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El Rocío

“Antes nadie sabía lo que era El Rocío. Ahora los americanos preguntan cuándo es”: así se vive la fe a la Blanca Paloma en Carolina del Sur

La asociación rociera impulsada por el alicantino Miguel Coves en el corazón de Estados Unidos reúne cada primavera a cientos de personas llegadas desde distintos puntos del país

Virgen del Rocío de Spriengfield.

Virgen del Rocío de Spriengfield. / El Correo

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Elías Luis Grao

Elías Luis Grao

Huelva

Entre pinares, caminos de arena y centenares de caballos pastando en libertad, una pequeña ermita blanca rompe desde hace más de una década el paisaje boscoso de Carolina del Sur. A su alrededor, cada primavera, se escuchan sevillanas, salves y vivas a la Virgen del Rocío en pleno corazón de Estados Unidos, a más de 8.000 kilómetros de la marisma almonteña.

Allí, en una finca situada en Springfield, un pequeño núcleo rural del condado de Aiken, Miguel Coves lleva catorce años levantando, prácticamente desde la nada, uno de los Rocíos más singulares que existen fuera de Andalucía. Un camino entre bosques americanos inspirado en la romería almonteña donde no faltan ni los simpecados, ni los caballos, ni el salto de la reja, ni siquiera los bueyes tirando de la carreta.

Miguel Coves

Miguel Coves / Elías Luis Grao

Una promesa, el inicio de todo

A comienzos de la pasada década, los médicos le comunicaron a Miguel que apenas le quedaban seis meses de vida. El diagnóstico cayó como un golpe devastador sobre una familia. Sus hijas todavía eran pequeñas y Miguel comenzó incluso a pensar en el lugar donde algún día podrían recordarlo. “Le decía a mi familia: ‘Hacemos aquí detrás de casa una ermita pequeñita, le ponemos una Virgen del Rocío y cuando me muera me enterráis ahí’”, recuerda emocionado.

Carro rociero de Springfield.

Carro rociero de Springfield. / Elías Luis Grao

Aquella idea inicial no nacía todavía como un proyecto de romería ni como una futura hermandad, sino como una forma íntima de dejarle a su familia un lugar donde recordarlo. Mientras tanto, él y su esposa iniciaron una búsqueda desesperada de respuestas médicas. “Nos volvimos topos buscando soluciones”, recuerda. Hasta que una madrugada, navegando por internet casi sin esperanza, encontraron a un especialista que revisó el caso y desmontó el diagnóstico inicial. “No te vas a morir de esto”, le dijo aquel médico.

Ermita de Springfield

Ermita de Springfield / El Correo

Pero aquella experiencia terminó marcando definitivamente su vida. Convencido de que la Virgen del Rocío había tenido algo que ver en aquella recuperación inesperada, decidió cumplir igualmente su promesa. “Le dije a mi mujer: ‘Ya que no me he muerto, voy a hacer igualmente la ermita en honor a la Virgen del Rocío, porque pienso que ella es la que me ha sanado’”.

Un pequeño Doñana en Carolina del Sur

La finca, según relata el propio Miguel, es de lo más parecido al entorno de La Aldea que se pueda encontrar en Estados Unidos. Como si fuera un calco. Arena blanca, pinares, agua, senderos naturales y ciervos atravesando el bosque casi en libertad dibujan un paisaje rociero. “El suelo es arena de playa. Los ciervos corren por allí como si fuera Doñana”, explica con orgullo.

La imagen no resulta exagerada. La propiedad alberga además entre 180 y 200 caballos de pura raza española, una pasión heredada de generación en generación y que terminó conectando a este ilicitano con Andalucía, el flamenco y El Rocío. “Todo el que ama el caballo termina conectado con El Rocío, con Jerez, con Sevilla…”, asegura.

Bueyes

Bueyes / El Correo

Porque aunque hoy viva en Estados Unidos, Miguel sigue hablando de Andalucía como quien sigue hablando de casa. Nació en Elche, pero terminó cruzando el Atlántico por amor después de conocer a quien acabaría siendo su esposa, una mujer estadounidense con la que construyó su vida entre ambos países antes de establecerse definitivamente en suelo americano.

