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Opinión | El lugarico

Sevilla

La Fiesta de la Democracia

Urnas con las papeletas donde los andaluces ejercen su derecho al voto.

Urnas con las papeletas donde los andaluces ejercen su derecho al voto. / Eduardo Briones - Europa Press / Europa Press

Por encima del tópico, la celebración de elecciones es en sí misma una Fiesta, una jornada de júbilo en la que se pone en valor el sistema de representación política menos malo de los conocidos. Pese a sus imperfecciones y defectos, es indudable que es el único cauce civilizado para la participación de la ciudadanía. Y todos debemos alegrarnos con su celebración como sucede hoy en Andalucía.

Tengo dos nietos que votan hoy por primera vez, lo que me produce una cierta envidia retrospectiva porque yo no pude ejercer este derecho hasta los 34 años cuando se convocaron las primeras elecciones democráticas (15 de junio de 1977) gracias al tándem formado por el Rey Juan Carlos y el Presidente Adolfo Suárez. Y desde entonces, municipales, autonómicas, generales y europeas se celebran cuando toca habiéndose así homologado España al conjunto de las naciones de nuestro entorno.

Y por eso hoy es el mejor día para recordar -o mejor para olvidar- aquella larga etapa de nuestra historia bajo la dictadura donde el único partido existente hacía y deshacía nombrando a dedo todos los cargos desde concejales y procuradores en Cortes, hasta gobernadores civiles y cualquiera otro de los que ahora se someten al escrutinio popular en las urnas. Aunque solo fuese por esto, el cambio producido en España desde la transición política es un fenómeno histórico que con toda razón se pone de ejemplo en el mundo.

El cambio producido en España desde la transición política es un fenómeno histórico que con toda razón se pone de ejemplo en el mundo

Al recordarle a mis nietos aquellos tiempos grises de nuestra nación le hago algunas reflexiones sobre el valor de la decisión individual que lleva consigo la papeleta que se introduce en la urna. Y la principal no es otra que la singularidad de la opción que cada elector debe tomar por sí mismo, sin intermediarios ni cantos de sirena durante la campaña electoral. Es la gran expresión de la libertad individual. La suma de millones de individualidades conforma la composición de los gobiernos determinados por “el sistema menos malo de los conocidos”, según la insuperable definición de la Democracia formulada por Winston Churchill. El candidato que hoy logre la mayoría de sufragios lo será por la voluntad general de los votantes, pero lo es asimismo por cada uno de los votos emitidos. Los de los abuelos y los de los nietos, sin distinción de edades ni de ideologías. Es tan respetable el voto a la derecha, incluso a la derecha severa, como el que se inclina por la izquierda, incluso por la izquierda más allá. No de otra forma puede entenderse el sistema democrático pese a que cada quien puede tener su opinión también respetable por mucho que pueda parecernos equivocada.

Vayamos a votar. Vayamos todos los andaluces a celebrar la Fiesta de la Democracia. Y una vez depositada la papeleta en la urna vayamos a la playa, al campo o a tomarnos las cañas con la familia. Pero vayamos a votar.

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