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Opinión | El lugarico

Un cantamañanas

El rey Felipe VI junto al ministro de Transportes, Óscar Puente

El rey Felipe VI junto al ministro de Transportes, Óscar Puente / Diego Radamés / Europa Press

Cada vez que Pedro Sánchez tiene un nuevo problema, ya sea de índole política o familiar, el ministro Óscar Puente improvisa su disparate del día tratando de sofocar ante la opinión pública los efectos corrosivos que sobre el Gobierno van teniendo los innumerables casos de corrupción o de gestión desafortunada de acontecimientos sobrevenidos como ha sido el caso de la invasión de Ceuta.

No falla: este ministro cantamañanas, de guardia permanente para opinar sin que nadie se lo pida, reacciona como un resorte cuando alguna noticia bordea La Moncloa y demás asuntos non sanctos que pululan en las redes sociales. El último ha tenido características de palabras mayores por el saludo que Javier Negre hizo al Rey Felipe VI en Cali hace unos días.

Al elevar el tono y el objetivo de su imprecación Puente consigue por un rato poner sordina a cuestiones de mayor calado público y hace que los medios de obediencia gubernamental entretengan sus tertulias con los chascarrillos del ministro de Transportes, que debería emplear su tiempo en la agenda propia de sus funciones, entre otras explicar a los sevillanos cuando se terminará la obra del Puente del V Centenario.

Esta burda estrategia para desviar la atención hacia temas que no inquieten a Sánchez, verbalizada además con descaro y mala educación, parece que cada vez tiene menos efectos de los pretendidos

Esta burda estrategia para desviar la atención hacia temas que no inquieten a Sánchez, verbalizada además con descaro y mala educación, parece que cada vez tiene menos efectos de los pretendidos, bien por el hartazgo de la gente o porque seguramente la fórmula explotada de forma tan cotidiana no consigue penetrar en una opinión pública que niega toda credibilidad al cantamañanas del Gobierno.

Sucede sin embargo que en esta última ocasión Puente ha llegado demasiado lejos y el Presidente ha debido llamarle la atención por esas alusiones falaces, lanzadas a los cuatro vientos sin conocer las circunstancias del momento, la más importante si el Rey sabía quien era el que venía a pedirle una foto. Lo verdaderamente sorprendente es que semejante personaje estuviese invitado al acto de proclamación del nuevo presidente de Colombia.

El Presidente ha debido llamarle la atención por esas alusiones falaces, lanzadas a los cuatro vientos sin conocer las circunstancias del momento, la más importante si el Rey sabía quien era el que venía a pedirle una foto

La pérdida de las formas en las relaciones políticas son ya una lacra de los partidos que no aciertan a retomar el clima de respeto que en otros momentos estaba presente en la vida nacional. El diputado Rufián tiene también mucha responsabilidad en el deterioro parlamentario que padecemos. Claro, me dirán, quién conocería al portavoz de ERC si no fuera por sus denuestos desde la tribuna de las Cortes.

Unas y otras formas teatrales de concebir la acción política es fruto de la situación que vive España con una legislatura agonizante en la que Sánchez no puede aprobar ninguna iniciativa, un Gobierno desarbolado y problemas de gran calado en las ciudades españolas de Ceuta y Melilla.

Perded toda esperanza de elecciones anticipadas, dice el Presidente cada vez que tiene la oportunidad de expresar su auténtico pensamiento: de aquí no me echáis ni con agua caliente.

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