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Martes Santo

San Esteban, la maniobra más difícil del Martes Santo: "¡Vamos a dejar espacio al capataz!"

La cuadrilla de la corporación volvió a protagonizar dos salidas llenas de precisión, maestría y oficio en la Iglesia de la cofradía

Sigue el directo del Martes Santo

Vídeo | La impresionante salida del misterio del Señor de la Salud y el Buen Viaje de San Esteban

La impresionante salida del misterio del Señor de la Salud y el Buen Viaje de San Esteban / Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

La luz de primera hora de la tarde bañaba la puerta de la Iglesia de San Esteban mientras la estrecha calle contenía, en sombra, a miles de vecinos y devotos que aguardaban con nerviosismo la salida de los titulares de la cofradía, en un espacio medido al milímetro. No cabía un suspiro. Otro año más, y ya va un siglo para ser exactos, el Señor de la Salud y el Buen Viaje se reencontró con sus fieles cara a cara.Y con el aire encogido, atentos y en absoluto silencio, quienes se acercaron hasta la sede de la Hermandad de San Esteban volvieron a vivir una primera revirá llena de temple, experiencia y mucho oficio.

Los vecinos lo sabían: llevan toda una vida contemplando esta salida imposible del Señor y de la Virgen de los Desamparados. Un instante único en el Martes Santo que deja sin aliento a quien logra abrirse paso hasta la primera fila.

“¡Vamos a dejar espacio al capataz!”, repetía el cuerpo de seguridad. A las tres en punto, con puntualidad casi suiza, el misterio del Señor comenzó a asomar por la puerta del templo. “¡Por todo el que ha hecho posible estos 100 años para que la hermandad siga viva!”, proclamó el capataz, Mariano Falcón, en la primera levantá.

Vídeo | La impresionante salida del misterio del Señor de la Salud y el Buen Viaje de San Esteban

La impresionante salida del misterio del Señor de la Salud y el Buen Viaje de San Esteban / Rocío Soler Coll

La emotiva salida del Señor de la Salud y el Buen Viaje

A partir de ahí, la tensión se hizo palpable. Costaleros y capataces firmaron, un año más, una auténtica proeza. Se oían susurros, el roce de la madera, la respiración contenida de quienes avanzaban bajo los faldones con pasos cortos y acompasados. “¡Poco a poco!”, ordenó el capataz. La estrechez de la puerta obligaba a una precisión extrema para sacar el paso al milímetro. “Los candelabros de la derecha han rozado la puerta”, susurró un devoto, sin apartar la vista de la maniobra.

Sin detenerse. “Derecha alante e izquierda atrás”. El paso avanzó a escasos centímetros de la primera fila de devotos, casi rozándolos. Una estampa ya icónica en la Semana Santa de Sevilla que volvió a poner en evidencia la pericia de la cuadrilla.

Superado el dintel, llegó la revirá y, sin perder el compás, el Señor se adentró en la calle que lleva el nombre de su cofradía. El barrio rompió entonces el silencio en aplausos mientras la agrupación Virgen de los Reyes celebraba junto a su hermandad cien años de fe en la calle.

El paso de la Virgen de los Desamparados, de rodillas

Quedaba aún la maniobra más comprometida: la salida del palio de la Virgen de los Desamparados. El paso de la Dolorosa, obra de Manuel Galiano y que cumplirá un siglo el próximo año, es ya uno de los grandes emblemas de la corporación del Martes Santo.

Cuarenta minutos después, el palio se plantó ante los fieles que llevaban horas esperando. Tras la primera levantá, varios costaleros rodearon el paso para auxiliar a los que trabajaban en el interior. De nuevo, la estrechez obligó a arrodillar a la cuadrilla. El silencio regresó. “¡Izquierda, atrás! ¡Baja a tierra la delantera! ¡Bueno, bueno!”, ordenaban los capataces. Las voces se superponían marcando cada movimiento, mientras en los rostros de los costaleros se dibujaban el esfuerzo, el peso y la responsabilidad de acertar con los movimientos.

Vídeo | Así ha sido la impresionante salida del palio de la Virgen de los Desamparados de San Esteban

Así ha sido la impresionante salida del palio de la Virgen de los Desamparados de San Esteban / Rocío Soler Coll

Con el paso ya en la calle, a pulso, los costaleros de dentro y fuera levantaron el palio y lo entregaron a los vecinos de San Esteban.

Abrazos, lágrimas, aplausos y gritos. Ese instante -ese trabajo en equipo que convirtió lo imposible en realidad- desató el fervor de quienes aguardaban al Señor ‘de la Ventana’ y a la Virgen de los Desamparados. Cada año parece no poder repetirse, pero San Esteban lleva ya un siglo demostrando que su salida es, siempre, un ejemplo de precisión, fe y emoción en pleno corazón de Sevilla.

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