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Opinión | Las cosas del votar

Ana Salazar

Ana Salazar

Presidenta de ACOP

Sevilla

Los tiempos del poder

Vídeo | Capítulo 27. "Los tiempos del poder". Por Ana Salazar

Ana Salazar

Dentro de ocho días se constituirá el nuevo Parlamento andaluz. Y, sin embargo, PP y Vox siguen sin haberse sentado formalmente a negociar (que sepamos).

A primera vista resulta extraño. Al fin y al cabo, Juanma Moreno necesita dos votos para alcanzar la mayoría absoluta en la investidura. Lo lógico sería pensar que estaría intentando cerrar un acuerdo cuanto antes, especialmente después de una campaña en la que la mayoría absoluta era el gran objetivo.

Pero la política tiene una peculiaridad: las negociaciones empiezan mucho antes de que los negociadores se sienten alrededor de una mesa.

Y eso es precisamente lo que estamos viendo estos días.

Porque en cualquier negociación el tiempo también es una herramienta de poder. Quien tiene prisa transmite necesidad. Quien marca el calendario transmite poder.

Por eso Moreno Bonilla está actuando con tanta tranquilidad. No porque no necesite a Vox. Claro que lo necesita. Pero tampoco quiere que nadie tenga la sensación de que depende de Vox para seguir gobernando Andalucía.

La negociación no empieza cuando dos partidos se sientan a hablar. Empieza cuando consigues que todo el mundo perciba quién necesita más a quién.

Para entender la jugada conviene fijarse en algo que la mayoría de la gente no conoce. El próximo 11 de junio no se vota la investidura. Lo primero que ocurrirá será la constitución del Parlamento y la elección de la Mesa de la Cámara, el órgano encargado de dirigir el funcionamiento parlamentario durante toda la legislatura.

Y ahí aparecen unos incentivos muy interesantes.

La Presidencia del Parlamento parece bastante encarrilada para el Partido Popular. Donde empieza la verdadera negociación es en el reparto de las vicepresidencias y las secretarías.

La razón es sencilla. Con sus 53 diputados, el PP tiene capacidad para repartir estratégicamente sus votos y asegurarse una presencia muy relevante en la Mesa. Vox, en cambio, tiene más que perder. Si no existe algún tipo de entendimiento, corre el riesgo de quedarse fuera de la Mesa del Parlamento .

Dicho de otra manera: Moreno necesita a Vox para la investidura, pero Vox también necesita llegar a acuerdos si quiere transformar sus 15 escaños en influencia real dentro del Parlamento.

Y eso explica parte de la calma del presidente andaluz. No porque tenga asegurada la investidura. No la tiene. Pero sí porque sabe que el primer reloj institucional no corre únicamente contra él.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. Porque toda negociación tiene dos partes. Y Vox también está negociando.

De hecho, puede interpretar esta tranquilidad como una forma de dar por descontado su apoyo. Y cuando un actor político siente que se le está infravalorando, suele buscar la manera de aumentar su valor en la negociación.

No necesariamente bloqueando la investidura, aún estamos muy lejos de la posibilidad de ese momento, pero sí elevando el precio de su apoyo.

Pidiendo más presencia institucional. Más visibilidad. Más compromisos programáticos. Más capacidad para demostrar a sus votantes que sus diputados no están ahí simplemente para levantar la mano cuando se les llame.

Porque si Moreno está intentando convencer a la opinión pública de que su continuidad al frente de la Junta es algo prácticamente inevitable, Vox tiene incentivos para recordar que todavía faltan dos votos.

Ahí está la verdadera partida de estas semanas. No tanto si habrá acuerdo, sino en qué condiciones llegará.

Moreno intenta proyectar la imagen de un presidente que sigue controlando los tiempos y mantiene la iniciativa. Vox intenta recordar que sigue teniendo una llave importante en el bolsillo.

Y mientras ambos juegan esa partida, el calendario sigue avanzando hacia el 11 de junio, pero en política quien controla el calendario, controla mucho más que el tiempo.

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