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Opinión | El lugarico

Sevilla

Técnicas de manipulación informativa (2)

Un grupo de periódicos expuestos a la venta.

Un grupo de periódicos expuestos a la venta. / Alejandro Garcia / EFE

Me ocupo hoy de otra modalidad de manipulación informativa, como continuación del artículo que aquí mismo publiqué la semana pasada.

No se trata esta vez de manipulaciones con fines políticos escamoteando al lector el leit motiv de la noticia en cuestión, sino de otra variedad igualmente perversa pero de carácter comercial y a mayor gloria de subir enteros en la audiencia.

El leed o entradilla le permitía conocer el asunto de manera telegráfica si bien esquemáticamente, y con elegancia le invitaba a saber más detalles en el desarrollo de la información.

Lo explico: las normas del Periodismo clásico, al menos del que hemos practicado en el siglo XX, requería resumir en el leed o entradilla todos los elementos de la noticia que se desarrollaba a continuación, de suerte que el lector quedase informado de un vistazo del contenido que anunciaban los titulares. Esta norma, profesionalmente impecable que siguen haciendo en parte algunos medios audiovisuales, es sumamente eficaz a la hora de trasladar al lector el hecho noticioso, lo cual requiere competencia y habilidad por parte del redactor, quien en el breve espacio de dos o tres líneas compendia un asunto en ocasiones largo y complejo.

Pues bien, el leed o entradilla ha desaparecido en la inmensa mayoría de los diarios y páginas web al objeto de obligar al lector a seguir leyendo hasta el final si es que quiere quedar informado del tema que se anuncia en titulares. Es un secuestro intencionado de la atención del lector que no tiene escapatoria. El leed le permitía conocer el asunto de manera telegráfica si bien esquemáticamente, y con elegancia le invitaba a saber más detalles en el desarrollo de la información.

En eso consiste el Periodismo: en comunicar con la mayor economía de palabras el leed de la noticia, técnica que la sabiduría del oficio ha copiado del lenguaje ordinario de la gente que nunca antepone las características, bandera, carga y destino del buque al hecho palpitante, urgente de que ha salido ardiendo.

Pero los cabeza de huevo de la tecnología on line comprendieron pronto que con un solo pinchazo la gente podía quedar informada, y el negocio consiste en que cada usuario único quede atrapado en la página web hasta el the end de la historia. El efecto queda contabilizado en el correspondiente audímetro, en un tramposo ejercicio de simulación de multitudes leyendo la noticia estirada como el chicle.

Tengo la impresión de que el abuso de esta técnica deformante de las informaciones está produciendo fatiga en los usuario de aquellos medios que la practican sin pudor, y de ahí que la eficacísima Consultora Barlovento Comunicación lleve tiempo registrando caídas más o menos significativas, pero contrarias a sus intereses, en esas cabeceras on line que maltratan a sus lectores con el castigo de tener que tragarse dos folios para saber quién era el asesino, como si se tratara de un novelón de Agatha Christie.

Es justo salvar en este comentario a los periódicos profesionalmente serios que incluso a riesgo de puntuar menos para Barlovento no han dejado de practicar las normas que aprendimos de los viejos maestros del Periodismo, que son tan sencillas y de sentido común como cuando llegamos a la tertulia del café y en pocas palabras damos cuenta a los compañeros de que el puerto hay un barco en llamas, sin víctimas, y cuya columna de humo es visible desde toda la ciudad. En eso consiste el Periodismo: en comunicar con la mayor economía de palabras el leed de la noticia, técnica que la sabiduría del oficio ha copiado del lenguaje ordinario de la gente que nunca antepone las características, bandera, carga y destino del buque al hecho palpitante, urgente de que ha salido ardiendo.

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