“Viene gente de California, Miami, Nueva York, Chicago, Puerto Rico…”

El primer encuentro se celebró en 2012, incluso antes de que la ermita estuviera terminada. Coincidió con el Día de la Hispanidad y con la festividad de la Virgen del Pilar. Aquel día organizaron una pequeña saca de yeguas simbólica, bendijeron el terreno y levantaron un altar utilizando una enorme piedra de cinco toneladas. Miguel esperaba una celebración íntima. Sin embargo, terminaron reuniéndose cerca de 400 personas. “Y eso que estamos prácticamente en medio del bosque”, destaca.

Esclavina donada por un almonteño anónimo.

Esclavina donada por un almonteño anónimo. / El Correo

A partir de ahí ‘su’ Rocío comenzó a crecer casi sin proponérselo. Primero llegaron amigos andaluces que viven en EEUU. Después comenzaron a sumarse otras familias españolas repartidas por distintos estados del país y, poco a poco, el boca a boca terminó convirtiendo aquella convivencia en una cita anual para muchos andaluces emigrados.

Pero también para numerosos militares estadounidenses destinados durante años en bases militares de Andalucía que acabaron casándose con mujeres andaluzas y manteniendo una relación muy estrecha con la cultura del sur de España. Muchos de ellos descubrieron precisamente allí El Rocío y hoy participan activamente en la romería de Carolina del Sur junto a sus familias. “Viene gente de California, Miami, Nueva York, Chicago, Puerto Rico…”, enumera Miguel.

Una romería americana con salto de la reja

A pesar de que la forma de entender la fe en el país no es parecida a la andaluza, la celebración conserva muchos de los elementos más reconocibles de El Rocío. Todo comienza con una misa rociera cantada por un coro. Hay artistas flamencos y bautizos a los nuevos hermanos. Después llega uno de los momentos más esperados de la jornada: el salto de la reja.

La Virgen sale de la ermita a hombros y comienza un camino de más de una milla entre pinares y caminos de arena. Delante marchan los caballos. Detrás avanzan los simpecados —este año ya acompañados por bueyes tirando de la carreta— y después el resto de peregrinos caminando bajo la sombra del bosque.

Virgen del Rocío de Sprinengfield.

Virgen del Rocío de Sprinengfield. / El Correo

Su camino termina en un claro conocido como “el Valle”, donde se desarrolla la convivencia durante el resto del día. Allí la Virgen preside el encuentro desde una pequeña colina mientras alrededor se mezclan sevillanas, comidas compartidas y largas sobremesas bajo los árboles..

Levantar un Rocío así en Estados Unidos, sin embargo, no resulta sencillo. Miguel reconoce que una de las principales dificultades continúa siendo la relación con la Iglesia estadounidense. “Aquí no entienden lo que es el Rocío”, admite frustrado. Tras duras negociaciones y varios intentos, no ha conseguido cerrar a un párroco para la romería hasta cuatro días antes. A pesar de todo, Miguel y su grupo no se rinden y continúan con los designios de la Blanca Paloma.

“Antes nadie sabía lo que era El Rocío. Ahora los americanos preguntan cuándo es”

Por todo ello, Miguel vive con especial emoción todo lo que rodea a la Reina de las Marismas. Este año, por ejemplo, la Virgen estrenará una esclavina del siglo XVIII donada anónimamente desde Almonte. Cuando la recibieron y se la colocaron por primera vez a la imagen, cuenta Miguel, “parecía hecha exactamente para ella”. Poco después consiguieron también una antigua vitrina española perfecta para custodiarla dentro de su ermita, una sucesión de casualidades que él interpreta simplemente como pequeñas señales de la Virgen.

Más allá de la propia romería, Miguel Coves lleva años convirtiéndose también en una de las figuras más activas en la difusión de la cultura española en Carolina del Sur. Es fundador de la Casa de España del estado y actualmente ejerce como cónsul honorífico de España en la zona, una labor desde la que continúa impulsando tradiciones, costumbres y vínculos culturales con Andalucía.

Y entre todas esas tradiciones que ha intentado mantener vivas lejos de casa, ninguna ocupa un lugar tan importante como El Rocío. “Antes casi nadie sabía lo que era El Rocío. Ahora los americanos preguntan cuándo es”, asegura.

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