Opinión | En la ciudad
Un oasis en el desierto

Maria Dolores en su vivero / Reyes Gallegos
Caminando a 40 grados junto a la muralla histórica de Sevilla por la avenida Resolana, dejando atrás el arco de la Macarena, pensaba cuánto se agradece que hace pocos años, en el tramo por el que voy, se sustituyera uno de los cuatros carriles de coches para ensanchar el carril bici y la acera, separándolos con alcorques corridos bajo la alineación de árboles. Este gesto se agradece no sólo porque bajo la sombra la temperatura desciende entre 5 y 15 grados, sino porque el dique de vegetación hace de barrera al ruido y al humo de los numerosos coches que circulan por aquí, además de mejorar la sensación de seguridad.
Cualquier avenida de cualquier ciudad debería contar con elementos de estas características. Sobre todo, si estamos en una ciudad tan calurosa como Sevilla, donde ni siquiera encontramos fuentes de agua potable para refrescarnos, y las plantas de los pies se queman, incluso con los zapatos puestos, por la alta temperatura que emiten los suelos de cemento y asfalto. Algunos ayuntamientos ya han comenzado a realizar acciones en este sentido. Hay casos interesantes de concursos públicos para despavimentar las plazas de hormigón. Y es que un suelo blando y permeable también consigue disminuir las temperaturas.
Pero sigamos caminando al borde de la muralla histórica de Sevilla. Un poco más adelante, a la altura de la Puerta de Córdoba, hay una puerta pequeña que pasa desapercibida si no te fijas en un genuino cartel blanco con letras color burdeos escritas a mano que pone Casa Batló. Vivero Su Jardín. Dentro se encuentra María Dolores, que regenta y prácticamente vive en este @viverosujardin desde hace 70 años; es decir, desde que era niña. El vivero colinda con la muralla y hace de pulmón entre ésta y la Resolana llena de coches. Se trata de un enorme jardín con suelo de albero, árboles de gran porte y calles de macetas cubiertas de cañizo.
Hay un espacio intermedio cubierto por una frondosa parra entre la pequeña tienda de ladrillo y el jardín. En este espacio es donde María Dolores se sienta cada mañana después de regar. Aquí vienen muchas vecinas a verla, porque ella es toda una institución en el barrio. A mí me gusta venir cada tanto, a verla y a comprar alguna maceta. A mis hijos también les gusta visitarla porque María tiene varios gatos que a los niños les encanta ver, sobre todo cuando se escabullen por encima de los "sombrajos", y porque con ella se aprende mucho de plantas y de otras historias.
Este vivero debería declararse patrimonio (material e inmaterial) de una ciudad donde en junio ya estamos a más de 40 grados
Pero en esta ocasión María Dolores, que tiene una fortaleza y salud admirable para su edad, tiene cara de poco descanso y preocupación. Me cuenta lo desprotegida que se siente porque desde hace un tiempo se saltan la muralla para robarle, además de estropear un monumento histórico. Me dice que denuncia y envía escritos, pero nadie hace nada, y que en ese plan sólo hay visos de que el vivero cierre y se convierta en otra cosa. Prefiero no imaginarme en qué, porque este vivero debería declararse patrimonio (material e inmaterial) de una ciudad donde en junio ya estamos a más de 40 grados.
Dejar la larga avenida asfaltada y entrar en este lugar verde lleno de oxígeno y sombra es como encontrar un oasis, un paraíso en el centro de la ciudad, además de ser uno de los pocos comercios arraigados que quedan en el barrio de la Macarena-San Julián, de hace casi tres cuartos de siglo. ¿En qué piensa el Ayuntamiento de Sevilla dejando morir una joya como ésta? En todo menos en las cosas que a una ciudadana, vecina, paisajista, madre, ecologista y arquitecta le puede preocupar.
Dejar la larga avenida asfaltada y entrar en este lugar verde lleno de oxígeno y sombra es como encontrar un oasis, un paraíso en el centro de la ciudad
Mientras la ciudad está ahora mismo levantada por obras sin intención de permear los suelos. Mientras los árboles talados no se están reponiendo. Y mientras se celebran cumbres por el cambio climático ineficaces y con una enorme huella ecológica, actos como los de María Dolores son de las pocas resistencias a las que podemos agarrarnos para imaginarnos un mejor futuro. Que su elección vital haga mucho más bien a la ciudad que cualquiera de las obras que ejecuta el ayuntamiento, debería ser motivo de sobra para que no sufriera ansiedad por ello y no fuese víctima del abandono de este Ayuntamiento.
Y mientras se celebran cumbres por el cambio climático ineficaces y con una enorme huella ecológica, actos como los de María Dolores son de las pocas resistencias a las que podemos agarrarnos para imaginarnos un mejor futuro
Probablemente, esto ocurra porque este lugar aparece en pocas o ninguna guía turística. Se trata de uno de los escasos lugares de enorme interés en Sevilla que se conserva al margen de los focos turísticos y de marketing. Y así debería seguir siendo. Un lugar que nunca se convirtiera en destino para los turistas, sino para los residentes. Pero que, por ello, no tenga que resistir de manera precaria, sin protección ni ayuda para su conservación y mantenimiento.
Esta vez, María Dolores se despide de mí diciéndome "y no la trasplantes ahora. Espera a la noche con la fresquita que te lo agradecerá".
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