Opinión | Obituario
Sol, gracias

La periodista Soledad Gallego-Díaz / Javier Cebollada / EFE
Se lo debo, y por tantas razones que no cabrían en lo que da de sí esta columna.
Fue en un viaje a Cartagena de Indias, de hace más de veinte años. La AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) nos había invitado a un grupo de periodistas con responsabilidades en medios de comunicación, para hablar sobre el liderazgo de las mujeres en el sector, en ambos del charco oceánico. Yo sabía perfectamente quien era aquella señora con canas, que hablaba poco, pero se fijaba mucho, y a la que la vitola de su nombre, firma permanente en El País, la había convertido en toda una referente para las de mi generación.
Allí, entre tazas de buen café colombiano y conversaciones sobre periodismo y techos de cristal variados, transcurrieron unas jornadas en donde tuve la oportunidad de conocerla más de cerca y admirar -aún más si cabe- su trayectoria, tan excepcional por lo única.

Soledad Gallego Díaz, durante una charla con el director de Le Monde diplomatique, José Natanson, sobre su nuevo libro 'Venezuela: Ensayo sobre la descomposición' / Ricardo Rubio / Europa Press
Años más tarde pude entrevistarla para mi tesis doctoral, en la que trataba de poner en pie la razón de la escasa presencia de mujeres en puestos de decisión en los medios de comunicación españoles en la primera década del siglo XXI. Por aquellos entonces, Sol Gallego-Diaz ya era adjunta a la dirección de El País y, para mi asombro, no se sentía referente de nada, ni de nadie, solo una enamorada de un oficio ejercido en tiempos nada fáciles.
Me sorprendieron mucho sus respuestas a mis preguntas académicas. Reconocía la falta de mujeres en primera línea, aunque me confesó que -de verdad, de verdad- nunca había pensado en dirigir el periódico. Pero años más tarde lo hizo, convirtiéndose así en la primera en dirigir un periódico de tirada nacional de los tiempos modernos (en el siglo XX, solo hubo otra: María Luz Morales, directora que fue de La Vanguardia, durante la Guerra Civil)
Con un extenso itinerario profesional a sus espaldas: cronista política y parlamentaria, analista, corresponsal en Europa y América y también, durante un tiempo, delegada del periódico en Andalucía, Sol era la mejor de todas para romper el techo de cristal que lamentablemente aún se levantaba sobre nosotras en el albor del nuevo milenio, y lo hizo bien. Fue directora de junio del 2018 a junio del 2020, dos años, suficientes para demostrar que el tabú se podía romper sin mayor problema a poco que, los que siempre mandan (hombres, siempre, por cierto) supieran ver que había mujeres de sobra y que lo único que hacía falta era… saber verlas.
Reconocía la falta de mujeres en primera línea, aunque me confesó que -de verdad, de verdad- nunca había pensado en dirigir el periódico. Pero años más tarde lo hizo, convirtiéndose así en la primera en dirigir un periódico de tirada nacional de los tiempos modernos
Desde entonces, alguna más le sucedió en la cabecera. Pepa Bueno, se convertiría años más tarde en la segunda directora de El País, y empezó a normalizarse la presencia de mujeres al frente de los medios. Sin ir más lejos aquí, en El Correo de Andalucía, tenemos a una de ellas: Isabel Morillo es una de las pocas mujeres -no sé si la única- que dirigen hoy periódicos en Andalucía. Pero aún no está todo hecho y queda todavía mucha carrera, pero ahí están, demostrando que valen para ello en un proceso que espero no tenga vuelta atrás.
En los últimos años, desde su columna semanal en El País, y en el Hoy por Hoy de la cadena Ser, ponía la guinda periodística a la actualidad con una mirada y un saber contar, que vamos a echar mucho de menos, siempre reivindicando el sentido del oficio y la responsabilidad de los medios.
Murió como vivió, con discreción y sin algaradas. Un referente ético para muchas de nosotras, una pionera en la dirección, que conviene no olvidar en esta época tan de desmemorias
Murió como vivió, con discreción y sin algaradas. Un referente ético para muchas de nosotras, una pionera en la dirección, que conviene no olvidar en esta época tan de desmemorias y a pesar de que su nombre no les diga hoy nada a los estudiantes de periodismo, tal vez porque, y entre otras cosas, a muchos de quienes les enseñan tampoco su nombre les diga nada. Sin palabras.
En tiempos donde se vapulean a diario los pilares del oficio periodístico y donde la libertad de prensa se enarbola con la mayor desvergüenza por pseudoperiodistas mercenarios, recordar a Sol Gallego-Diaz, y honrar su memoria, es de justicia necesaria. Que la tierra te sea leve, compañera. Sol, gracias.
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