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Lunes Santo

La Hermandad de las Aguas “inunda” Sevilla bajo el sol del Lunes Santo

Desde la Capilla del Rosario, la Hermandad de las Aguas inunda las calles del Arenal, donde los nazarenos y el Cristo de las Aguas desfilan para la procesión, como cada año, para el deleite de los vecinos

Sigue el directo del Lunes Santo

Vídeo | La Virgen de Guadalupe de la Hermandad de las Aguas sale ya de la Capilla del Rosario

La Virgen de Guadalupe de la Hermandad de las Aguas sale ya de la Capilla del Rosario / Victoria Flores

Victoria Flores

Victoria Flores

Monaguillos repartiendo caramelos por la calle Rodo y la calle Pavía. Balcones engalanados. Casas atestadas. Los mayores del barrio sentados en la puerta de la Iglesia. Es un día grande en el Arenal. Este 30 de marzo el centro de muchos sevillanos está en Dos de mayo. Los antifaces morados de la Hermandad de las Aguas llegan desde todas las calles que rodean la Capilla de Nuestra Señora del Rosario y se reparten para poder formar la cofradía y dan besos y abrazos a todos aquellos que ven de año en año.

El Cristo de la Aguas asoma tras el pórtico de la pequeña capilla del Arenal mientras los nazarenos salen del Hospital de la Caridad. Todos giran sus antifaces para mirar el rostro del Crucificado antes de encaminarse a la Catedral. “Vamos a inundar Sevilla”, grita el capataz antes de tocar el martillo y rompen los instrumentos de la banda del Rosario de Cádiz.

Concha vivió en el Arenal hasta que se casó y sus ojos brillan cuando mira la cara de la Virgen de Guadalupe. Su marido es extremeño y se mudaron allí después de casarse, pero esta sevillana no falta a su cita cada Lunes Santo. “Si me quedo allí, me entierran”, confesa. Con su medalla al cuello es incapaz de apartar la mirada de la Virgen. “Mi hijo es una de las bocinas y mi sobrino sale de costalero”, cuenta orgullosa mientras cangrejea al ritmo que la edad le permite delante de su Virgen.

Como Concha, Lupe viene cada año de Toledo. Esta hermana de Las Aguas es de Malpica y se ha levantado a las 4:00 para acompañar a la Dolorosa de Dos de mayo en su estación de penitencia. Está toledana se enamoró de la Semana Santa de Sevilla de la mano de su hermano, apasionado de la Macarena y se emociona al contar su vinculación con la corporación a la que llegó tras conocer la relación de la Virgen, que lleva su nombre, con los enfermos de cáncer, enfermedad que padece su nieto.

La Virgen se pierde por la calle Dos de mayo a los sones de Esperanza de Vida mientras Concha y Lupe caminan con ella. Cuando salga de la carrera oficial volverán a buscarla, si el cuerpo lo permite, para que nunca esté sola.

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