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El robo de las joyas de la Virgen de los Reyes que conmocionó a Sevilla en 1873

El 1 de abril de 1873, al poco de proclamarse la Primera República, las cerraduras del camarín de la Patrona aparecieron forzadas. El sacristán mayor y los acólitos descubrieron entonces que varias piezas del tesoro habían desaparecido

VÍDEO | ¿Sabías que en 1873 se robaron las joyas de la Virgen de los Reyes?

El robo de las joyas de la Virgen de los Reyes que conmocionó a Sevilla en 1873 / EL CORREO

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Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

Sevilla

Tras la proclamación de la Primera República en febrero de 1873, Sevilla se transformó en el epicentro del regionalismo andaluz. El Partido Republicano presionaba por una descentralización radical, mientras la pujante presencia de anarquistas bakuninistas —inspirados por la Primera Internacional— impulsaba la idea de crear comunas libres y desmantelar el orden establecido.

La situación financiera del Ayuntamiento era desesperada. En un intento por mantener el control de las calles, la administración local creó una milicia de la República, cuyos integrantes cobraban un sueldo de dos pesetas diarias y portaban modernas carabinas traídas de Inglaterra. Lejos de pacificar la ciudad, Sevilla se militarizó desde sus cimientos: se consiguieron baterías de cañones y la población acudió a la Maestranza de Artillería, en las antiguas Atarazanas, para proveerse de armamento.

En este clima de desgobierno, y con la amenaza del General Pavía cerniéndose sobre la ciudad, el tesoro de la Capilla Real quedó desprotegido; una vulnerabilidad que alguien no tardó en aprovechar. El 1 de abril de 1873, martes de Pasión, el sacristán mayor y los acólitos descubrieron que las cerraduras del camarín de la Virgen de los Reyes habían sido forzadas. En el interior, la ausencia de la Corona de las Águilas marcó el inicio de un enigma que, siglo y medio después, sigue sin resolverse.

Corona medieval sustraída en1873.

Corona medieval sustraída en1873. / Museo Nacional de Artes Decorativas

"Atentado sacrílego"

Como bien explica la historiadora del arte Teresa Laguna Paúl, esta presea era una "joya riquísima compuesta de diez y ocho piezas o placas articuladas altas y bajas" que tradicionalmente se vinculaba a Beatriz de Suabia, esposa del rey Fernando III, aunque sus placas caladas y el uso de zafiros y esmeraldas embutidas en cápsulas de oro mostraban en realidad una "gran afinidad con obras centroeuropeas" del siglo XIII.

La noticia del robo se propagó rápidamente por la ciudad. Juan Carrero Rodríguez, el añorado investigador de las cofradías, recoge que la conmoción fue tal que el pueblo "se agolpó en la Catedral para averiguar pormenores del robo", una marea humana de tal magnitud que las autoridades se vieron obligadas a desalojar el templo para poder realizar las primeras diligencias judiciales.

En el lugar del "atentado sacrílego", los investigadores hallaron restos de un puro y un cigarrillo, además de una palanqueta y una lima sorda que todavía conservaba restos de polvo de oro, evidencias de un robo perpetrado con frialdad y conocimiento del terreno. El botín sustraído representaba lo más granado del tesoro de la Patrona, incluyendo el peto de brillantesde Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, y la pluma del Niño Jesús, una joya de oro en forma de águila cuajada de diamantes.

Corona realizada por Manuel González de Rojas en 1889.

Corona realizada por Manuel González de Rojas en 1889. / Teresa Laguna y Catedral de Sevilla

Una nueva corona

Según la profesora María Jesús Mejías Álvarez, la pérdida de estas piezas históricas impulsó a los sevillanos a reaccionar de inmediato, encargándose ese mismo año una nueva pieza a José Lecaroz. Aunque este nuevo diseño intentaba evocar visualmente el perfil o la "cesta" de la desaparecida corona medieval, la precariedad que atravesaba la ciudad obligó a realizar una obra mucho más sencilla realizada en plata sobredorada que se estructuraba en tan solo ocho piezas cinceladas con roleos de acantos calados soldadas a una base de hojas de laurel, careciendo originalmente de cualquier tipo de piedra preciosa.

Y es que, mientras que la joya de Beatriz de Suabia era un relicario histórico de valor incalculable que incluía un águila imperial de diamantes añadida en el siglo XVII, la corona de 1873 nació con un carácter meramente funcional para los cultos diarios. Fue precisamente esta falta de ostentación lo que motivó que, apenas tres años después, los capellanes reales autorizaran una suscripción popular para encargar otra presea de mayor empaque a Manuel González de Rojas.

Manto que lucirá la Virgen de los Reyes este 15 de agosto.

Manto que lucirá la Virgen de los Reyes este 15 de agosto. / Antonio Puente Mayor

En cuanto a la aventura cantonal, hay que decir que desembocó en un baño de sangre. Las tropas del General Pavía accedieron a la ciudad a finales de julio, desatando dos días de duros combates que dejaron un rastro de destrucción en zonas como la Puerta de la Carne y San Bartolomé. Finalmente, el 1 de agosto de 1873, Pavía hacía su entrada oficial, contabilizando cientos de bajas y dejando a una Sevilla exhausta y sumida en el silencio.

El terno de castillos y leones

Este 15 de agosto, Sevilla no vivirá una mañana de tercia cualquiera, ya que se cumple el 80 aniversario de la proclamación de la Virgen de los Reyes como Patrona de la ciudad y su Archidiócesis, un título concedido por el Papa Pío XII en 1946. Esta efeméride recuperará una de las estampas más icónicas de aquel hito, ya que la imagen volverá a lucir el emblemático terno blanco de castillos y leones, el mismo conjunto que vistió hace ocho décadas.

Ajuar confeccionado a partir del vestido de lsabel II.

Ajuar confeccionado a partir del vestido de lsabel II. / Antonio Puente Mayor

Este ajuar nació como un vestido de gala de la reina Isabel II, confeccionado por las hermanas Gilart, bordadoras de cámara de la monarca, y estrenado por la soberana en la solemne apertura de las Cortes el 10 de enero de 1858. Realizado originariamente en raso de seda blanco y enriquecido con profusos bordados de oro, el traje fue donado por la propia reina a la Patrona en 1884 para ser transformado en las prendas destinadas a la Virgen y al Niño Jesús.

La pieza lucirá tras una minuciosa restauración llevada a cabo por los especialistas del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) que ha sido sufragada íntegramente por el Cabildo Catedral dentro de su plan de conservación preventiva para asegurar la pervivencia de sus tejidos, encajes y lentejuelas. Estos trabajos han permitido devolver el esplendor a una obra que ha protagonizado la exposición Per Me Reges Regnant en la Fundación Cajasol.

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