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Cuaresma

Diccionario cofrade: Incienso

Todas las palabras para entender la Semana Santa de Sevilla están en esta esta guía cofrade de 'El Correo de Andalucía'

Incienso

El Correo

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Si hay un aroma inconfundible de la Semana Santa, ese es el que se produce con la quema de incienso. Este olor –que puede cambiar según la hermandad– procede de una preparación de resinas aromáticas vegetales, a las que a menudo se añaden aceites esenciales de origen animal o vegetal, de forma que al arder desprenda un humo fragante con fines religiosos, terapéuticos o estéticos. También es la nube de humo que precede a los pasos y los perfuma.

Si nos remitimos a la alusión religiosa, es imprescindible hablar de que fue el rey Gaspar el que regaló al Niño Jesús incienso. Suponía reconocer a este niño como hijo de Dios, pues ya desde antiguo a las divinidades se les rendía culto en los altares quemando incienso en todas las culturas.

Aunque la base es común, cada hermandad suele utilizar un incienso propio, con matices de vainilla, canela, clavos u otras esencias y especias que lo hacen característicos y permiten identificar la procesión.

En las procesiones, los acólitos, que por encargarse de esta tarea se les conoce como turiferarios, llevan el incienso en las navetas o acerras y lo queman en los incensarios o turíbulos, unos recipientes metálicos con tapas perforadas y unas cadenas que permiten mover el incensario de forma oscilante y esparcir el humo, ya sea ante los pasos o durante las celebraciones litúrgicas solemnes, en las que, además, de perfumar la mesa del altar, el celebrante se dirige a los fieles y, con tres golpes del incensario, los purifica a todos.

Aunque no se conservan incensarios anteriores al siglo XII, hay constancia de su uso en la antigüedad judaica y aún en la egipcia y grecorromana. La Iglesia los adoptó desde los primeros siglos, según consta por documentos históricos y por las representaciones figuradas en frescos y miniaturas de códices de la Alta Edad Media. Los primeros incensarios debieron tener la forma de urna con tapa perforada y de las aludidas pinturas se infiere que ya desde el siglo X tomaron forma de globo y debieron manejarse con tres o cuatro cadenillas. Desde la Antigüedad se considera en muchas culturas de un modo religioso al incienso como un purificador.

El incensario más conocido es el enorme y oscilante Botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela.

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