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San Isaías, la aportación de Montserrat al Corpus en su 425 aniversario fundacional

Conocido popularmente como «el Santo del Poyetón», la imagen volverá a procesionar por las calles de Sevilla 95 años después, gracias a la colaboración de las hermandades del Amor y de la Vera-Cruz de Osuna

San Isaías en el paso para el Corpus 2026.

San Isaías en el paso para el Corpus 2026. / Hermandad de Montserrat

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Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Sevilla

Su nombre significa «Dios es salvación» y está considerado el «Príncipe de los Profetas» del Antiguo Testamento. Nacido en una familia principal de Jerusalén en torno al año 765 a.C., todo apunta a que Isaías ben Amoz estaba emparentado con los reyes de Judá y era un hombre de gran cultura. Además, su ministerio profético abarca casi medio siglo y cubre los gobiernos de varios monarcas, Uzías, Jotán, Acaz, Ezequías y Manasés, a los que asesoró como estadista.

También fue poeta, orador y escritor, destacando fundamentalmente por los textos del Libro de Isaías que legó al pueblo hebreo. De este documento, fundamental para los judíos de la época del Segundo Templo de Jerusalén (515 a.C.–70 d.C.) hemos de destacar aquellos pasajes mesiánicos que anuncian la llegada de Jesús. Esta es la razón por la que se le ha denominado «el quinto evangelista». Asimismo, San Isaías es un autor recurrente en las iglesias católica y ortodoxa a la hora de enumerar los Dones del Espíritu Santo, y podemos leerlo en epístolas de San Pablo y Clemente.

El paso de San Isaías a finales del siglo XIX.

El paso de San Isaías a finales del siglo XIX. / Beauchy

Un paso con una palmera

En Sevilla, la devoción a Isaías está íntimamente ligada a la Hermandad de Montserrat, al menos tras su reorganización en la segunda mitad del siglo XIX. El hecho de que su imagen se encargarse para procesionar junto a los Titulares el Viernes Santo demuestra el interés de los hermanos por el profeta. Dicho misterio llevaba el título de La profecía de San Isaías y en él se mostraba al personaje bíblico sentado sobre un monte de riscos.

Concebido más que como paso alegórico al estilo del Triunfo de la Santa Cruz como escena bíblica o veterotestamentaria, esta recoge, según el testimonio de la propia hermandad, el momento en que el profeta escribe la profecía de la venida, pasión y muerte de Nuestro Señor, por lo que este porta en su mano derecha una pluma, mientras que con la izquierda sujeta un pergamino. Para rematar el conjunto, el paso incluía una palmera, elemento que, si bien lo alejaba de la iconografía tradicional —el santo fue martirizado con una sierra—, se enmarcaba perfectamente en el gusto cofrade decimonónico.

El profeta San Isaías tras su restauración de 2012.

El profeta San Isaías tras su restauración de 2012. / Archivo de la Hermandad de Montserrat

De Valencia a Sevilla

¿Y quién fue el autor del San Isaías al que Montserrat llegó a otorgar un lugar de privilegio en nuestra Semana Santa? Pues un autor valenciano llamado Vicente Hernández Couquet, quien tras formarse en su ciudad natal decidió trasladarse a Sevilla, siendo designado profesor de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría en 1854. Aquí, el escultor llevaría a cabo la restauración de la fachada plateresca del Ayuntamiento, realizando las estatuas de Hércules y Julio César.

También son de su autoría los bustos de San Pedro y San Pablo del retablo mayor de la parroquia del Sagrario, los antiguos apóstoles de Montesión (1851), el paso de la Sentencia de la Macarena y la restauración de las imágenes creadas para el mismo por Felipe Morales (1857), y el paso alegórico del Dulce Nombre de Jesús para la Quinta Angustia (1858).

San Isaías en la década de 1880.

San Isaías en la década de 1880. / El Correo

Aunque de todas sus imágenes realizadas para la Semana Santa de Sevilla, hoy solo permanece en la ciudad el San Isaías que talló para la Hermandad de Montserrat por seis mil reales de vellón y que fue estrenado el Viernes Santo de 1861 —al año siguiente, Couquet realizaría para la Hermandad de la Carretería el paso alegórico del Triunfo del Espíritu, que fue modificado posteriormente—.

La Sevilla de los Montpensier

Para completar la obra de Vicente Hernández Couquet, realizada en barro cocido (cabeza, pies y manos) con un candelero de madera, los hermanos de Montserrat decidieron colocarle una túnica blanca de tisú con flores de oro y un manto de terciopelo carmesí bordado asimismo en oro. Ambas piezas fueron realizadas por Patrocinio López, que cobró mil ochocientos cuarenta y cinco reales, si bien, a principios de la década de 1900, fueron sustituidas por unas telas encoladas.

Aquel 29 de marzo de 1861 en que Sevilla descubrió el paso de San Isaías se disponía todo lo necesario para el derribo de la puerta del Arenal, ubicada en la confluencia de las actuales calles Castelar, Harinas, García de Vinuesa, Federico Sánchez Bedoya y Arfe —finalmente la demolición se llevaría a cabo el 3 de mayo de 1861—, la plaza del Salvador era desmontada para dar paso a un nuevo proyecto de Isidoro Heredia Tejada, y volvía a cobrar fuerza la idea de levantar un monumento a San Fernando —este se inauguraría el 15 de agosto de 1924—.

San Isaías en un grabado del siglo XIX.

San Isaías en un grabado del siglo XIX. / El Correo

Merced al apoyo económico de los duques de Montpensier, la procesión de Montserrat brilló más que nunca aquel Viernes Santo. Los nazarenos que precedían al nuevo paso de San Isaías vestían túnicas blancas, cinturón amarillo y antifaz de color carmín en representación de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo. La imagen del profeta iba precedida de romanos a caballo, los cuales se sumaban a la representación de la mujer Verónica, cuya participación en la cofradía se había iniciado en 1859 —en 1865 se incorporaría a la comitiva el personaje de la Fe—.

«El Santo del Poyetón»

Fruto de la gracia sevillana, San Isaías fue apodado «el Santo del Poyetón», tanto por el risco sobre el que iba sentado como por la expresión «sentarse en el poyetón», la cual significaba quedarse soltera. Esta denominación iba aparejada a una leyenda popular según la cual el profeta, cuya cabeza se alza hacia el cielo en busca de inspiración, iba mirando a los balcones en busca de jóvenes casaderas.

Una versión nos cuenta que San Isaías apuntaba en el pergamino los nombres de aquellas muchachas que no contraerían matrimonio, mientras que otra menciona justo lo contrario: en este caso el personaje ejercería de San Antonio israelita y por tanto se encargaría de procurarles marido —dicha variante es recogida por Juan Martínez Alcaide en su libro Imágenes Pasionistas de Sevilla que no procesionan—.

San Isaías únicamente procesionó entre 1861 y 1893, volviendo a salir de manera extraordinaria en 1931. En el año 2012, Rocío Sáez Millán restauró íntegramente la imagen, devolviéndole el esplendor pasado y descubriéndola a un amplio sector de la ciudad. Gracias a la Hermandad de la Vera-Cruz de Osuna, que ha cedido su paso procesional neogótico, y a la Hermandad del Amor de Sevilla, que ha hecho lo propio con la estructura de la palmera de la Borriquita, «el Santo del Poyetón» presidirá un altar del Corpus y regresará a su capilla la tarde de este mismo jueves, acompañado por la Agrupación Musical de la Redención.

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