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Opinión | El Lugarico

Sevilla

Gracias a la Selección Nacional

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales ante Francia.

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales ante Francia. / Diego Radamés - E.P.

Pase lo que pase esta noche en el Estadium MetLife de Nueva York (y todos los españoles sabemos lo que deseamos que pase), el papel de la Selección Nacional de España en la Copa del Mundo de Fútbol ha sido sumamente relevante, con algunos hitos singularmente brillantes como la victoria sobre Francia cuyo equipo pasaba por ser el favorito para llevarse el Campeonato. La historia del deporte ha señalado ya con piedra blanca la gesta de nuestra Selección en Dallas ante un conjunto francés que pese a contar con algunos de los mejores jugadores del mundo, capitaneados por Mbappé, sucumbió sin paliativos al prodigio y la eficacia diseñados por Luis de La Fuente sobre el terreno de juego.

No estoy descubriendo nada que no hayan visto los 13.506.000 espectadores (75,7% de cuota de pantalla, récord de los registros de TVE), aunque si constaté las emociones desbordadas por la sorpresa que representó el 1-2 cuando las apuestas cotizaban el 2-1.

Pero lo que también cabe subrayar sin ningún género de dudas es la apoteosis de los colores de la enseña nacional presentes en millones de banderas al viento y de camisetas rojas con el escudo de España en el pecho. No hay ninguna otra ocasión en nuestro país, ni siquiera en el día de la Fiesta Nacional ni en el de las Fuerzas Armadas, en que pueda visualizarse tal océano de banderas componiendo una inconsútil masa cromática e hilvanando la algarabía general de la gente en calles, plazas, bares, hogares y cualquier sitio imaginable que, con la notable excepción del domicilio bilbaíno de Aitor Esteban, presidente del PNV, se vivan con pasión y emoción los partidos que están en vías de coronar a la Selección Española como la mejor del mundo por segunda vez desde 2010.

Es por lo que hay que agradecer con un ¡Viva España! la labor de normalización de nuestra bandera constitucional (Artículo 4 de la Carta Magna) que es exhibida sin el menor complejo por gentes de toda condición y pensamiento, lo mismo que las camisetas que nos uniforman en el sentimiento colectivo de “la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles”. Es impagable el servicio que el fútbol presta a la idea patriótica que anida en el corazón de la inmensa mayoría de nuestras gentes y cómo deja esquinados en el rincón del olvido a quienes se empeñan en negar esta tangible realidad de la histórica gran nación en que todos convivimos.

Los fracasados intentos en España de consensuar una letra cantable para el Himno Nacional hace que miremos no sin cierta envidia a todas aquellas selecciones y sus millones de seguidores que al unísono entonan la canción que los hermana como hijos de una tierra común. En esto sí que nos ganó Francia al sonar la Marsellesa y corear todos los jugadores, equipo técnico y sus seguidores nacionales: “Allons enfant de la patrie…”

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