Opinión
Un colega en la RAE

Álex Grijelmo / NACHO OREJAS / EFE
"Un lector no cree en un periodista que escriba con errores". La frase es de Alex Grijelmo, colega y amigo, al que acaban de elegir nuevo miembro de la Real Academia de la Lengua (RAE). Esa frase encierra su mundo.
Cuando el próximo otoño pronuncie su discurso de aceptación pasará a ocupar la letra 'o' minúscula. Esto de las letras tiene su aquel: hay tantos académicos como letras contiene el abecedario, pero un buen día -y para que cupieran más académicos- decidieron tener abecedario por partida doble: de mayúsculas y minúsculas. El valor es idéntico a todos los efectos, y es pura carambola del destino que te toque una letra de las grandes o de las chicas.
La llegada a la academia de un periodista no es nueva, a lo largo de la historia ha habido unos cuantos (en estos momentos me vienen a la memoria Cebrián, Pérez Reverte, Cercas…) pero que llegue alguien con la trayectoria periodística y una tan contumaz defensa del buen español en los medios de comunicación como lleva a cabo Alex Grijelmo, es una más que excelente noticia. Y lo es porque si hay algo que cada día escasea más en el periodismo hispano es el uso correcto del idioma.
Resulta lamentable ver las patadas que a diario le propinamos. Da igual que sea en prensa, radio, televisión y todos sus nuevos derivados. Bien por desconocimiento y falta de formación (vergüenza ajena debería darnos) bien por la escasa atención que se le presta, la ausencia de buenos referentes y la cada vez más mínima atención y cuidado que se le pone al cómo nos expresamos, lo cierto es que en los últimos años estamos asistiendo, para sorpresa de casi nadie, a un más que rápido proceso de deterioro del nivel redaccional, un bajón inmisericorde en la calidad lingüística, una falta de precisión en los términos, y un lamentable y penoso manejo de un cada vez más ralo vocabulario.
En los últimos años estamos asistiendo, para sorpresa de casi nadie, a un más que rápido proceso de deterioro del nivel redaccional, un bajón inmisericorde en la calidad lingüística, una falta de precisión en los términos, y un lamentable y penoso manejo de un cada vez más ralo vocabulario
El mundo digital que, amén de otras muchas cosas, nos ha traído una desaforada carrera por llegar primero al lector/oyente/televidente/usuario, aunque sea mal, está sentando serios referentes que, mucho me temo, han llegado para quedarse, a lo que habría que unir la espiral tan absurda como inane en la que andan los estudios de periodismo, empeñado en primar la tecnología sobre los conocimientos más básicos.
Alex Grijelmo, un burgalés austero apasionado del castellano, veló sus primeras armas periodísticas siendo un adolescente en La voz de Castilla. Pasó pronto a la agencia Europa Press sin terminar la carrera porque lo echaron, por razones políticas, de la Universidad de Navarra y acabó formando parte de la generación más brillante de periodistas que ha dado el diario El País.
Tuve el privilegio de coincidir con él primero en el grupo Prisa y posteriormente en la Agencia EFE, de la que fue presidente y en la que, entre otras cosas, promovió la creación del primer código ético de los periodistas de la agencia, y auspició la creación de la Fundación del Español Urgente (Fundeu), dedicada precisamente a velar por el buen uso del idioma. Grijelmo lleva más de tres décadas investigando, estudiando, denunciando -día sí, día no, y el de en medio- la penosa derrota de la lengua española en algunos sectores, muy especialmente en los medios de comunicación, y lo hace con conocimiento de causa y la pasión de los creyentes verdaderos.
Que uno de los nuestros ayude a fijar, limpiar y dar esplendor a esta lengua en la que nos comunicamos tantos, nos vendrá bien a todos. Enhorabuena, amigo, tarea tienes
Y para que sus palabras no se las lleve el viento, ha sabido recogerlas en títulos ya clásicos entre quienes se ocupan y preocupan de contar -bien- lo que acontece: El estilo del periodista, Defensa apasionada del idioma español, La seducción de las palabras, La punta de la lengua, El genio del idioma, La gramática descomplicada, La perversión del anonimato o Palabras de doble filo, entre otros, son solo una muestra de la lucha tenaz a favor del buen uso del español que lleva a cabo este colega, a quien la RAE ha reconocido como digno de estar entre sus pares y que, estoy segura, aportará mucho y bueno a tan vetusta institución. Que uno de los nuestros ayude a fijar, limpiar y dar esplendor a esta lengua en la que nos comunicamos tantos, nos vendrá bien a todos. Enhorabuena, amigo, tarea tienes.
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