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La Recogía

Del Cerro a Triana: el capataz que dedicó una vida a guiar cuatro cofradías de Sevilla

Francisco Reguera esperaba este Martes Santo al Cristo del Desamparo y Abandono, el mismo que guió como capataz durante más de 30 años

Cristo del Desamparo y Abandono en la Avenida Enramadilla

Cristo del Desamparo y Abandono en la Avenida Enramadilla / El Correo

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Francisco Reguera lleva 46 años al frente de cuatro hermandades de Sevilla. Cuando rondaba la treintena le surgió la oportunidad de convertirse en el capataz del paso del Beso de Judas de la Hermandad de la Redención. Ese fue solo el principio de una larga historia marcada por levantás y revirás. 

Tras la Redención llegó el Cristo del Desamparo y Abandono de la Hermandad del Cerro del Águila, el Cristo del Buen Fin, de la hermandad homónima y la Virgen del Patrocinio de la Hermandad del Cachorro. 

Este Martes Santo Reguera ostenta el título de emérito, pero la saga continúa: su hijo ha heredado su puesto como capataz titular de dichas hermandades. “Es una satisfacción enorme que mi hijo haya querido heredar esta devoción por mandar cofradías. Quién sabe, quizás uno de mis dos nietos algún día también quiera”, dice este vecino de Triana, que hoy espera junto a toda su familia en mitad de la calle Enramadilla a la espera de que su hijo llegue junto al Cristo del Desamparo y Abandono. 

Aunque Reguera no sea del Cerro, es hijo adoptivo del barrio. Su mujer nació entre las calles que cruzan con Afán de Ribera y él ha sido los ojos del paso con el que hoy se emociona su nieto. Luis, que es uno de sus dos nietos varones viene todos los años expresamente desde Valencia para acompañar a su abuelo durante los días grandes de Sevilla.

El enclave no es de postal, una avenida tan ancha como Enramadilla, envuelta de altos pisos, pero a Reguera no le importa porque “el Cristo no tiende de paisajes bonitos”. 

Cristo del Desamparo y Abandono en la Enramadilla

Cristo del Desamparo y Abandono de la Hermandad del Cerro en la Enramadilla / Rocío Soler Coll

Un barrio que acompaña a su hermandad

“Para mí, la gran peculiaridad del Cerro es que el barrio nunca abandona a su cofradía. Si te fijas, casi todos los nazarenos van acompañados por gente del barrio”, subraya emocionado. 

Este hecho tiene especial mérito porque la cofradía afronta un doble desafío cada Semana Santa: es la corporación que realiza la estación de penitencia más larga, unas 14 horas en la calle. “Son muchas horas, hay que estar muy pendiente de los costaleros, que son quienes cogen los kilos, como yo digo”.

Aunque este sevillano ya no se ponga delante del paso para guiar a sus costaleros, asegura que siento “lo mismo” que cuando sí lo hacía. “¿Qué te voy a decir? Ser capataz es algo absolutamente devocional”, sentencia.

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