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Luces y sombras en la Semana Santa 2026: una celebración brillante que recupera la normalidad pero con déficit en la organización
Celebración plena y de gran nivel estético que devuelve la normalidad a la ciudad, pero deja al descubierto carencias en organización, seguridad y civismo

Nuestro Padre Jesús de la Salud el pasado Martes Santo. / Antonio Puente Mayor

La Semana Santa de Sevilla de 2026 ya es historia. Se cerró con pleno de cofradías y una brillantez estética notable, vivida con intensidad y devolviendo a la ciudad la normalidad tan esperada. Pero, junto a esa imagen de éxito, surgieron carencias que invitan a la reflexión y a plantear mejoras de cara al futuro.
El primer gran protagonista fue, sin duda, el tiempo. Aunque el calor apretó en las horas centrales, las tardes y noches resultaron templadas, permitiendo el desarrollo íntegro de todas las jornadas sin sobresaltos. Atrás quedaron las estampas de 2024 y 2025, con cortejos bajo la lluvia, nervios, lágrimas y procesiones suspendidas.
En lo estético, el nivel fue sobresaliente. La calidad de los equipos de priostía, el buen gusto de vestidores y camareras, y el trabajo de las floristerías configuraron una Semana Santa de enorme belleza. A ello se sumó el comportamiento de los nazarenos, capaces de soportarlo todo con una entereza admirable. Y es que, al margen de los debates sobre los números clausus, son, junto a las imágenes, el verdadero sentido de las cofradías.

La Virgen de la Palma en San Lorenzo. / Antonio Puente Mayor
Regreso al clasicismo
Especial mención merecen las Hermanas de la Cruz, cuya labor silenciosa durante todo el año encuentra su culminación en estos días. No solo sostienen una obra asistencial imparable, sino que ofrecen su cariño y sus voces a todas las hermandades que pasan por la puerta del convento fundado por Santa Ángela de la Cruz.
En el plano organizativo, destacó el esfuerzo de las hermandades por cumplir los horarios. Ejemplos como el de la Macarena, que pese al aumento de su nómina de nazarenos no incurrió en retrasos en la Campana, o los casos de San Esteban y Montesión, que incluso lograron recuperar minutos, evidencian una clara voluntad de mejora.
La música también vivió un año notable. Los repertorios, variados y equilibrados, apostaron más que nunca por las piezas clásicas, incluso en un contexto de numerosos estrenos. Una decisión que se pudo apreciar desde las Vísperas hasta el Domingo de Resurrección y que fue ampliamente celebrada.

La banda de las Cigarreras pasa por el palquillo de la Campana. / Antonio Puente Mayor
La labor de los medios
El capítulo patrimonial dejó importantes estrenos y recuperaciones. Tallistas, diseñadores, bordadores, orfebres y restauradores demostraron una profesionalidad incuestionable, demostrando que el tejido artesanal atraviesa uno de sus mejores momentos.

Uno de los pasos del Cerro en la Plaza Nueva. / Antonio Puente Mayor
No puede olvidarse la labor de los medios de comunicación, muchas veces ingrata, que permite a ancianos, enfermos o cofrades que viven lejos seguir cada detalle de la Semana Santa. Su trabajo amplía el alcance de la fiesta más allá de las calles de Sevilla.
En el ámbito de los servicios, sobresalió el trabajo de Lipasam antes y después del paso de las cofradías, el esfuerzo de los voluntarios de Emasesa repartiendo agua a miles de nazarenos y la atención sanitaria tanto dentro como fuera de las hermandades. Un engranaje esencial que funcionó con eficacia.

