Opinión | Al compás
¡Que acabe ya este ‘Work in Progress’!

La Materia / Alain Scherer
Como en aquel recordado meme de Aznar, en el que advertía con acento tejano estar trabajando en ello, los artistas flamencos permanecen atrapados en los últimos años en el boom de los work in progress. Esto es, en procesos de trabajo que nacieron como laboratorios creativos, pero que con el tiempo se han ido convirtiendo en el subterfugio perfecto para que los programadores incluyan a determinados artistas que no tienen novedades.
Auspiciados por la reciente (-y necesaria-) proliferación de residencias artísticas para flamencos, y alimentados, valga el oxímoron, por un esnobismo cateto que encuentra aliciente únicamente en lo nuevo o diferente, los work in progress se han ido colando en las programaciones habituales de festivales y teatros como parte de la oferta jonda. De manera que, aunque se señale con letra más o menos visible su carácter de en construcción, se presenta en un escenario (con iluminación, escenografía, vestuario…) y delante de un público que paga su entrada.

La Leona / El Correo
La filosofía original del concepto, que nació formalmente a finales de los 60 y principios de los 70 en el ámbito del arte contemporáneo y conceptual de Nueva York y los centros artísticos europeos, se ha ido pervirtiendo así hasta el punto de que ya no se exhibe un boceto espontáneo sino un producto acabado con el que se comercializa y se gira.
Entiendo que los artistas residentes o las compañías que cuentan con la coproducción de los grandes teatros muestren parte del desarrollo de sus obras como un gesto de agradecimiento y, por qué no, como una toma de contacto, seguro que enriquecedora, que les permite salirse de sí mismos y tomar el pulso, experimentar, investigar o resolver las dudas que surgen en el camino de la creación. Por otro lado, acceder a este desconocido e inaccesible coto privado e íntimo resulta tremendamente interesante y atractivo para el espectador.

David Coria / Curro Medina
El problema es cuando la etiqueta pierde su carácter abierto y artesanal y lo que alberga son más bien performances o mini espectáculos en torno al proyecto inicial para que se pueda justificar la presencia de los esos grandes nombres de la escena jonda en la edición de turno. Una práctica que acarrea la homogeneización de los carteles y termina también por confundir a los asistentes, perdidos entre tantas funciones.
Me culpaba recientemente en la gala de entrega de los Premio LORCA de las Artes Escénicas de Andalucía por no haber visto el resultado de Los bailes robados de la compañía de David Coria, que recibía el premio al Mejor Espectáculo Flamenco, Mejor Intérprete masculino de danza flamenca y Mejor Coreografía. El motivo de mi prejuicio no fue otro que haber asistido previamente a un desacertado work in progress que presentó el sevillano en Itálica y que, según me comentaron después los compañeros, nada tuvo que ver con la versión última que lo ha situado como uno de los grandes de danza la flamenca del año.
El hecho de compartir en exceso este backstage creativo, fuera además del marco original de ensayo abierto para el que fue concebido, puede acabar jugando en contra del protagonista, tanto si genera expectativas muy positivas que luego no se sostienen, como si decepcionan y suscitan esa pérdida de interés de la que hablaba antes. Sobre todo, porque al abonar una localidad y sentarse en una butaca es inevitable formarse un criterio sobre lo que se exhibe y la experiencia puede colmar el ansia de asistir al estreno, entendiéndose erróneamente que será más de lo mismo.

La Materia / Alain Scherer
La dificultad de dar por concluida una pieza es inherente a la propia creación. Juan Ramón Jiménez recogió su propia obsesión en su famoso y breve poema ¡No la toques ya más, que así es la rosa! en el que expresa con absoluta contundencia su deseo de simplicidad y la necesidad de ponerle fin a esa eterna búsqueda de la pulcritud. Y Rocío Molina acaba de abordar magistralmente en su último espectáculo el inacabable Calentamiento que supone la creación.
Los que hemos tenido la oportunidad de formar parte de los procesos reales de creación sabemos que, en el momento en que un artista detecta que está siendo visto por alguien ajeno a la compañía, es incapaz de actuar como si estuviera a solas. Mucho menos si lo que va a interpretar se anuncia como un bolo. Por eso, me planteo si por el bien del propio arte y por respeto a la relación artista/público, no deberíamos recuperar la emoción, la magia y la sorpresa de escuchar/ver lo que propone un cantaor, guitarrista o bailaor de una vez. Cuando éste lo dé por concluido, con todas las consecuencias.
Igual es hora de romper con el misticismo que rodea estos procesos, plantarse frente a quienes reclaman a un autor que exponga “lo que sea que sea nuevo” y ceder ese espacio a artistas emergentes, jóvenes debutantes y otras propuestas más experimentales a las que nunca se les da lugar. También a todos esos otros proyectos que se consideran caducos al año de girar, a los que mueren en el debut y a los que, por motivos que desconocemos, no se programan jamás.
- Sueldazo de la ONCE: Resultado del sorteo de este sábado 13 de junio de 2026
- Dimite el interventor general de la Junta de Andalucía, que fue alto cargo de la SEPI en la etapa de Vicente Fernández
- Andalucía confirma las nuevas reglas de la selectividad de 2027: los cambios afectarán a los grados de Ciencias de la Salud, ingenierías o Arquitectura
- Guía para ir a los conciertos de Manuel Carrasco en Sevilla: accesos, líneas de TUSSAM y cómo aparcar en La Cartuja
- El primer 'no' de Vox al PP complica el gobierno en solitario de Juanma Moreno: 'Andalucía no va a ser una excepción
- Toros en Marbella: horario, cartel y dónde ver gratis por TV la corrida de Morante de la Puebla
- Matalascañas se pone a punto para el verano: balizamiento de la costa, cribado de la arena y el nuevo paseo marítimo en la recta final
- Qué canciones cantará Manuel Carrasco en Sevilla: posible repertorio para La Cartuja 2026
