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Cuaresma 2026

De Utrera al Cachorro: Ruiz Gijón, el escultor que cambió la Semana Santa de Sevilla

Nacido en 1653, el escultor se formó junto a maestros como Pedro Roldán y Andrés Cansino, desarrolló una intensa trayectoria en Sevilla y llegó a construir una familia numerosa

El Cachorro junto a la firma de Ruiz Gijón.

El Cachorro junto a la firma de Ruiz Gijón. / Archivo de la Hermandad del Cachorro

Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Sevilla

Antes de que su nombre quedara unido para siempre al Cristo de la Expiración, el imponente Cachorro que en 1682 transformó para siempre la imaginería sevillana, Francisco Antonio Ruiz Gijón ya había demostrado una asombrosa capacidad para tallar la emoción humana en madera. Su firma aparece en el Jesús Nazareno de Alcalá del Río, en Santa Ana y la Virgen Niña de la Parroquia de la Magdalena o en la talla de San José con el Niño Jesús de la Iglesia de San Nicolás de Bari. Y no solo dejó huella en la escultura: su talento se extendió a la arquitectura procesional, con obras tan decisivas como los pasos del Gran Poder y del Cristo del Amor y los cuatro Evangelistas de la Hermandad del Museo.

Nacido en Utrera en 1653, el futuro imaginero fue bautizado el 13 de septiembre de ese mismo año en la utrerana iglesia del Sagrario. Sus padres fueron Lucas Ruiz Gijón, maestro de primeras letras nacido en Calzada de Calatrava (Ciudad Real), y María de las Nieves, utrerana. Del matrimonio nacieron cinco hijos. No se conocen las razones que llevaron a la familia a instalarse en Sevilla, aunque los historiadores apuntan a la búsqueda de mejores oportunidades.

Detalle del paso del Gran Poder.

Detalle del paso del Gran Poder. / Archivo de la Hermandad

Según apunta Jaime Passolas en su libro Doce imagineros de la Semana Santa de Sevilla, la primera vivienda de la familia en la capital se situó en la calle del Aceite (actual Tomás de Ibarra), aunque no tardaron en trasladarse a las Gradas, justo frente a la Catedral. Allí, el joven Francisco Antonio sería testigo directo de uno de los acontecimientos más relevantes del siglo XVII sevillano, la inauguración de la Parroquia del Sagrario en 1662, una iniciativa que, como bien explican Juan Cartaya y Manuel Jesús Roldán en su reciente trabajo La Catedral de Sevilla, "caló rápidamente".

Una disposición sorprendente

A los quince años, Ruiz Gijón ingresó en la recién creada Academia Sevillana de Pintura, instalada en la antigua Casa Lonja (hoy Archivo de Indias) y dirigida entonces por Bartolomé Esteban Murillo. Allí recibió formación en dibujo escultórico de la mano de Pedro Roldán y conoció a artistas de la talla de Juan de Valdés Leal. Fallecido su padre en abril de 1668, la responsabilidad familiar recayó entonces en el hermano mayor, Juan Carlos, quien lo llevó al taller del escultor Andrés Cansino, autor del Cristo de la Salud de San Bernardo, para que iniciara su aprendizaje.

En octubre de 1670, una enfermedad desconocida acabó con la vida de Cansino, siendo enterrado en la Parroquia de la Magdalena. En su testamento dejó una disposición sorprendente: que su joven discípulo asumiera la dirección del obrador y completara las obras pendientes. El utrerano aceptó la voluntad de su maestro, respaldado por la aprobación de la viuda, Teresa de León, y comenzó a organizar el trabajo. Apenas dos meses después, en diciembre de 1670, Francisco Antonio contrajo matrimonio con Teresa, quien aportaba al enlace el taller, las herramientas y tres hijos pequeños (Carlos, Juan y Francisco).

Azulejo dedicado al escultor. Fotografía Alfonso García García

Azulejo dedicado al escultor. Fotografía Alfonso García García / El Correo

Maestro escultor a los dieciocho años

Cuenta Jorge Bernales Ballesteros en su imprescindible ensayo Francisco Antonio Gijón, que la notable diferencia de edad entre los contrayentes (Ruiz Gijón tenía diecisiete años y Teresa de León treinta y dos) ha llevado a algunos autores a sugerir la posibilidad de una relación previa entre ambos, aunque no existe prueba documental que lo respalde.

Un mes después del enlace, la pareja abandonó el antiguo taller de Andrés Cansino situado en la calle Colcheros (la actual Tetuán), y se trasladó a la calle del Peladero, hoy Boteros, en la collación del Salvador, donde instalaron su nuevo obrador. La capacidad de trabajo y la calidad de Ruiz Gijón le permitieron obtener el título de maestro escultor con apenas dieciocho años.

En 1671 nacería el primer vástago de la pareja, Josefa Teresa, a la que, según el investigador José Gámez, le seguirían José Gregorio, en 1674, y María Florentina, en 1676. En 1674, el creciente volumen de encargos llevó a Francisco Antonio a trasladar su taller a la calle Conde de Castellar, en la collación de San Juan de la Palma.

San Marcos de la Hermandad del Museo.

San Marcos de la Hermandad del Museo. / Jesús Díaz

Segundo matrimonio y más descendencia

Tres años después, en febrero de 1677, una grave enfermedad acabó con la vida de Teresa de León, dejando al escultor viudo y con importantes responsabilidades familiares a los 23 años. Seis meses más tarde volvió a casarse, esta vez con Isabel Manuela de la Asunción Caballero Bautista, una joven de clase media cuya dote y estabilidad emocional marcaron un nuevo punto de inflexión en su vida personal.

En 1680, el matrimonio se trasladó a la collación de Santa Lucía, donde abrieron un nuevo taller. Tres años después volvieron a mudarse, esta vez a la calle Enladrillada, en la collación de Santa Marina, un enclave que resultaría decisivo en la consolidación profesional de Ruiz Gijón. La pareja tuvo tres hijas: Margarita Rosa (1678), Juana Bernarda (1685) e Isabel María (1689). A ellas se sumaban los tres hijos que Teresa de León había aportado al primer matrimonio, conformando así una familia numerosa y compleja, muy habitual en la Sevilla del siglo XVII.

En 1693, Ruiz Gijón enfermó y llegó a redactar su testamento, aunque finalmente se recuperó y continuó con su actividad. Gracias al cronista Félix González de León sabemos que, ya a comienzos del siglo XVIII, residía en la plazuela del Herrador, en la collación de Santa Marina. El investigador Antonio Gómez Aceves añade que uno de sus últimos domicilios estuvo en la calle San Luis y que el escultor vivió hasta 1720.

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