El Cristo Varón de Dolores atraviesa el Salvador. / Antonio Puente Mayor
Relevo generacional
También destacó la figura del arzobispo, José Ángel Saiz Meneses, presente en numerosos puntos, cercano y generoso en su trato. El Domingo de Ramos estuvo toda la tarde en el palquillo de la Campana, y cuando el sacerdote Juan Antonio Carrera se indispuso al paso de la Hermandad de la Cena no se separó de él hasta que lo recogió una ambulancia.
Los auxiliares y voluntarios que acompañan a los pasos mostraron este año una actitud más amable y accesible con medios, cofrades y público, contribuyendo a mejorar el ambiente general. Más allá de los itinerarios oficiales también hubo momentos de especial carga emocional. Los Armaos llevaron alegría y esperanza a hospitales, recordando que la Semana Santa trasciende lo meramente procesional.
Y las estampas de relevo generacional -como la de Manuel Villanueva sacando a la Virgen de la Victoria con su nieto en brazos o la de un músico de Las Cigarreras sosteniendo a su bebé en la salida de San Gonzalo- evidencian que el futuro de la fiesta está asegurado.
De las “manifestaciones” de nazarenos a la proliferación de acampadas
Pero no todo fue positivo. La Semana Santa volvió a mostrar su vulnerabilidad. La ausencia de un plan B ante incidentes sigue siendo preocupante. Los incendios del Domingo de Ramos y el Lunes Santo obligaron a improvisar recorridos que, aunque resultaron exitosos, no pueden depender siempre de la fortuna.
Otro punto conflictivo fueron las “manifestaciones” de nazarenos en algunas hermandades, como San Benito o San Bernardo, donde se llegaron a ver tramos de a cinco. Incluso hubo casos de nazarenos que regresaron a sus templos con los cirios sin estrenar, una imagen que debería invitar a la reflexión interna.
Las acampadas y el uso de sillitas en zonas como la Plaza del Salvador, la Cuesta del Bacalao, San Pablo, la Plaza del Duque o el Altozano volvieron a generar problemas, especialmente durante la Madrugá, cuando se vieron jóvenes durmiendo en plena calle, incluso en puntos tan sensibles como la Muralla o Pureza.

La Plaza del Altozano horas antes de la salida de la Esperanza de Triana. / Antonio Puente Mayor
Aforamientos y aseos públicos
A ello se suma una preocupante pérdida de decoro. El comportamiento del público, especialmente en los días grandes, deja mucho que desear. No se trata solo de estética, sino de formas. La imagen de una mujer de mantilla sentada en el suelo el Jueves Santo resume bien esta deriva.
Persisten, además, diferencias de criterio en la forma de afrontar la Carrera Oficial. Mientras algunas hermandades avanzan con tramos de tres o cuatro nazarenos, otras mantienen filas de dos incluso con retrasos, lo que evidencia la necesidad de establecer patrones.
Los aforamientos en zonas como Francos, Postigo o Alfalfa, así como la proliferación de vallas en el entorno de la Cuesta del Rosario, generan más inconvenientes que soluciones. Especialmente grave resulta la escasez de aseos públicos, sobre todo en la Madrugá. Con muchos bares cerrados, las consecuencias son evidentes: malos olores e insalubridad en numerosas calles.

Aforamiento en la calle Villegas. / Antonio Puente Mayor
El riesgo del presentismo
Las faltas de respeto del público se han convertido en una constante: tabaco, vapers, uso excesivo de móviles, pértigas fotográficas, consumo de alcohol en balcones o turistas incapaces de adaptarse al ritmo de las cofradías. Todo ello deteriora el ambiente de una fiesta que, siendo popular, no debe perder su carácter solemne.
La saeta atraviesa un momento delicado. Interpretaciones excesivamente largas, recargadas en sus remates y, en muchos casos, con una técnica deficiente, desvirtúan un cante que debería ser breve, intenso y profundo.
El presentismo es otro de los riesgos. La Semana Santa no es inmutable, pero tampoco puede quedar atrapada en la nostalgia. Adaptarse a los tiempos, con solidaridad y altura de miras, es imprescindible para su supervivencia.
Críticas en redes sociales
En materia de seguridad, se percibe un claro desequilibrio: controles excesivos en algunos puntos frente a una laxitud preocupante en otros, así como actitudes poco empáticas por parte de algunos vigilantes. Por otro lado, los “lucimientos” en la Campana, con un exceso de marchas en momentos de retraso, invitan a replantear el papel de la música en la Carrera Oficial.
Y, cómo no, las redes sociales volvieron a ser escenario de críticas constantes, muchas veces desde la ignorancia. Desde el debate sobre las sillas -ocupadas por personas de todos los estratos sociales y fundamentales para la economía de muchas hermandades- hasta la difusión interesada de imágenes como las bolsas de basura en la Carrera Oficial, sin explicar el papel de los trabajadores de Lipasam y los silleros. Antes de criticar, convendría informarse.
Mirando a 2027
La Semana Santa de Sevilla de 2026 ha sido, en esencia, un éxito. Pero también un aviso. La fiesta vive un momento de esplendor que no debe ocultar sus debilidades. Mantener el equilibrio entre tradición y adaptación será clave en los próximos años.
Esta ha sido la última celebración con Francisco Vélez al frente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla. El horizonte electoral ya se vislumbra, aunque de momento sin grandes movimientos.
José Roda Peña, actual vicepresidente, aseguraba el Sábado Santo que “no es necesaria ninguna propuesta rupturista”, mientras que Carlos López Bravo, el otro candidato, dejaba abierta en Cuaresma la posibilidad de dialogar con las hermandades de Vísperas de cara a un eventual Sábado de Pasión con presencia en la Catedral.
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