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Cofradías

Un otoño cofrade extraordinario encuentra su cenit con Jesús de las Penas

El otoño extraordinario cofrade se despide con una procesión antológica en la que la Hermandad de las Penas recordó parte de su historia

Vídeo | Jesús de las Penas protagoniza la última salida extraordinaria del año en Sevilla

Pablo García Torrejón

Pablo García Torrejón

Pablo García Torrejón

Sevilla

El olor de las castañas mezclado con el del incienso de diferentes puestos invadía la zona de la Alfalfa en esta fría tarde de noviembre. Los últimos rayos de sol doraban las terrazas que daban a la desconocida iglesia del Buen Suceso. Allí los padres carmelitas aguardaban en su interior con el paso de Jesús de las Penas listo para culminar los actos del 150 aniversario de su corporación.

El público se agolpaba en el lado derecho de la imagen, donde el Cristo iba a dar la cara. Una estampa habitual cada noche del Lunes Santo ya que es la única forma de contemplar el rostro del Señor. A las cinco de la tarde se abrieron las puertas del templo carmelita saliendo el cortejo de una forma presurosa buscando el entorno de la plaza del Cristo de Burgos. Tres tramos portando cera blanca antecedieron al paso que iba acompañado extraordinariamente a sones de la Banda del Maestro Tejera.

A las cinco de la tarde se abrieron las puertas del templo carmelita saliendo el cortejo de una forma presurosa buscando el entorno de la plaza del Cristo de Burgos

El órgano del templo carmelita sirvió para acompañar a la imagen del Nazareno en su compleja salida a la plaza del Buen Suceso. Una vez en la calle y como cada Lunes Santo sonó el himno de esta corporación, Jesús de las Penas del maestro Pantión para recorrer los primeros metros de procesión. En la plaza del Cristo de Burgos también se vivieron momentos de gran belleza pasando antes de llegar a la Alfalfa por la residencia de ancianos de la calle Sales y Ferré. Allí algunos mayores recibieron al Señor con lágrimas de emoción en los ojos.

La noche le fue ganando terreno poco al poco al día mientras el cortejo se adentraba en la Costanilla. Allí esperaban las hermandades de la parroquia de San Isidoro, templo en el que la hermandad residió a comienzos de siglo por las obras en su templo. Especialmente memorable fue el descenso del paso por la Cuesta del Rosario y en la que no faltaron guiños musicales a la Esperanza de Triana, en el año de la Misión sonando composiciones como Soleá, dame la mano o Esperanza Trianera del maestro Peralto.

El público no fue ni mucho menos el de otras extraordinarias ya que se notó un gran descenso en las calles del centro, quizás por el frío o quizás por la saturación de procesiones. Los adornos navideños abrigaron al Nazareno caído a su llegada a la plaza del Salvador recordando estampas de la magna de diciembre del año pasado.

Con un buen ritmo avanzó el cortejo dirección a calle Cuna. Allí se viviría uno de los momentos más particulares de la procesión ya que el CECOP obligó a aforar un tramo de doscientos metros por las obras del tranvibús. Una extraordinaria procesión que pone el broche a un nuevo otoño cofrade que estuvo plagado de actos desde principios del mes de septiembre.

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