LA MAGNA
Sevilla estalla ante sus grandes devociones en la Magna
Mucho público en todo el centro de Sevilla, las devociones de los pueblos, presentes desde primera hora, desbordan la emoción, las Esperanzas reinan y el Gran Poder y el Cachorro ponen la sobriedad ante una procesión presidida por la Virgen de los Reyes

Centenares de fieles contemplan a la Virgen de Los Reyes a su paso por el Paseo de Colón. / Raúl Caro / EFE

Desde primera hora de la mañana los autobuses y coches llegaban a Sevilla para encontrarse con un día histórico, todos iban en la misma dirección: el centro de Sevilla. Nervios, abrigos y sillitas plegables, esas ha sido el paquete completo de muchos de los asistentes que han llenado hoy la capital andaluza para presenciar uno de los días más importantes en la historia de las cofradías. Las devociones más importantes de la cuna de la piedad popular procesionan juntas y nadie se lo quiere perder.
Las caras de sueño abundan. Son muchos los que se han quedado toda la noche despiertos después de ver a la Esperanza de Triana y al Cachorro para ver a la Macarena y al Gran Poder, que no se ha recogido hasta las 8:45, y las ojeras recuerdan a las de un Viernes Santo tras una Madrugá en la calle. En la carrera oficial no hay la solemnidad de la Semana Santa, donde todos guardan silencio al paso de las imágenes y se levantan a su paso, aquí hay público y emoción, mucha.
Devotos de toda España
Este domingo en Sevilla hay gente, mucha. Los más escépticos dudaban de las estimaciones del Ayuntamiento, desde donde calculaban que se concentrarían en la ciudad una cantidad de personas tres veces superior a la de un Domingo de Ramos. Moverse por la ciudad resulta muy complicado. Por la calle se escuchan acentos de Cordoba, Granada o Cádiz, pero también de Despeñaperros para arriba.
En los puntos clave para ver la procesión la multitud es inmensa y la Plaza del Triunfo calla cuando se oyen los primeros aplausos que anuncian la salida de la Virgen de los Reyes. Replican las campañas cuyo eco resuena en el Alcázar y el público estalla en un aplauso a su paso. La patrona de la provincia se convierte en un descubrimiento para muchos que cada 15 de agosto están fuera de Sevilla por vacaciones.
El espíritu cambia por completo con la llegada del cortejo del Gran Poder, los rostros serios se hacen con la calle. Nadie habla y solo se escuchan las campanas.
La devoción de Setefilla
Sin duda, el momento más emocionante llega con el paso de la Virgen de Setefilla. Los vivas y cantes se oyen desde la plaza de la Virgen de los Reyes y los portadores de Lora se ponen cada vez más nerviosos. "Ya está en Sevilla". Así comienzan los cantes también en la plaza, donde se repiten también los vivas. "Estoy más nervioso que robando un toro". Cuando la Virgen se acerca comienzan los temblores y las lágrimas. "Es que por eso estamos aquí, por nuestras tradiciones". Y entran en el pasillo de cirios es su momento.
Los aplausos que parecían tímidos al paso de la patrona de la Archidiócesis se multiplican con las imágenes de los pueblos, que levantan las pasiones de propios ajenos, y permanecen con la llegada del Cachorro y las Esperanzas. La conocida como golden hour u hora de oro se cuela en el palio de la Virgen de Valme, completamente al descubierto. La Virgen sigue el camino de su hermana mayor, que es incapaz de esconder su orgullo.
Con la Virgen de Consolación empiezan los parones. La patrona de Utrera llega con 10 minutos de retraso. Es a su paso cuando se encienden unos desagradables focos blancos que impiden mirar directamente las reviras de las imágenes. Las manos se levantan como si fuera primera hora de la mañana para poder ver la cara de la Virgen.
El incienso inunda todo
El cortejo se ralentiza, con chicotás mucho más cortas, antes de la llegada del Cachorro. El incienso de la corporación lo inunda todo y crea un velo sobre el cristo. Suena Nuestra Señora del Patrocinio, marcha dedicada a su Virgen y parece que está hecha para que suene tras él una tarde de Viernes Santo. El crucificado se mueve a ritmo de palio y enfila la carrera oficial. En los balcones algunos parece que lo pueden tocar.

Rocío Soler Coll
"Viva la Esperanza de Triana". En esta ocasión no hay cangrejeros y el paso de mueve sin la masa, pero el palio aprieta y los cirios se mezclan con los acólitos. El público traerá las notas de Esperanza Marinera y se mece de lado a lado. Los aplausos y los vivas son constantes. “¡Guapa!”. No caben más flores en el paso, que lleva enredaderas de jazmines que caen de las jarras hasta la canasta. Y los costaleros dan pasos atrás para que el público termine de estallar cuando busca Santo Tomás.
El broche de oro de la jornada lo pone ella, la Macarena, la Rosa de Oro. “Ahí se ve ya, ya viene”. Los fieles guardan silencio al verla, pero hay quien no puede contenerse y los gritos le salen de dentro. “Lleváis a la madre De Dios”. “¡Al cielo!”. La Virgen de Sevilla cierra un cortejo para el recuerdo entre los vivas de una plaza masificada, que es incapaz de contener sus emociones.
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