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Opinión | Las cosas del votar

Ana Salazar

Ana Salazar

Presidenta de ACOP

Capítulo 26: Hemos elegido "líos"

Vídeo | Capítulo 26: Hemos elegido "líos"

Capítulo 26: Hemos elegido "líos" / Ana Salazar

Juanma Moreno Bonilla ha ganado las elecciones andaluzas. Ha subido en votos, ha vuelto a ser el líder indiscutible de la derecha andaluza y se ha quedado muy cerca de la mayoría absoluta. Pero no lo ha conseguido. Y en política, quedarse cerca y llegar no es exactamente lo mismo.

La participación ha subido con fuerza y ese aumento no ha beneficiado ni al PP ni al PSOE. Los populares ganan las elecciones, sí, pero pierden la hegemonía absoluta que daban por hecha. Y los socialistas protagonizan una de las paradojas más curiosas de la noche: suben en votos, bajan en escaños y se quedan por debajo de la barrera psicológica de los 30 diputados.

Pero más allá de quién gana y quién pierde, hay algo mucho más interesante: cómo la campaña condiciona la lectura del resultado.

Porque en unas elecciones hay partidos que ganan perdiendo y partidos que pierden ganando. Y eso suele depender menos de la aritmética y más del relato.

El mejor ejemplo de "perder ganando" es el PP. Gana claramente las elecciones, mejora sus resultados y vuelve a imponerse en Andalucía. Pero lo hace sin lograr aquello alrededor de lo que construyó toda su campaña: la estabilidad de una mayoría absoluta para gobernar en solitario.

La campaña del Partido Popular giró durante dos meses alrededor de una idea muy concreta: "Los líos o la estabilidad". Una yuxtaposición muy reconocible que recuerda inevitablemente al "comunismo o libertad" de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Es una técnica clásica de comunicación política: reducir una realidad compleja a dos únicas opciones posibles.

Eso tiene un nombre: falso dilema. Porque la política, como la vida, nunca funciona solo con dos caminos. Las sociedades son más complejas que un blanco o negro.

Con ese mensaje, el PP buscaba algo muy concreto: atraer al votante moderado de izquierdas que siente rechazo o miedo ante la posibilidad de que Vox condicionara un gobierno. De hecho, durante toda la campaña se ha repetido mucho una idea: "Para evitar que gobierne Vox, mejor votar al PP que quedarse en el PSOE". Es la lógica del voto útil.

Y aquí lo importante no era tanto el qué, sino el cómo. Porque cuando conviertes unas elecciones en una elección entre "estabilidad" o "líos", estás condicionando también la interpretación posterior de los resultados. Y ahora que Moreno Bonilla no ha logrado esa mayoría absoluta, la conclusión lógica dentro de ese propio marco sería bastante incómoda para el PP: si solo había dos opciones posibles, Andalucía habría elegido líos.

Pero claro, la premisa era falsa. Y la conclusión también.

Andalucía no ha elegido entre estabilidad o caos. Andalucía ha votado lo que ha querido votar. Y lo que deja esta noche es un Parlamento más complejo políticamente.

Y ahí aparece la gran ironía de la noche: después de una campaña construida alrededor de evitar "los líos", el PP tendrá que volver a entenderse con Vox, como ya hizo en 2018. Aunque parece que la formación ultra ha tocado techo y que no consigue el apoyo popular que ellos esperaban al inicio del ciclo electoral, lo cierto es que lo termina con una capacidad de influencia que no tenían hace 6 meses.

Porque esa es otra de las grandes lecciones de una noche electoral: no siempre gana más quien más escaños consigue. Y ahí aparece el ejemplo contrario: ganar perdiendo.

El ganador moral de estas elecciones es, con solo 8 escaños, Adelante Andalucía. Sobre el papel, un resultado modesto. Pero políticamente es quien sale más reforzado de toda la noche electoral.

Jose Ignacio García consigue grupo parlamentario propio, cuadruplica la representación de su espacio político y vuelve a colocar una izquierda andalucista y sin complejos en el centro de la conversación política andaluza.

Y lo ha hecho, además, con una campaña magnífica. Una campaña construida mucho antes de estos quince días oficiales.Y es que las campañas permanentes existen y se notan. Y porque, además, la han hecho prácticamente sin recursos, tirando de imaginación, creatividad y autenticidad.

Han conseguido algo que parecía muy difícil: generar ilusión, cosa harto complicada. Especialmente en una izquierda andaluza que llevaba demasiado tiempo sin conseguir entusiasmar a nadie.

Ahora empieza un capítulo distinto, pero con las mismas dosis de comunicación política que una campaña electoral: el de los pactos, las negociaciones y la formación de gobierno. La campaña donde lo único que importa es el relato.

Y veremos entonces cuánto duran los "líos", cómo serán y cuánto desgaste tienen realmente para quienes han construido toda una campaña alrededor de esa palabra.

Por mi parte, solo me queda darte las gracias por haber seguido esta columna durante estas semanas. Hemos hablado de carteles, debates, emociones, encuestas, marcos mentales, vídeos virales, logística electoral y estrategias de comunicación. Pero, sobre todo, hemos intentado entender cómo funciona una campaña por dentro.

Las elecciones terminan hoy. La política, en realidad, acaba de empezar, y aquí seguiremos para intentar entender todo lo que venga.

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