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El Gran Poder cierra una previa a la altura de una Magna

El Señor de Sevilla es el último en llegar a la Catedral en una jornada que también quedará para la historia de las cofradías sevillanas

El Gran Poder cierra una previa a la altura de una Magna

Victoria Flores / Rocío Soler Coll

Victoria Flores

Victoria Flores

Sevilla

A las 7:30 de la mañana los alrededores del Corte Inglés de la Magdalena van a reventar. No hay manera de entrar en Rioja, el Señor del Gran Poder está a punto de llegar a la plaza. En cuanto el canasto del paso asoma, comienzan los chisteos y en los últimos minutos de la noche solo se escucha un leve murmullo de la bulla.

Hay chavales en sudadera, señoras con cuellos de pelo, niños con bufanda y bebes enfundados en sus carritos. Todos están aquí para verlo a él y miran hacia José de Velilla para no perderse nada. “Ya viene ahí” y se hace el silencio.

Con su túnica Persa, que se ve por primera vez en imágenes a color, su corona de espinas y sus potencias sobre un monte de flores rojas. Con el brazo derecho algo caído, se le ha debido de aflojar una tuerca, con las levantás a pulso y un abultado grupo de los prohibidos cangrejeros, la imagen que talló Juan de Mesa camina entre sus devotos.

Los acólitos esquivan a los cangrejeros

Las primeras horas de este día de la Inmaculada Concepción, "el día más importante de Sevilla en mucho tiempo", según decía una turista Latinoamericana en TikTok, pillan al Señor de la ciudad entrando en la Plaza Nueva, donde le recibe una muchedumbre y el sonido de los pájaros que recién amanecen. Las cabezas de los monaguillos aparecen entre los cangrejeros en busca de los incensarios y los acólitos, todos hombres, se pisan los pies mientras el pertiguero les marca los tiempos.

En el Ayuntamiento le espera el alcalde, José Luis Sanz, y gran parte del equipo municipal, es el momento más tranquilo del recorrido, su camino está vallado y la seguridad expulsa a los cangrejeros, otra especie de carrera oficial en la que el popular hace entrega de un ramo de rosas rojas. No solo los populares lo esperan, los miembros de otros grupos políticos también están allí y a alguno se le escapan las lágrimas a sus plantas.

Hace casi 16 horas que salieron la Esperanza de Triana y el Cachorro ante y eran muchos los que habían esperado desde entonces hasta la noche para ver a la Macarena y verle a él. Las cuatro grandes devociones de Sevilla, una tras otra, sin descansar. De camino a su encuentro, uno podía ver con decenas de personas de vuelta, pero en ningún momento ha estado solo. Son muchos los rostros que han ido en su búsqueda una y otra vez a lo largo del recorrido, incapaces de volver a casa sin mirarle una vez más.

Menos público que el que habrá en la tarde

La bulla se mueve y deja que la gente no permanezca quieta, deja entrar y salir y las sillitas aquí no existen. Todavía se puede andar y, aunque el público es numeroso, aún no alcanza las previsiones que el Ayuntamiento barajaba en los días previos para la tarde de este domingo, donde espera que se triplique el público habitual de un Domingo de Ramos.

El Gran Poder es el último en la calle antes de que empiece la jornada grande de la Archidiócesis y los escalones de la Puerta del Perdón, cuyos alrededores están decorados con mantones de manila y banderolas colocadas por los hermanos de Valme, parecen la grada de un partido de fútbol cuando el equipo chuta un penalti, todos levantan sus cuellos para verlo mejor, para verlo más. En las manos hay cafés y algún que otro licor, en la Madrugá siempre hace frío y en 2024 la Madrugá se ha celebrado en diciembre y la ha cerrado el Gran Poder a la luz del día.

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