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Opinión | El Lugarico

Sevilla

Sánchez no estaba previsto en la Constitución

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez. / Ricardo Rubio - E.P.

Crece el número de españoles que piensan que Pedro Sánchez no abandonará la Moncloa ni aun perdiendo las elecciones del próximo año. Ya perdió las de 2023 y retorció la investidura para contar con el apoyo de los sucesores del terrorismo y los separatistas catalanes, entre otros. Y es que los Padres de la Constitución no podían ni sospechar que andando el tiempo podría haber un caso en la Presidencia del Gobierno como el de Sánchez. Rozando la legalidad, concediendo a Cataluña y al País Vasco lo que pidan y a los otros socios minoritarios el chocolate del loro, va tirando estos cuatro años sin presupuestos, sin consenso en su mayoría parlamentaria, sin posibilidad de aprobar iniciativas legislativas y siendo abucheado en cuando asoma la gaita en cualquier calle de España. Lo nunca visto.

Como digo, las Cortes Constituyentes no pudieron prever un caso como el de Sánchez y de ahí que la Carta Magna no contenga ninguna caución que pudiera enmendar la situación ex novo en que se encuentra la política Española. O sea, solo puede disolver las Cortes y convocar elecciones quien quiere mantenerse en el poder por encima de todo, pese a haber perdido de facto la confianza parlamentaria y estar incumpliendo la ley de leyes, entre otros artículos el que le obliga -y con plazos determinados- a llevar al Congreso el proyecto de ley de Presupuestos. Los diputados constituyentes debieron consignar como causa de disolución del Parlamento la presente y reiterada imposibilidad del Gobierno (hasta cuatro veces) de aprobar esta norma fundamental de toda legislatura sin la que la Administración pública no funciona.

Sería complicado y tedioso enunciar siquiera los innumerables asuntos que rodean la inestabilidad del Gobierno, que incluso recurre a la ingenua tetra de intentar evitar que los periodistas conozcan el indulto a Laura Borrás, antigua presidenta del Parlamento catalán o parapetarse detrás de los incontables fuegos veraniegos para no tener que contestar a preguntas incómodas.

Es por lo que, como decía más arriba, el común de la opinión pública tiene la sensación de que Pedro Sánchez buscará alguna otra forma de marrullería para quedarse al frente del Gobierno al menos hasta conceder el indulto a su mujer (caso de ser condenada) y a su hermano así como a Zapatero y sus hijas en medio del griterío desde otras cárceles de Ábalos y compañeros mártires para que se les aplique la misma ley de gracia. Si ello ocurriese y Sánchez se mantuviera en la Moncloa estaríamos ante un Estado fallido, como vaticinan expertos constitucionalistas.

Porque Sánchez luce otra peculiaridad estudiada por la psiquiatría: su impasible ademán ante la adversidad política le lleva a no mover ni un músculo ni a ser presa de agitación mental ante la catarata de escándalos que cada día se escancian sobre una opinión pública que poco a poco tiene el riesgo de normalizar y asumir como imponderable que las cosas son así y que… todos los políticos son iguales.

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