Semana Santa 2026
Túnicas bordadas o lisas, colores y potencias: el debate sobre vestir a Cristo en la Semana Santa
Siglos de tradición barroca y normativa tridentina marcan el significado teológico y simbólico detrás de cada elemento de la Semana Santa sevillana

Nuestro Padre Jesús de la Pasión sobre su paso. / Archivo de la Hermandad

Un año más, uno de los principales debates en torno a la Semana Santa de Sevilla es el modo de vestir a las imágenes de Cristo. ¿Deberían llevar túnicas bordadas o lisas? ¿Qué colores son los adecuados? ¿Es lícito prescindir de las potencias? Son preguntas que reaparecen cada Cuaresma y cuya respuesta no puede limitarse a criterios estéticos o modas pasajeras, sino que exige volver a las raíces históricas, artísticas y, sobre todo, teológicas que dieron forma a esta tradición. Un debate que vuelve a la actualidad en la antesala de esta Madrugá en la que Jesús del Gran Poder vestirá la llamada Túnica de los devotos, que estrenará en estación de penitencia por las calles de Sevilla. Esta decisión es la confirmación de que ya las hermandades han decidido vestir a todos los nazarenos como los concibieron en origen: con túnicas bordadas con un sentido simbólico y práctico, dada la falta de luz artificial.
El origen de la Semana Santa moderna se sitúa en el Concilio de Trento (1545-1563), una asamblea convocada por el Papa Paulo III donde la Iglesia definió el papel del arte como herramienta doctrinal frente al avance del protestantismo. A partir de entonces, la imaginería barroca dejó de entenderse como una mera representación naturalista para convertirse en un lenguaje visual cargado de intención: debía emocionar, enseñar y reafirmar la fe.

Grabado del Señor de Pasión de Pedro Tortolero (1749). / Archivo de la Hermandad
Así, Cristo no se concebía simplemente como un ajusticiado histórico, sino como la imagen triunfante sobre el pecado y la muerte. En este marco, cada elemento -la cruz, las potencias o la túnica- adquiría un significado preciso, subordinando lo formal a lo doctrinal. En consecuencia, las imágenes procesionales se configuraron como obras complejas en las que forma y contenido resultaban inseparables.
Triunfo y Salvación
Escultores como Juan Martínez Montañés o Juan de Mesa desarrollaron modelos donde la expresividad, la proporción y los elementos añadidos reforzaban ese mensaje teológico. La túnica bordada, lejos de ser un simple adorno, formaba parte esencial de la obra, completando su significado de Triunfo y Salvación. En palabras del historiador del arte José León: "La túnica lisa es una catástrofe en cuanto elimina de golpe el 50% de la obra barroca: suprime su parte intelectual, reduciendo la imagen a pura materialidad".

El Señor del Silencio en el Desprecio de Herodes con la túnica de 'los dragones' bordada por Rodríguez Ojeda (1899). / Archivo de la Hermandad
¿Cuándo surge la moda de vestir a Cristo con túnicas lisas? A partir de 1939, cuando la Semana Santa de Sevilla tuvo que reinventarse tras finalizar la Guerra Civil. A partir de ese momento, y en base a las carencias sociales y económicas (y también por los gustos estéticos del momento, en muchos casos influenciados por la ópera y el cine) muchas cofradías olvidan los significados litúrgicos e históricos y optan por modelos plagados de errores.
Uno de los principales es el de los colores, cuyos usos fueron establecidos en Trento y ratificados por el Papa Juan XXIII en las Rúbricas Generales del Breviario y del Misal Romanos (1960). Por ejemplo, en dicho texto se indica que el blanco simboliza la alegría y el júbilo, por lo que se utiliza en celebraciones como la Natividad, el Corpus Christi o la Resurrección, y es el color que visten los sacerdotes el Jueves Santo.

El Cautivo de San Pablo con la túnica bordada del Señor de la Sentencia. / Tomás Quifes
Una "túnica resplandeciente"
Andrés Luque Teruel, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla, recuerda que "el color es para la celebración, no para las imágenes", motivo por el cual algunas hermandades visten de blanco a sus Titulares fuera de actos litúrgicos, como en traslados o procesiones. Frente a esta práctica, el profesor es tajante: "Si la Iglesia ni los sacerdotes lo utilizan, ponérselo a Cristo constituye una tremenda contradicción".
La excepción se da en la escena de Jesús ante Herodes, donde el tetrarca de Galilea lo viste con una "túnica resplandenciente" (del griego esthēs lampra). Con este gesto, Antipas no buscaba mostrarlo como un loco (interpretación que surgió en el siglo XIX con los avances de la medicina), sino ridiculizar su supuesta realeza. El blanco, símbolo de nobleza y color de la toga candida romana, convertía así a Jesús en un "candidato" grotesco a un trono que no existía.

El Nazareno de la O en una instantánea del siglo XIX. / Archivo de la Hermandad
En cuanto al resto de colores, la figura de Cristo ha sido frecuentemente identificada como el "árbol de la salvación" o el "nuevo Adán". Por ello, junto al morado, símbolo de penitencia, y al rojo, asociado al martirio, se le ha vinculado también con el verde. Este color representa al Cristo vivo y sufriente, el "árbol verde" maltratado por el pecado, y es habitual encontrarlo en hermandades como la Vera-Cruz, El Sol o La Milagrosa, donde subraya su papel como portador de vida y esperanza a pesar del sufrimiento.
El significado de las potencias
Según Juan Antonio Sánchez López, catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Málaga, "las representaciones de Cristo son reconocibles por las potencias". Su origen remite a un antiguo concepto de la filosofía aristotélica, reelaborado en el ámbito islámico por Avicena y adaptado al pensamiento cristiano medieval por Santo Tomás de Aquino y San Buenaventura. Según Aristóteles, el ser humano posee potencias del alma -memoria, entendimiento y voluntad- que permiten pensar y ser libre; Cristo, como hombre verdadero, las poseía en su grado máximo, lo que le permitió afrontar con plena fortaleza física y espiritual la Pasión.

El Señor de los Gitanos. / Archivo de la Hermandad
En consecuencia, y como bien explica el investigador Mario Gilberto González, las potencias quedaron convertidas, por derecho propio, en los verdaderos atributos heteróclitos de Jesucristo en su triple condición de profeta, sacerdote y rey, pero también como símbolo de su Omnisciencia, o conocimiento sobre todas las cosas; Omnipotencia, o poder absoluto; y Omnipresencia, que es el poder de estar en todas partes a la vez.
Asimismo, estas potencias, cuyo origen se sitúa en el arte bizantino, evocan el Triunfo de Cristo sobre la muerte, el dolor y el mal, y suelen portar las siglas JHS (Jesús Hombre Salvador). Los expertos coinciden en que Jesús debe llevarlas siempre, incluso en los momentos de mayor humillación de su humanidad. No deja de ser significativo que, pese a su carácter abstracto, las ‘Potencias de Cristo’ dieran nombre a una cofradía sevillana activa entre 1613 y 1623.
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