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Opinión | El Lugarico

Sevilla

Vox en la ciudad del Tenorio

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (d), junto al vicepresidente segundo y consejero de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración local, Manuel Gavira (i), en el Parlamento de Andalucía.

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno (d), junto al vicepresidente segundo y consejero de Turismo, Justicia, Desregulación y Administración local, Manuel Gavira (i), en el Parlamento de Andalucía. / María José López / Europa Press

El arte de la interpretación tiene en Sevilla consumados maestros. No en vano esta ciudad inspiró a José Zorrilla la ficción universalmente aplaudida de Don Juan Tenorio que seguramente creó escuela para que aún hoy se cuenten por docenas los fantasmones que deambulan por la ciudad en un ejercicio de apariencias “...y en todas partes dejé memoria amarga de mí”.

Los negociadores de Vox con el PP para la formación del Gobierno en Andalucía exigían la vicepresidencia de la Junta, pero como Juanma no estaba dispuesto a concederla, Manuel Gavira ha logrado sentarse a su derecha pese a que el nombramiento en el BOJA es para la vicepresidencia segunda. Es decir, Gavira ocupa en el protocolo el sitio que formal y legalmente corresponde al vicepresidente primero, Antonio Sanz.

He aquí la jugada teatral de Vox. No tiene la primera vicepresidencia pero lo aparenta. Conocedores de que en Andalucía hay una cultura visual -la gente lee poco y mucho menos el boletín oficial- los negociadores de Abascal saben que lo que cuenta aquí es la foto en la Prensa y las imágenes en TV. Logrando así su propósito de que Manuel Gavira pase por ser la segunda autoridad de la Junta mediante una ridícula alteración de las normas de protocolo que no se debió tolerar.

Prestándole al PP dos diputados para conformar la mayoría absoluta y proclamar a Moreno Bonilla presidente de la Comunidad Autónoma, los espabilados de Vox han conseguido lo que no lograron en las urnas: que su partido, por cierto algo estancado en Andalucía, sea percibido por los ciudadanos como una fuerza mucho más importante de lo que en realidad es. A muchos observadores políticos, entre los que me encuentro, no nos ha gustado esta trapacería más propia del teatro que de la administración pública.

Pero para que la función no quedase solamente en ese entremés, Manuel Gavira se ha instalado en el más suntuoso palacete de la avenida de la Palmera, la Casa Rosa, un aristocrático caserón del siglo XIX en cuyos jardines la marquesa de Angulo recibía a la hora de la merienda a la crema de sociedad sevillana rodeada de pavos reales y rosales en flor.

Se completaba así el libreto de una pieza teatral en cuya ingenua pero manipulada trama se pierde el espectador que al ver al presidente Moreno teniendo a su derecha al vicepresidente Gavira no se hace más preguntas, con lo que se consolida así en el imaginario de la opinión pública el éxito que Vox no llegó a alcanzar el 17 de mayo.

Las gentes de Abascal han entendido muy bien a la sociedad que tienen delante. De haber logrado el PP la mayoría absoluta en las elecciones Vox no estaría ni en las fotos ni en la Casa Rosa. Pero con solo dos diputados para completarla ha maniobrado con tanta astucia que al líder popular solo le quedaba el desaguisado de repetir las elecciones o dar por bueno este tinglado de la antigua farsa.

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