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Opinión | EL LUGARICO

Panorama después del tsunami

El candidato a la investidura y líder de los populares andaluces, Juanma Moreno, y el líder de Vox en la comunidad, Manuel Gavira.

El candidato a la investidura y líder de los populares andaluces, Juanma Moreno, y el líder de Vox en la comunidad, Manuel Gavira. / Jose Manuel Vidal / EFE

Al otear el panorama después del tsunami que en pocos días ha devastado la política andaluza, llama la atención el nivel de desprotección y la balasera de tirios y troyanos, con gran profusión de fuego amigo, sin que las baterías de costa de San Telmo respondieran para aminorar los efectos de la carajera. Moreno Bonilla no merecía tanta desafección y mucho menos que sus más próximos agradaores no fueran capaces de echarle una mano comprendiendo que no tenía escapatoria y que después de la llamada de Génova hizo lo que todo buen hombre de partido. De ahí la cara que lució el día de la firma con Manuel Gavira.

Imposible calcular el número de votantes andaluces del Partido Popular que se han visto decepcionados con el Gobierno PP-Vox. Muchísimos, desde luego. La moderación, la prudencia y el estilo de consenso implantado por Juanma en las relaciones políticas de Andalucía habían ido haciendo simpatizantes que observaban la diferencia entre lo que ocurría en nuestra Comunidad y el griterío sin solución de continuidad de las sesiones del Congreso de los Diputados. Hasta el menos avisado de los observadores se quedaba con las formas y las buenas maneras que, salvo excepciones, regían en Las Cinco Llagas frente al estilo barriobajero predominante en la madrileña Carrera de San Jerónimo.

También somos multitud los andaluces que vemos con inquietud el desarrollo de la Legislatura en la que una izquierda desahuciada en medio mundo, sobre todo en Europa, pretenda hacerse ver desde el Parlamento de Andalucía con una jefa de la Oposición -la mujer más importante en España desde Isabel la Católica- que ha pasado en horas veinticuatro de la vicepresidencia primera del Gobierno a diputada rasa en esta Comunidad autónoma. Y conocido su talante agresivo y su verbo incontinente, cabe esperar los peores días de la Cámara andaluza desde su constitución hace cerca de medio siglo.

La mejor prueba de que Moreno Bonilla sigue en su línea política de actuación es el anuncio que hizo el jueves del nuevo Gobierno de la Junta, cuyo perfil general es, cómo no, la moderación y la gestión eficaz acreditadas en la anterior Legislatura. Y sobre las bases de un Ejecutivo renovado cabe esperar la continuidad de cuatro años de progreso en los que Andalucía siga avanzando en derechos y en igualdad con otras regiones de España. Afortunadamente, el tsunami que hemos vivido en la política andaluza por la sorprendente y deficientes explicaciones sobre el nuevo Gobierno de coalición parece que amaina y que San Telmo retoma el control de la situación. Pero queda como enseñanza para el futuro que los estados de opinión pública se deben ventilar con decisión desde los centros de poder afectados.

Como después de la tempestad viene la calma, debemos felicitarnos de la formación del Gobierno y del nombramiento de dos nuevos vicepresidentes, cuya gestión en la Legislatura terminada merece la calificación de sobresaliente cum laude. Son Antonio Sanz y Carolina España, de la que anda en lenguas que podría ser candidata a la Alcaldía de Málaga en las municipales del próximo año si el veterano y actual regidor Paco de la Torre decide, a sus 83 años, dar un paso a un lado después de un cuarto de siglo poniendo de dulce a ciudad malagueña.

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