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SEMANA SANTA

La emoción de las Tres Mil abre el Viernes de Dolores en Sevilla: "Por nuestro capataz, por Manolo"

Con una puntualidad suiza, el misterio de la Hermandad de Bendición y Esperanza pisó la calle a las cinco de la tarde para encontrarse con cientos de devotos que, por segunda vez en la historia, aguardaban en los aledaños de la parroquia

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Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Sevilla

Matilde no pudo evitar las lágrimas en el mismo instante en que el misterio de la Hermandad de Bendición y Esperanza puso el primer pie en la calle. Se llevó la mano al rostro, como queriendo contener una emoción que venía de lejos. No era para menos: ha visto crecer esta cofradía desde que su hijo y su sobrino, siendo apenas unos niños, decidieron organizar una Cruz de Mayo hace ya 34 años. Entonces, recuerda, nadie imaginaba que aquel fervor casi inocente acabaría convirtiéndose en la hermandad del barrio más pobre de España.

El sol caía con fuerza sobre la barriada y el patio de la Parroquia de Jesús Obrero estaba lleno de devotos. A las cinco en punto de la tarde, con una puntualidad casi milimétrica, se abrieron las puertas del tinglao. Primero asomó la cruz de guía y, tras ella, los primeros nazarenos, dando así inicio a las vísperas de una nueva Semana Santa en Sevilla.

Dentro, el ambiente era de una expectación contenida. Fuera, en cambio, el calor y la luz acompañaban una estampa que muchos no querían perderse. “Por nuestro capataz, por Manolo Roldán”, se escuchó entonces. La voz de Paco de la Rosa, segundo capataz del misterio, rompía el murmullo justo antes de la primera levantá. Este año le ha tocado asumir, aunque no dejó de acordarse del primer capataz de la cofradía.

Entre aplausos y móviles en alto

Apenas unos metros más atrás, entre aplausos y móviles en alto, cientos de vecinos aguardaban ese momento. El patio --y la propia cancha de baloncesto de la parroquia-- se había convertido en un improvisado templo al aire libre donde encontrarse con Nuestro Padre Jesús de la Bendición en el Santo Encuentro y con la Virgen de la Esperanza en su Soledad.

No era una tarde cualquiera. De hecho, es solo el segundo año en que los vecinos de las Tres Mil Viviendas pueden, como ellos mismos dicen, "vivir un sueño" que durante décadas pareció inalcanzable. Y, sin embargo, lejos de diluirse la emoción tras el estreno del año pasado, esta parecía haberse multiplicado. "No es menos especial que el año pasado. Este año somos muchos más", decía Matilde ya más serena, aunque aún con los ojos vidriosos. En su voz se mezclaban el orgullo y el sentimiento de pertenencia. "Lo que empezó como una cosa de chiquillos, hoy es de todos".

Y eso se notaba. Porque mientras el paso avanzaba lentamente bajo un cielo limpio, sin una nube, el barrio parecía acompasarse a su ritmo. Ni el calor ni la intensidad del sol restaban presencia; al contrario, iluminaban una escena que muchos vivían con una emoción difícil de disimular. Así, todo el que quiso acercarse hasta la parroquia pudo ser testigo de los primeros compases de una Semana Santa que, un año más, empieza en las Tres Mil Viviendas. Y allí, entre lágrimas, aplausos y miradas al cielo, quedó claro que lo que un día fue un juego de niños hoy es una realidad que sostiene a todo un barrio.

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