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Opinión | Tribuna

Pilar González

Pilar González

Miembro de la dirección de Adelante Andalucía

Sevilla

Del quejío a la alegría

José Ignacio García (c), acompañado por su equipo y Teresa Rodríguez (3d) en la asociación sociocultural “La yerbabuena”.

José Ignacio García (c), acompañado por su equipo y Teresa Rodríguez (3d) en la asociación sociocultural “La yerbabuena”. / Román Ríos / EFE

El viaje emocional y político de Adelante Andalucia entre el quejío y la alegría es, sin duda, un trayecto revolucionario, un camino contrario a la sumisión y al olvido.

Y un recorrido profundamente político.

La alegría es la emoción más valiosa, según Spinoza, porque nos conecta con los demás y nos mueve a actuar, a transformar la realidad. Mientras que el odio y el miedo nos aíslan y nos condenan a la pena, la alegría es lo contrario de la soledad.

El quejío, como el martinete en el flamenco, suele ser un grito individual, el lamento desgarrado de una persona sola ante su tragedia o su destino. La alegría es un palo festivo que necesita del compás colectivo, del jaleo, de las palmas, mueve los cuerpos al baile y dibuja sonrisas. Es comunidad.

El quejío nos sitúa en el lugar de la víctima, la conquista de la alegría, por el contrario, nos convierte en sujetos de nuestra propia liberación.

Pasar del quejío a la alegría es el viaje del sufrimiento individual a la organización colectiva. Es la transformación del dolor en belleza, un acto de resistencia radical y la demostración física de la energía vital suficiente para sobrevivir y construir algo nuevo.

Reclamar el derecho a la alegría es un acto revolucionario, no se trata de frivolidad ni diversión, sino del venero de la cultura andaluza: es la celebración de los oprimidos que se niegan a ser destruidos; es reivindicar la dignidad de celebrar la vida. Y es, además, una característica esencial del pueblo andaluz que, por honrar la vida por encima de todas las cosas, vive como ningún otro la ética de la alegría.

Adelante Andalucía ha recorrido su propia catarsis y no ha sido fácil. Ha sido capaz de superar cuantos obstáculos (no pocos en su corta historia) ha ido encontrando y le han ido poniendo en su camino y después de haber atravesado el dolor que, como la vida, encierra la política, ha sanado y vive un estado de renovada claridad.

Por eso ha llegado a las elecciones andaluzas de 17M y a su resultado.

La campaña de Adelante Andalucia ha tenido claves muy sencillas: en tiempos de individuos, se presenta una comunidad; un proyecto político cuyo centro de decisión radica en Andalucía y tiene como objetivo mejorar la vida del pueblo trabajador andaluz, por eso no admite retrocesos ni recortes de los derechos y los servicios públicos. Ha sido una campaña a escala humana en el lenguaje y en la mirada: las candidatas y candidatos han mirado a los ojos a las personas con las que se han cruzado en los actos o repartiendo propaganda, han hablado con naturalidad, viven como hablan, y han escuchado con atención a quienes tienen la misma piel.

La campaña sido un acierto extraordinario, pero se equivoca quien piense que el resultado de las elecciones ha sido únicamente consecuencia de la campaña. Una campaña sin anclaje en el trabajo cotidiano e invisible de muchas personas, desde el equipo del Parlamento de Andalucía hasta las y los simpatizantes que daban likes, habría sido una pasajera tormenta de verano. Y, como dijo su portavoz José Ignacio García, Adelante viene para quedarse, para estar además de ser. Una campaña sin la rabia insumisa y la alegría militante de quienes nunca se dieron por vencidas a pesar de las derrotas no habría dado resultados.

Ha sido la campaña más andalucista de los últimos años. Andalucismo es hacer justicia y hacer país, como nos enseñó José Aumente, por eso no es sólo diagnóstico es, sobre todo, remedio, tratamiento radical para los males de Andalucía. Y es, además, la herramienta más eficaz para erradicar a la derecha y al centralismo. El andalucismo es el contrapoder que más teme el centralismo patrio porque es el poder del pueblo andaluz cuando toma conciencia de ser la Humanidad que habita entre las coordenadas 38º43’ N y 36º00’ N, entre Ayamonte y Pulpí, deja de estar al sur de ninguna metrópoli y es capaz de romper lo que está atado y bien atado en la corte.

Y es también el contrapoder a la derecha porque un pueblo trabajador consciente de sí mismo es un pueblo sin amo. El mismo pueblo que gritó “viva la Pepa” frente a quienes gritaban “vivan las cadenas”, el mismo pueblo que gritó “Viva Andalucia libre” en una manifestación de trabajadores en Córdoba en 1919. Andalucismo fue semilla, ha sido resistencia y ahora es, sobre todo, futuro.

Adelante Andalucía es un proyecto político complejo: andalucista, anticapitalista, ecosocialista, feminista, republicano, no ha sido fácil hacer la síntesis y no renuncia a la diversidad, pero quiere ser una casa grande para la izquierda andaluza. Ha recorrido el trayecto que va del dolor a la esperanza, ahí reside esa fortaleza que se expresa con voz propia en forma de alegría. Se ha puesto en pie con el puño en alto y la mano abierta, está al comienzo de su camino y sólo tiene futuro. Bienaventurados los y las valientes porque encontrarán la alegría.

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