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Sábado de Pasión

La verdadera víspera es el gozo de los barrios: Sevilla vive un Sábado de Pasión espléndido

Tarde de día grande fue la que se vivió en los barrios extramuros con las hermandades que dieron testimonio de fe desde los cuatro puntos cardinales de Sevilla

Pablo García Torrejón

Pablo García Torrejón

Sevilla

Sevilla despertaba de un breve letargo que duraba desde que el palio de Pino Montano se recogiera en San Isidro Labrador a las tres de la madrugada. Doce horas después y en plena Ronda Oeste de Sevilla, en el Barrio de Padre Pío, las vecinas del barrio se cobijaban bajo un árbol del sol: “hijo, es que si no nos vamos a quemar y nos va a dar una lipotimia”, comentaban con cierta guasa.

El calor apretaba a la hora en la que los escasos cien nazarenos de antifaz color carmesí y capa color crema salían por la puerta de la Parroquia de San Juan de la Cruz luciendo en el pecho el escudo carmelita. De allí salió el Cristo de la Clemencia acompañado por la Agrupación Musical de Lágrimas de Dolores de San Fernando y la Virgen de la Divina Gracia que lucía la toca de sobremanto de la Salud de San Gonzalo.

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Pablo García Torrejón

El Sábado de Pasión es el día de los barrios obreros, de testimonios de fe entre la humildad de zonas como Alcosa, Torreblanca, la calle Arroyo o los bloques antiguos de Ciudad Jardín. También de barrios incipientes que necesitaban de realidades cofrades que vertebrasen sus parroquias como Sevilla Este con la Agrupación de la Humildad y otras asociaciones como las del Santo Ángel, que ponen en valor tallas de autores como Martínez Montañés en un alarde de clasicismo y Semana Santa de otro tiempo.

Las vísperas más inmediatas del Domingo de Ramos aportan originalidad y cosas nuevas a esa Semana Santa de Sevilla que pretende quedarse estancada en unos cánones inmóviles. La luz de la tarde permitió contemplar estrenos como los avances en los pasos de Padre Pío y San José Obrero o la delicia de vestimenta de la Virgen del Rosario de La Milagrosa. Esa originalidad atrajo a un gran número de público que no causó ningún tipo de incidente más allá de las bullas típicas delante de los pasos. Los entornos pintorescos y grandes avenidas en la mayoría de recorridos hicieron del Sábado de Pasión una tarde llena de contrastes destacando el cruce de la SE-30 de Padre Pío o el caminar de Torreblanca por la zona más marginada del barrio.

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Pablo García Torrejón

Otra nota esencial a este Sábado de Pasión fue la alegría vivida en los barrios que vibraron junto a sus cofradías. Una alegría que se vio reflejada en la del reencuentro de los vecinos que algún día se marcharon de los barrios de sus infancias. Las marchas de las Agrupaciones Musicales, mayoría abrumadora en los acompañamientos a Cristos, se mezclaban con marchas alegres de las bandas que acompañaban a los palios, todas ellas a un gran nivel.

El contrapunto a esa alegría lo puso la Agrupación Parroquial del Santo Ángel que llevó tras el paso de la obra de Martínez Montañés a la Banda de La Puebla del Río. La procesión contó con un cuidado repertorio de marchas de los más insignes compositores de la música procesional aunque con un ritmo que fue muy lento, lo que causó algún retraso. Una agrupación parroquial que espera convertirse en hermandad para sacar nazarenos en la calle y que el año que viene sacará a la Virgen de la Salud bajo palio por las calles de Sevilla.

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Pablo García Torrejón

Con la noche ya cerrada los nervios de la ciudad comenzaron a palparse. Padre Pío terminaba de conquistar el Cerro y algunas como La Milagrosa buscaban las últimas calles del recorrido. Parte del público se despidió de los barrios con un emotivo “hasta mañana, si Dios quiere” aunque con un pequeño matiz, ese mañana será de nuevo Domingo de Ramos.

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