Jueves Santo
María del Monte y la memoria familiar de Montesión: "Durante años no pude venir: el duelo lleva su tiempo"
Por tradición familiar, la cantante es hermana de la cofradía del Jueves Santo, de la que, tras varias semanas santas sin poder acercarse al templo después de la muerte de su hermano y su madre, hizo sonar el año pasado llamador del paso de misterio en su primera levantá en la calle

Victoria Flores

Hay recuerdos que no se explican: se pisan, se escuchan, se rememoran y se viven por dentro. Para María del Monte, la Semana Santa no empieza sólo cuando una cruz de guía asoma ni cuando la ciudad se echa a la calle, sino en algo mucho más íntimo: la memoria, el barrio, la familia y ese puñado de sensaciones que siguen ahí aunque cambien los años y falten presencias importantes alrededor. En su caso, todo eso tiene un nombre propio: Montesión, la hermandad que tiene su sede en la parroquia del Rosario, donde sus titulares, el Señor de de la Sagrada Oración en el Huerto, un paso de misterio muy popular por su famosísimo olivo, y la Virgen del Rosario congregan cada tarde de Jueves Santo a miles de devotos y cofrades en este céntrico enclave de la calle Feria, vecino de la Casa Vizcaíno: la fe y la alegría siempre se han dado la mano.
Su vínculo con la hermandad viene de lejos, de cuando era una niña y su padre la llevaba a ver la Hermandad; de sus hermanos saliendo de nazarenos, de la vida entera pasando por ese rincón de Sevilla al que sigue regresando emocionalmente incluso cuando no ha podido hacerlo físicamente. "A mí me viene esto desde pequeña", resume al otro lado del teléfono. Después llegaron los sobrinos, luego los sobrinos-nietos, y ahora es ella quien cuenta, explica y transmite todo ese imaginario que atesora. Lo hace, dice, como quien se siente depositaria de un legado familiar que ha ido pasando de mano en mano, sin imposiciones y con la naturalidad con la que se hereda lo que de verdad importa.
María habla de la Semana Santa de Sevilla sin imposturas. Le gusta verla, vivirla, disfrutarla. Cuando se le pregunta si prefiere un balcón, silla, palco, una bulla, pisar la calle o esperar a pie quieto en una buena esquina, se define "de todo", aunque matiza que ya no está para cualquier bulla. Hay en esa afirmación una mezcla de humor, cansancio y también aprendizaje. "Me encanta ver mi Semana Santa y ver los pasos en la calle y disfrutar" pero añade que los momentos de demasiada aglomeración ahora le producen "un poquito de agobio".
El duelo por su hermano y su madre: "El dolor estaba todavía demasiado vivo"
Ahí asoma en la conversación el duelo que se arrastra y con el que ha aprendido a convivir. Tras la muerte de su madre y su hermano durante la pandemia de Covid, durante años no pudo volver a ver en la calle su hermandad. "El dolor todavía estaba demasiado vivo", explica. Acercarse al templo le removía demasiado por dentro. Intentó regresar hace dos años, probándose a sí misma en una visita por la mañana, pero no pudo. Volvió a derrumbarse. El año pasado, en cambio, sí lo consiguió y, de hecho, como captó El Correo de Andalucía, la Hermandad le otorgó el honor de concederle la primera levantá en la calle del paso de misterio en recuerdo de sus familiares. "Los duelos tienen su tiempo", explica. "Las cosas hay que disfrutarlas, no sufrirlas".
Este año estará ahí otra vez. Y se reencontrará los olores, los sonidos y las imágenes que hacen de la Semana Santa una experiencia única. En su memoria cofrade hay estampas muy concretas. La salida, la Cuesta del Rosario, la subida por Álvarez Quintero. Y hay también sonidos. De hecho, cuando piensa en la Virgen del Rosario en la calle, no piensa sólo en la imagen: piensa en cómo suena. En ese ruido tan suyo, tan reconocible, de los rosarios golpeando los varales del palio: "Ese clá, clá, clá que acompaña del palio", explica. En ese detalle está una manera entera de sentir la Semana Santa en la que, en el caso de la cantante y presentadora, caben muchas más devociones.
"Por suerte, en esto, no tenemos por qué elegir", explica. "Yo soy mucho del Gran Poder, de Amargura, que mi padre también fue hermano, de Los Gitanos y de la Macarena", apunta. Y añade: "Yo me bauticé en San Gil porque por entonces estaban construyendo la Basílica". Pero más allá de que estos días Sevilla se vuelque con sus procesiones y la devoción se convierta en una celebración colectiva, su fe "no depende de que un paso salga o no salga a la calle", sino que se trata de una experiencia íntima que se vive a lo largo de todo el año.
Quizá por eso una de sus frases resume tan bien lo que siente cuando habla de Sevilla en estos días: la ciudad "no necesita nada"; pero cuando llega la Semana Santa y todo empieza a latir de otra manera, entonces "empiezas a vivir la magia".
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