Tradiciones
Sevilla renueva su promesa de amor a la Virgen de los Reyes en una procesión llena de esplendor
Desde su salida de la Catedral a las ocho de la mañana, la Patrona de Sevilla y su Archidiócesis estuvo acompañada por numerosos devotos que no quisieron perderse su tránsito del 15 de agosto

Procesión Virgen de los Reyes 2025 / Jorge Jiménez

“¡La Virgen de los Reyes! Ese es el compendio de la piedad cristiana y de las glorias cívicas de Sevilla”. Así se refería el catedrático Francisco Mateos Gago a la Patrona de nuestra ciudad y de la Archidiócesis en uno de sus opúsculos del siglo XIX. Y no le faltaba razón, pues cuando la imagen que venerara San Fernando divisó con sus ojos almendrados la calle que lleva el nombre del erudito, el aroma a nardos y el suspiro de los fieles parecieron sellar un diálogo entre siglos.
La mejor noticia de la procesión de este 15 de agosto es que no hubo noticia. Más allá de su salida desde el trascoro de la Seo, donde se están desarrollando los cultos estivales, no hubo contratiempos que alteraran la cita más madrugadora del calendario mariano sevillano. Si acaso el calor de los días previos, que no restó un ápice de fervor a una Catedral convertida en hervidero de emociones durante la novena. Por la mañana, presidida por el canónigo don Antero Pascual Rodríguez; por la tarde, con la presencia del arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses, que compartió oración con los fieles y preparó el ambiente para la jornada grande.
Este 2025, Nuestra Señora de los Reyes ha lucido de forma especial. Al nuevo palio de tumbilla, estrenado en la procesión Magna del pasado diciembre, se sumaba la restauración de su manto más antiguo, una pieza de terciopelo verde donada por la reina Isabel II que atrajo miradas y comentarios desde los primeros minutos. Aunque ni el nuevo palio, ni el manto restaurado, ni siquiera las flores colocadas con mimo por José y José Manuel Ramos Ramitos restaron protagonismo al rostro de la Patrona, que lleva ocho siglos viendo cómo Sevilla cambia a sus pies.
Salve Regina
Decía el inolvidable Francisco Morales Padrón que “Sevilla se mueve entre Vírgenes y Reyes”, con especial predilección por una talla y un monarca que entraron juntos en la ciudad un otoño del siglo XIII. Este año, sin embargo, la agenda de los cultos tendrá una novedad. El próximo 22 de agosto, al concluir la octava, no se celebrará el tradicional acto de apertura de la urna con el cuerpo de San Fernando. Las obras en la Capilla Real lo impiden, y en su lugar se expondrá una reliquia del Santo.
Y es que resulta imposible desligar la procesión de la Virgen de los Reyes del monarca nacido en Peleas de Arriba. Un rey que transmitió su devoción a su hijo, Alfonso X el Sabio, quien también descansa en la Capilla Real junto a su padre y bajo la mirada de la Patrona. A Ella se dirigió la Salve Regina, como paso previo a su salida a la Plaza que lleva su nombre. Por Ella repicaron las veinticinco campanas de la Giralda, al ritmo más rápido que permite su badajo. Y bajo Ella rezaron los veinte costaleros que, comandados por la familia Bejarano, fueron sus pies por las calles hispalenses.
“Fervorosa muchedumbre”
Niños carráncanos, sonrisas, incienso, y los cirios portados por los fieles —la cruz que abría el cortejo traspasó la reja catedralicia a las 7.40 horas, mientras que el paso lo hizo a las 8.03 horas— anunciaban la llegada de la Señora a la calle Cardenal Amigo. A su paso, un nutrido y diverso gentío llegado de todos los rincones de la provincia, aportaba la nota de color imprescindible para completar el rito. “Fervorosa muchedumbre”, la llamó el presbítero Federico González Suárez en su Carta sobre Roma y España.
Unos metros más adelante, y mientras los costaleros apuraban unos sorbos de agua antes de la primera “posa” o giro completo, el mismísimo Hernando Colón parecía inclinar la cabeza ante el estandarte celeste, con la Biblioteca Colombina como testigo silencioso. Pocas tallas despiertan tanto fervor y han inspirado tantas réplicas: de Madrid a Las Palmas de Gran Canaria, pasando por La Rioja Alavesa, Huelva o Barcelona, como documenta Antonio Sánchez Carrasco en Vírgenes desconocidas de Sevilla (Almuzara, 2023).
Tampoco escaparon al asombro los turistas que, contagiados por la emoción local, deambulaban por la calle Alemanes en busca de los primeros cafés. No es mal día para los comerciantes de la zona, cuyas cuentas se engordan en las grandes festividades, tal como hacían sus antepasados. De estos ya no queda rastro en las gradas pintadas por Herrera el Viejo y glosadas por Miguel de Cervantes; su eco se percibe mejor en la antigua Casa Lonja, desde donde muchos espectadores siguieron el paso del cortejo.
Joyas suntuarias, afectivas y musicales
Por la Punta del Diamante, la Virgen brilló con luz propia pasadas las 8.30 de la mañana. Un cielo inmaculado y los gallardetes diseñados por José Manuel Peña en 2024 le sirvieron de marco. Al excelente trabajo de las Hermanas de la Cruz —quienes, junto a las camareras auxiliares, la ataviaron con donaire durante la madrugada del jueves— hay que sumar la belleza de sus joyas, sobresaliendo la corona realizada en 1904 porPedro Vives y Manuel de la Torre y el pecherín de brillantes. Este último fue reestructurado el pasado año por Javier Sánchez de los Reyes, basándose en una idea original de las vestidoras y de María Dolores Gálvez (Lolina), antigua camarera.
Un año más, la Escolanía Virgen de los Reyes, la Unidad de Música del Cuartel General de la Fuerza Terrestre y la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla fueron las encargadas de poner la banda sonora. La formación dirigida por Francisco Javier Gutiérrez Juan, que la noche anterior había brindado un excelente concierto junto a la Asociación Prodefensa de la Copla Andaluza, interpretó piezas como Virgen de los Reyes Coronada, de José Albero; Glorias de Sevilla, de Manuel Marvizón; o Pescador de Hombres, de Cesáreo Gabaráin. También sonó San Fernando Marcha Triunfal, pieza compuesta por Manuel Font de Anta, que cumplía 95 años.
Cuando los vencejos cruzaban la Plaza del Triunfo en busca de alimento y los abanicos agitaban el aire con más empeño —el termómetro rondaba los 30 grados en el cénit de la procesión de Tercia—, la imagen mariana cubrió los últimos metros de su recorrido con porte de soberana. Además del bastón de mando situado en la delantera del paso, sobre el llamador del león y el castillo de plata y los bordados de Olmo, la Patrona lució la medalla y las llaves de oro de la ciudad, así como el fajín de teniente general del infante don Carlos.
Figuras como San Francisco de Sales (en su Tratado del Amor de Dios) o San Alfonso María de Ligorio (en Las Glorias de María) afirmaron que la Madre de Jesús no murió por debilidad corporal, sino por puro amor, por la intensidad de su deseo de unirse con su Hijo en el Cielo. Quizás por eso, la Virgen de los Reyes quiso finalizar su procesión, al filo de las 9.30 horas, observando el azul sobre la plaza que lleva su nombre. No hay mejor lugar que Sevilla para celebrar la Asunción.
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