Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Pino Montano vuelve a encontrarse con su día más grande: un Viernes de Dolores de sol, familia y devoción compartida

Este año, por primera vez después de casi cinco años, Nuestro Padre Jesús de Nazaret volverá a lucir la túnica blanca y el mantolín por las calles del barrio

Sigue en directo el Viernes de Dolores

Vídeo | Viernes de Dolores en la parroquia de San Isidro Labrador de Pino Montano

Viernes de Dolores en la parroquia de San Isidro Labrador de Pino Montano / Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Sevilla

La festividad volvió a latir con fuerza en el corazón de Pino Montano. Desde primera hora, la plaza María Santísima del Amor empezó a llenarse con ese murmullo reconocible de los días señalados: saludos que se repiten, familias que se reencuentran y niños que aprietan estampitas entre las manos. Era Viernes de Dolores y, en este barrio, eso significa una cosa: “El día más grande del año”.

El sol, sin necesidad de abrigos, terminó de empujar a los vecinos a la calle. A medida que avanzaba la mañana, el goteo se convirtió en río. Todos caminaban en la misma dirección: la parroquia de San Isidro Labrador. Dentro, apenas había tregua. Una fila constante de abuelos, padres e hijos aguardaba su turno para plantarse ante la Virgen del Amor y Nuestro Padre Jesús de Nazaret. Algunos rezaban en silencio; otros simplemente miraban, como queriendo retener el instante antes de que las imágenes vuelvan a pisar la calle.

A las puertas del templo, donde el bullicio se mezcla con el ir y venir de los vecinos, Manuel Bustillo atiende sin perder de vista lo que ocurre dentro. Es su primer año como hermano mayor y habla con esa mezcla de responsabilidad y orgullo de quien sabe lo que se juega el barrio en un día así. “Este año Nuestro Padre Jesús de Nazaret vuelve a lucir su túnica blanca y su mantolín”, comenta. “Era una estampa que el barrio echaba de menos”.

Mientras habla, no deja de saludar. La hermandad, de hecho, no ha dejado de crecer: ya supera los 1.200 hermanos y esta tarde serán más de 800 los nazarenos en la calle. “Hemos tenido que hacer un tramo solo para menores”, explica. “Hay muchísima juventud”.

Esa juventud -y todo lo que la rodea- se hace evidente al alejarse unos metros de la parroquia. A las once, encontrar aparcamiento ya era casi imposible y las calles colindantes se habían transformado en una prolongación natural de la plaza. Carritos, bolsas, mesas improvisadas, saludos a gritos de acera a acera. Todo con ese aire de día largo por delante.

"Es un día de unión"

En ese ambiente, José Delfín intenta aislarse a ratos. Costalero del Señor y auxiliar de Priostía, reconoce que los nervios van y vienen. “Es un día de unión”, dice, recordando la homilía de la mañana. “Aquí cada uno es de su casa, de su ideología y de su equipo… pero todos queremos a la hermandad”. Dentro de unas horas, volverá a meterse bajo el paso junto a otros 89 compañeros. Lo dice con naturalidad, pero se le nota en la mirada ese nerviosismo.

A pocos pasos, la escena cambia, pero el fondo es el mismo. La familia Carabé Martínez se organiza frente a los titulares como si siguiera un guion aprendido de memoria. Foto, colocación, llamada al que falta. “Ahora vienen los que están trabajando”, explica la matriarca, sin perder la sonrisa. Luego, como cada año, tocará reunirse en la plaza para comer juntos. “No perdonamos este día”.

Y así, entre una historia y otra, la mañana avanza sin que nadie parezca tener prisa. Algunos entran y salen de la parroquia varias veces; otros se quedan fuera, alargando la espera con una cerveza mientras siguen llegando familiares. El barrio entero parece haberse citado en el mismo punto.

Incluso dentro del templo, donde el recogimiento marca otro ritmo, se percibe esa mezcla de devoción y vida cotidiana. Hasta allí se acercaron también representantes institucionales, como la delegada territorial de Salud, Silvia Pozo, o el presidente del PP de Sevilla, Ricardo Sánchez, que depositaron un ramo de flores en nombre de la Consejería. Su ofrenda se suma a muchas otras, algunas muy del barrio, como la de la Baguetería La Sofi.

Fuera, el sol sigue apretando y la plaza no se vacía. “Esto luego será una explosión”, había advertido Bustillo unas horas antes. Cuesta imaginar que quepa más gente, pero en Pino Montano ya saben que siempre cabe alguien más cuando llega la hora de que los pasos salgan a la calle.

Tracking Pixel Contents