oculto masivo que esté esperando para aparecer el día de las elecciones. Lo que sí hay es un número importante de votantes que todavía no ha tomado una decisión.

Y eso define por completo la campaña porque hay demasiada gente que aún no saben qué van a hacer, y eso los convierte en el bien más preciado y deseado para cualquier partido político. 

El votante indeciso andaluz no es un misterio. Si hubiera que dibujarlo a grandes rasgos, sería alguien más bien moderado y relativamente joven. Es algo más frecuente entre mujeres, aparece más en clases sociales bajas y entre quienes tienen menos interés o menor anclaje político.

La encontramos con más facilidad en provincias como Málaga o Sevilla, aunque en realidad la indecisión está bastante repartida por toda Andalucía. Y, sobre todo, se concentra en el centro ideológico.

Quizá el error está en buscar secretos donde lo que hay es duda. Porque, en la Andalucía de hoy, la clave no está en lo que los votantes esconden, sino en lo que aún están decidiendo.

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