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Opinión | En la ciudad

Sevilla

El eslabón perdido

Vecinos del barrio de San Pablo

Vecinos del barrio de San Pablo / El Correo

Ayer por la mañana estuve en la Avenida de El Greco, uno de los ejes del Polígono residencial San Pablo de Sevilla, inaugurado en 1967 y que cuenta con más de diez mil viviendas. Con alegría pude comprobar la agitada vida urbana que mantiene hoy en día, a la que os invito asomaros.

Hace unos años, se propuso desde Emasesa realizar en esta calle un ensayo que tuve la suerte de llevar a cabo junto a Félix de la Iglesia, María Rivas y Julia Moreno. Se trataba de una inversión importante que por primera vez hacía el Ayuntamiento en un barrio obrero como éste después de décadas. La mayoría de centros históricos y/o barrios emblemáticos tienen alguna actuación tipo bulevar, una alameda o un eje peatonal. Pero no es fácil que un Ayuntamiento haga una obra costosa de reurbanización o rehabilitación en una zona alejada de los turistas, y eso que son las inversiones más rentables porque repercuten en la población que sostiene la ciudad, la que vive en los barrios con más densidad de viviendas -que es la mayoría- y la que realmente los habita.

La Avenida de El Greco demuestra que otra forma de hacer ciudad es posible: menos coches, más sombra, más bancos, más árboles y más espacio público pensado para la vida cotidiana de quienes habitan los barrios

El ensayo trataba de comprobar que se puede revertir la función urbanística y reconfigurar el espacio público urbano de modo que ponga la vida de las personas en el centro del diseño. Y aunque al final no se nos adjudicó el proyecto de ejecución -en ese caso hubiésemos elegido otros materiales y acabados-, se mantuvieron las cosas más importantes de nuestro proyecto inicial como la ampliación de aceras, el aumento de mobiliario urbano, el aumento de arbolado, con más de 90 árboles nuevos, el triple de zonas de estancia, suelo permeable y sombra y la eliminación de un carril de viario rodado, disminuyendo la presencia del vehículo y la contaminación, y aumentando el a más de la mitad espacio de la calle dedicado al peatón, además de la incorporación de jardines, carril bici, juegos infantiles, fuentes de agua, zonas wifi y contenedores soterrados.

Todo esto ha repercutido en la calidad de vida que hay hoy en esta Avenida, donde te puedes encontrar casi a cualquier hora a personas de distintos géneros, generaciones y nacionalidades haciendo uso de los bancos, paseando, charlando o entrando y saliendo en los comercios de barrio. Recuerdo que estos pequeños locales estaban atemorizados con la posibilidad de tener que cerrar en caso de bajar las ventas drásticamente durante las obras. Con todos ellos ideamos un faseado de las mismas, de manera que se ajustaran al máximo al periodo de sus vacaciones, y los acompañamos con la campaña Compro en mi barrio durante las fechas claves para que les afectara lo menos posible. Por suerte, ninguno cerró y hoy han subido las ventas, ya que la gente camina más por este eje urbano que atrae a más personas que antes de la obra. Y es que el modo de hacer un urbanismo u otro determina nuestras vidas cotidianas, e influye más de lo que pensamos en nuestra felicidad y en nuestra salud, según cómo se gestionen los recursos, y qué prioridades se tengan en cuanto a los modos de desplazamiento y consumo.

Siete años después, la reurbanización ha mejorado la calidad de vida del Polígono San Pablo: más peatones, más comercio de barrio y una avenida más amable, fresca y habitable

Siete años después de la inauguración, creo que de las mejores cosas que conseguimos fue la implantación, por primera vez en Sevilla, de un sistema de drenaje urbano sostenible para reducir el caudal de la red convencional de evacuación de lluvias, permitiendo la filtración mediante suelos drenantes y sistemas naturales y vegetales. Se instaló también un aljibe para que el agua filtrada se recondujera y se reciclara para el propio riego de los árboles, las plantas y los 2.000 m2 de zonas ajardinadas de toda la Avenida. Además de no utilizar un recurso público tan valioso como el agua potable para el riego, lo valioso es haber comprobado que en Sevilla, este sistema consigue que los parterres estén llenos de vegetación y flores incluso en verano, y exista en verano un descenso de casi 10 grados de temperatura a lo largo de la Avenida con respecto a las de alrededor, superficies impermeables de hormigón y asfalto casi en su totalidad que no sólo impiden la posibilidad de que las aguas de lluvia vuelvan a su cauce natural, sino que son emisoras de un alto índice de calor.

Me pregunto en qué momento se perdió el eslabón que nos ha llevado a construir ciudades (feas) que ocupan de forma tan irrespetuosa el territorio donde se asientan, perdiendo identidad, conexión con el lugar, y la función para la que fue creada. Si los centros históricos se construyeron con materiales autóctonos con un comportamiento térmico propio para cada sitio, la ciudad moderna se encargó de cubrir nuestras ciudades de hormigón y asfalto.

El urbanismo del futuro pasa por desandar el camino del hormigón y el asfalto: recuperar naturaleza, memoria e identidad para construir barrios accesibles, inclusivos y seguros

La ciudad como organismo vivo que es,solicita revisar la dinámica urbanizadora de las últimas décadas hacia soluciones que regeneren, oxigenen y devuelvan el ciclo natural a la tierra. Necesitamos menos áreas de hormigón en nuestras periferias urbanas y más actuaciones que incorporen la naturaleza a la ciudad. Necesitamos barrios accesibles, inclusivos y seguros, con plazas y acerados amables, pasos de peatones, rampas, barandillas, caminos escolares, zonas peatonales. Necesitamos proyectos que reconfiguren la ciudad hacia unas vidas menos individualistas y privatizadas, que propongan más espacios de encuentro sin tener la obligación de consumir. El urbanismo necesita desandar para descubrir y recuperar el eslabón perdido en la construcción de las ciudades. El poeta Gabriel Celaya escribió que la poesía era un arma cargada de futuro, siendo importante el recuerdo de lo vivido y nuestra historia pretérita para la construcción sana de ese tiempo. Desde aquí, me apropio de sus palabras para defender una memoria de las ciudades, apelando a un urbanismo que desanda y vuelve sobre las trazas pasadas de la ciudad como el mejor arma para el futuro.

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