La presión de los tiempos no pudo con la belleza de la Madrugá de Sevilla
Con más de 15.000 nazarenos en las calles, la jornada más complicada sorteó la presión horaria y los incidentes, aunque registró 44 minutos de retraso nada enturbió la fe ni la esperanza

Las mejores imágenes de La Madrugá / Marina Casanova

Había presión. La Madrugá de 2026 quería brillar y estaba tirante. Se notaba ese nerviosismo en el ambiente por cumplir los tiempos. Era difícil que más de 15.000 nazarenos procesionaran por las calles de Sevilla ajustándose a los horarios y cumpliendo la planificación. La Macarena estrenó la noche dando órdenes a sus hermanos para que anduvieran rápido sin embelesarse viendo a la Virgen. La radio recordaba que la mitad de los pueblos de Andalucía tienen menos habitantes que nazarenos ponía la Macarena en la calle: 4.233 con cirio, un total de 5.337 hermanos. Y así récord tras récord, la Esperanza de Triana, el Gran Poder o Los Gitanos superaban sus papeletas de sitio, por encima de los 3.000 hermanos en sus cortejos. La jornada más numerosa. La más complicada de cuadrar. Nazarenos en maratón en filas de tres, cuatro y hasta cinco nazarenos. Cruces de guía en la calle con antelación para ganar algunos minutos.
Pero la Madrugá venció a esa presión y demostró que a paso militar, los cortejos pueden, más o menos, cumplir y que no todo son los horarios. No fue tan dramático: 44 minutos de retraso al cierre de la jornada en Campana. Fue una organización tan cartesiana que para algunos el primer tramo de la la noche perdió magia. No hay otra manera de cumplir que extremando la vigilancia en el reloj. Otra cosa es ya la vuelta a los barrios con el sol ya arriba comenzaran a recrearse y a gustarse más.
El día amaneció sin que en la calle se registrara ningún incidente de relieve. Fue una madrugada apacible en la que los campamentos organizados por el público en algunas calles emblemáticas fue inevitable. ¿Se puede pedir a alguien que espere más de tres horas el paso de una hermandad a pies quietos y sin una sillita? Especialmente llamativo lo que ocurrió en la calle Pureza, donde la Policía acudió a levantar al público desde primera hora de la tarde. No disuadió del todo porque, alrededor de la medianoche, de nuevo estaba plagada de sillas portátiles.
Contrastes y buena temperatura
Noche de contrastes y de buena temperatura, aunque el relente es el relente. El júbilo de los devotos, los vítores en el Arco de la Macarena, las petalás incansables en la calle Pureza frente a la sobriedad del Gran Poder, el Silencio y el Calvario, impregnando de hondura la noche más esperada. Todo cabe y todo sabe convivir. Fue una noche de gestos. La Esperanza de Triana se volvió hacia la cruz de guía del Gran Poder cuando le dejó expedito el camino en San Pablo. Fue un saludo para redimirse por el parón que le infligió el año anterior. Las dos Esperanzas se homenajearon con la música. La Macarena se adentró en Campana con la marcha “Tu Triana, tu Esperanza” y la Virgen de Triana eligió "Esperanza Macarena" para llegar al Palquillo. Los Gitanos quisieron más que nunca rendir homenaje a la Casa de Alba, en el centenario de la duquesa que fue su principal benefactora y una de sus grandes devotas.
Detalles que tejieron el relato de una Madrugá que olía a café y a churros en las cafeterías que decidieron quedarse abiertas para dar servicio al público pese a las restricciones de la ley seca. El Cristo de las Tres Caídas volvió a dar el espectáculo que sabe en Campana y se lo dedicó al pregonero que es su costalero y que más alma trianera ha llevado a las tablas del Teatro de la Maestranza. Una entrada emocionante que muchos verán en bucle hasta que toque la del año que viene.
Noche mansa
La noche fue mansa pese a un arranque de Semana Santa agitado, con incidentes domingo y lunes que se fueron embridando hasta dejar un balance sereno. Pasó tan poco que un mini apagón, por una avería de Endesa, que se solucionó en tiempo récord y que dejó sin luz algunos tramos de la avenida de la Constitución y el interior de la Catedral, donde saltaron los grupos electrógenos, se señaló como incidente. Si hubiera pasado otra jornada con más sobresaltos posiblemente habría pasado hasta desapercibido.
Cuando el cielo se abrió al azul claro y luminoso que lleva poniendo color a toda la Semana Santa de 2026, los barrios volvieron a abarrotarse de gente deseosa de honrar a sus devociones. Las marchas aflojaron el ritmo, las chicotás dejaron de hacerse sin prisas. El deseo de que el tiempo se detuviera para que la Madrugá no se acabara nunca empezó a notarse en el ambiente. El Consejo de Hermandades y Cofradías respiró tranquilo. El Ayuntamiento de Sevilla sintió el alivio de haber superado la oscuridad de la noche sin nada que lamentar. Con luz todo parece más fácil.
La restauración de la Macarena brilló bajo el sol. Los devotos que lloraron el cambio de su rostro se olvidaron de aquellos días de rectificaciones y enfados. Miraban a la Virgen y daban gracias a Pedro Manzano. La Macarena volvió a ser la Macarena. Hasta quiso regalar a sus fieles un momento único e improvisado en la calle Alcázares. Porque la Virgen no quiere vallas. La Madrugá no dejó de ser la Madrugá. Aunque ponga en la calle a 15.000 nazarenos.
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