Opinión | En la ciudad
Otra ciudad

Fotos de Reyes Gallegos en Copenhague y Berlín.
“Estamos unos días en Viena. Me he acordado mucho de ti, Reyes. El urbanismo en toda la ciudad es maravilloso. Multitud de pistas, merenderos, zonas verdes en pleno centro, aguas, el propio ayuntamiento tiene un link con los juegos de niños de agua y parques infantiles por la ciudad, piscinas públicas gratis, hay para elegir las que quieras. Y el Festival de verano repartido por todos los barrios de la ciudad. Hoy hemos visitado un barrio de nueva construcción que es un pasada. Un experimento de vivienda colaborativa".
"Hola Reyes. París está increíble. Ayer estuve paseando por los canales y había un ambientazo. En un cartel anuncian las piscinas públicas del Sena con cinco zonas de baño: Grenelle, Bras-Marie, Bercy, La Villette y el Canal Saint-Martin. Qué pena de ciudad tenemos, qué poco abierta al público".
"Te escribo desde este enorme parque en Vondelpark, Ámsterdam. De 10:00 a 18:00h. está abierto el baño público y es gratuito. Ayer también fuimos a un sitio increíble, un parque alucinante para niños. Lo lleva una asociación y tiene subvenciones del ayuntamiento. Luego te mando otras fotos que hizo I. sobre la cantidad de plantas que hay en la ciudad, que de hecho me dijo, cuando volvamos a Sevilla a ver si podemos hablar con Reyes."
Desde la universidad soy una aficionada a visitar ciudades, caminar kilómetros y hacer fotos de mobiliario urbano, espacios o situaciones que no suelen darse en mi ciudad. Muchas de esas fotos que colecciono las uso en las clases con mis alumnxs, en algunas charlas o en reuniones con políticos si se da el caso.
Fotografío aparcamientos enormes y públicos para las bicicletas, pavimentos drenantes, fuentes de agua potable, pérgolas que dan sombra, alcorques gigantes, bancos corridos, juegos infantiles, luminarias a escala del peatón, parques urbanos que parecen bosques, etc. Pero las fotos que más me gustan son las de situaciones. Dos jóvenes sentadas en sus propias sillas y en la puerta de su casa en una calle céntrica de Berlín, una persona leyendo un libro en un banco público de un acerado ancho de cualquier calle; niños tirándose por un tobogán gigante; chavales jugando al baloncesto en canastas públicas, o haciendo skate, o bañándose en el río; una ciclista inflando la rueda o arreglando su bici en un puesto público y gratuito habilitado para ello; una bici circulando por un antiguo carril de coches cortado al tráfico motorizado por maceteros y pintura; una familia haciendo un picnic en un merendero público de un parque con mesas públicas; niños chapoteando en juegos de agua en cualquier paseo o bulevar; un mercadillo ambulante con todo tipo de verduras y lleno de vida en un parque urbano; un cine de verano en cualquier rincón de cualquier barrio; dos madres migrantes merendando con sus bebés bajo la sombra de un árbol enorme y rodeadas de setos y flores; alguien comprando un libro en un puesto móvil a la orilla del río; una pareja bailando en una plaza bajo guirnaldas de bombillas de colores; un espectáculo en un gran anfiteatro al aire libre; personas mayores jugando a la petanca o al ajedrez en un espacio público. Ninguna de estas situaciones son nimiedades. Son cuestiones extraordinarias que posibilitan una mejor vida para las personas. Son decisiones de alguien a quien verdaderamente le importa la gente que habita la ciudad.
Desde hace un tiempo noto una creciente demanda del derecho a la ciudad por parte de amigos y amigas que no son arquitectas. Algunas me escriben y me mandan fotos. Será porque soy muy pesada con el tema, pero también porque cada vez somos más conscientes de la pésima gestión pública en nuestras ciudades españolas. En concreto, en la mía, a pesar de la demanda ciudadana y del potencial social y cultural que tiene Sevilla.
A todas nos aburre cada vez más viajar y visitar las mismas plazas de hormigón, las mismas cadenas de cafeterías y la misma oferta cultural globalizada. Por eso os propongo para estas fechas, y en esta columna con la que me despido hasta septiembre, caminar esas otras ciudades y sus barrios. Reparar en esos detalles que no encontramos por aquí, y a ser posible, registrarlas, enviarlas, publicarlas, incluso, etiquetar a vuestro ayuntamiento. No se trata de seguir produciendo, que es lo que no hay que hacer en vacaciones. Sino de seguir reivindicando. Porque el ocio también es político. Y porque nos merecemos y tenemos derecho a otra ciudad.
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