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Semana Santa

El Domingo de Ramos en el que La Estrella recibió un aviso de bomba en su palio: "Nos esperaban los geos en la Catedral de Sevilla"

Uno de los hermanos con más años en la hermandad, Manuel Jiménez Bayo, recuerda una llamada anónima que avisaba de la presencia de un artefacto, justo cuando habían decidido dejar de vigilar el paso en la noche de antes

VÍDEO | Manuel Jiménez: "Nos dijeron que en el paso de la Virgen iba una bomba"

Marina Casanova

Rafa Aranda

Rafa Aranda

Sevilla

"En la Catedral de Sevilla nos esperaban unos geos para revisar el paso de la Virgen desde abajo hasta arriba", recuerda Manuel Jiménez Bayo. Lleva 81 años como hermano de La Estrella, es el segundo con más antigüedad en la hermandad, y ha vivido de todo: su padre ya era hermano y fue prioste durante años, y su madre era costurera de túnicas de la cofradía (todas se guardaban en su casa y las revisaba con aguja e hilo en mano durante el año). Era, además, Diputado Mayor de Gobierno cuando se salió por última vez, en 1976, desde la parroquia de San Jacinto en Semana Santa. Pero esa vivencia le sobrecoge especialmente. Un año después, en 1977, les comunicaron una amenaza de bomba.

Jiménez se emociona al recordarlo. Se acababan de mudar a la capilla de la calle San Jacinto, momento que cumple 50 años este próximo Domingo de Ramos y que se volverá a revivir de manera extraordinaria. El estreno, como cuenta, fue complicado. "¿Te imaginas en plena calle Sierpes lo que se hubiera formado?", se pregunta, durante su conversación con El Correo de Andalucía en el corazón de la capilla.

"En el año 1976, cuando entramos aquí (en la capilla), hubo un problema de nazarenos. No sabíamos qué hacer con ellos porque estaba llena y al final tuvimos que sacarlos a la calle para poder meter los pasos", comienza a contar. Según recuerda, en San Jacinto siempre se quedaba alguien durante la noche del sábado al domingo custodiando los pasos: "Siempre había una serie de hermanos. No nos fiábamos de que en San Jacinto, tan grande y con la cantidad de gente que entraba, se hubiera quedado alguien escondido en algún sitio y pudiera hacer cualquier vandalismo la noche de la víspera de la salida de la hermandad".

Manuel Jiménez, Hermano nº2 de Antiguedad de la Hermandad de la Estrella

Manuel Jiménez, Hermano nº2 de Antiguedad de la Hermandad de la Estrella / Marina Casanova

Por eso, un año después, en 1977, cuando salieron por primera vez desde la capilla, optaron por dejar los pasos solos. "Esta es nuestra casa, esto es más chico, aquí no hay nadie y es una tontería que nos quedemos aquí", asegura que pensaron. "Entonces recuerdo que esto se cerró y aquí no se quedó nadie", prosigue. Después de lo que ocurrió ese año, no volvió a suceder.

Manuel Jiménez se transporta a la calle Sierpes hace medio siglo, en la esquina de la calle Jovellanos: "Vinieron del Consejo de Hermandades y Cofradías y al Hermano Mayor le dijeron que habían tenido una llamada anónima". "En el paso de la Virgen iba una bomba. Me emociono porque, ¿tú te imaginas en plena calle Sierpes lo que se hubiera formado?", cuenta este hermano de La Estrella, de manera que hicieron una Junta de Gobierno en el momento y decidieron "que la cofradía iba hasta la Catedral, sin horario, a paso tranquilo".

Unos geos en la Catedral de Sevilla

La Hermandad de La Estrella decidió continuar, manteniendo la noticia en secreto, hasta llegar al interior de la Catedral de Sevilla. "Allí nos esperaban unos geos para revisar el paso de Virgen desde abajo hasta arriba", sigue explicando. "Lo que pasó es que entramos y nada más que entramos dio la vuelta el paso y ahí había dos geos esperando con Guillermo, que era el Mayordomo Perpetuo, que iba de maniguetero", recuerda también.

Fue entonces cuando se metieron debajo del paso y echaron a todos los costaleros. "¡Todo el mundo fuera, al servicio!", recrea Manuel Jiménez. Todos los costaleros se salieron finalmente, "sin querer salirse porque ellos no sabían absolutamente nada". Los geos revisaron el paso y no encontraron nada. "Lo único que nos quedaba ver era los ramos de flores que nos habían dado por el camino, por si a lo mejor dentro de un ramo de flores pudiera ir un artefacto", asegura, pero "ahí no había absolutamente nada".

Los costaleros regresaron al paso y continuó la estación de penitencia. Cuenta el hermano número dos en antigüedad de la hermandad que es algo que apenas han contado, pero que lleva dentro y que no puede evitar emocionarse al recordarlo. Porque además, desde entonces, se vuelven a quedar todas las noches previas al Domingo de Ramos guardando los pasos. A pesar de ser una falsa alarma, nadie les quitará el mal momento que pasaron, el susto que se llevaron, y la sangre fría de los hermanos para superar la adversidad y controlar la situación pese al riesgo que se corría.

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