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Opinión | Obituario

Sevilla

Carlostelmo

Carlos Telmo

Carlos Telmo / El Correo

Ocurre con algunas -pocas- personas que son más que una persona, más que un personaje, más que un mero ser humano -con todo lo mucho o lo muy poco que esto implique y signifique-, y trascienden en presente, mucho antes de que nos dejen. Porque han estado, están y seguirán estando.

Ocurre que los llamamos uniendo sus nombres y apellidos en una única palabra, indisoluble y unívoca, perteneciente solamente a esas personas que tanto han significado, significan y seguirán significando durante mucho tiempo. Esa profesora que te enseñó a amar los libros, ese amigo del instituto que te instruyó en el vuelo sin motor que es la vida, esa compañera del trabajo que te hizo sentir que no estabas en la oficina, sino en casa.

La última me ocurrió hace poco más de un año. Carlos, le dijimos Antonio y yo nos casamos y estamos buscando quien nos vista para la ocasión. ¿A quién si no íbamos a llamar? ¿Quién si no te iba a tomar las medidas exactas de tu percha, tu estilo y tu presupuesto? Acertó a la primera. Aunque yo a eso no lo llamaría acertar, un verbo que, sobre todo, implica suerte. Lo de Carlostelmo era profesionalidad, experiencia y mucha dedicación, que es lo mismo que decir cariño, pero aplicado al trabajo.

Me ocurrió que Ana O’Kean, la que nos vistió gracias a la recomendación desinteresada y profesional de Carlostelmo, se nos hizo amiga. Yo creo que él sabía que esto iba a terminar sucediendo. Sabía que Anaokean no es solo una persona espléndida, sino que, además, le pone tanto cariño al trabajo como Carlostelmo al suyo. Si Dios existiera, nos habría criado para que nosotros nos juntáramos.

Ocurre que una de las personas que tanto me quiso en su vida como yo en la suya, mi cuñada Isabel, la Tata, era fan de Carlostelmo, de cuando lo escuchaba tertuliar en las ondas de Canal Sur. Tanto que hablaba de él como uno más de la familia. Qué buenas migas hubieran hecho de haberse conocido. También las habrían cocinado de rechupete, estoy seguro, condimentadas con todo cariño del mundo.

Ocurre que, cuando alguien se va, dicen que lo primero que uno deja de recordar es su voz y, sin embargo, ni olvido ni olvidaré la voz de mi madre, la de la Tata, ni la cantarina y algo rijosa de Carlostelmo, porque sus voces han trascendido. Voces que sumaron a mi vida como pocas.

Y es que ocurre, quiero pensar que muchas veces, que hay vidas que merecen ser vividas, y también que hay otras que serán siempre revividas por los que nos quedamos aquí, recordándolas con cariño. La de Carlostelmo lo ha sido, lo es y lo será.

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