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Sevilla

Vecinos de Nervión plantan cara al Sevilla y la reforma del Sánchez-Pizjuán: "Siento los colores pero mis calles están por encima"

Las asociaciones vecinales de Gran Plaza, Nervión Este y Ciudad Jardín se posicionan en contra del proyecto porque creen que se va a saturar el entorno y van a tener más veladores y locales comerciales en la plaza del estadio

Recreación del futuro estadio del Sevilla FC, el nuevo Ramón Sánchez-Pizjuán

Recreación del futuro estadio del Sevilla FC, el nuevo Ramón Sánchez-Pizjuán / Sevilla FC

Rafa Aranda

Rafa Aranda

Sevilla

Las asociaciones vecinales de Gran Plaza, Nervión Este y Ciudad Jardín, junto con la plataforma Barrios Hartos, han decidido alzar la voz de forma conjunta contra el proyecto de ampliación del estadio del Sevilla FC. A su juicio, lo que se presenta como una modernización técnica supone en realidad "una amenaza directa para la calidad de vida de quienes residen a diario en la zona y supone, además, una pérdida irreversible de patrimonio público". Los colectivos vecinales sostienen que la iniciativa no solo amenaza con saturar aún más el entorno, sino que también consolida un modelo de ciudad que antepone el consumo al descanso y a la convivencia en el barrio.

Uno de los puntos que más inquietud genera entre los vecinos es la llamada "gran plaza pública peatonal y sombreada" anunciada en el proyecto. Las asociaciones consideran que esa promesa carece de garantías reales y alertan de que, una vez salga adelante el plan, ese espacio pueda acabar ocupado por veladores. "Los vecinos necesitamos un lugar donde pasear y descansar sin la obligación de consumir; un derecho que el proyecto de ejecución actual no blinda en absoluto", señalan. En esa misma línea, rechazan que el futuro del entorno pase por convertirse en "un centro comercial al aire libre" y reivindican, por el contrario, un barrio habitable, recordando que la zona ya soporta una oferta de ocio que consideran saturada, con bares, comercios, veladores y grandes superficies como Nervión Plaza o El Corte Inglés.

Las entidades también muestran su alarma por el hecho de que el control de esta superficie pueda quedar en manos privadas. Subrayan que la ocupación de más de 10.000 metros cuadrados de suelo calificado como SIPS, es decir, Servicio de Interés Público y Social, se traduciría en la práctica en una privatización de terrenos que, a su entender, deberían destinarse exclusivamente a satisfacer necesidades de la comunidad.

Otro de los ejes de la protesta vecinal se centra en la pérdida de suelo verde. Las asociaciones rechazan de plano la posibilidad de "compensar" esa merma con terrenos situados en la Carretera de Utrera, una opción que califican de burla. Insisten en que el principio de proximidad urbanística obliga a que el beneficio ambiental revierta precisamente en quienes padecen de forma directa el impacto de la obra. "De poco le sirve a un abuelo de Eduardo Dato que el aire sea más puro en Montequinto mientras su calle se convierte en una isla de calor", denuncian. En su opinión, esa deslocalización de las zonas verdes dejaría a Nervión especialmente desprotegido frente al aumento de las temperaturas y la contaminación.

Para los colectivos, el rediseño del entorno amenaza además con sepultar una oportunidad histórica: la de transformar esos 10.000 metros cuadrados en un auténtico pulmón verde para Sevilla. Denuncian que hasta ahora las administraciones han condenado esa parcela al olvido y a un uso residual. Como ejemplo de la realidad social de la zona, apuntan al pequeño parque infantil colindante, que aseguran está siempre desbordado, y a la saturación de los columpios en Nervión Plaza. Frente a ello, defienden que el barrio no necesita más asfalto, sino espacios más humanos, con arbolado maduro y capacidad para ofrecer respiro a las familias.

La controversia, señalan, ha penetrado incluso entre los sevillistas más fieles. Muchos socios del club se ven, según explican, ante la disyuntiva de defender a su equipo o proteger su hogar y su barrio. “Yo soy aficionado y abonado del Sevilla de toda la vida, pero una cosa es el fútbol y otra que me destrocen el barrio”, afirma un socio residente en la zona. "Siento los colores como el que más, pero mis calles están por encima de una operación comercial", añade.

Desde las asociaciones insisten en que su postura no es una oposición al Sevilla FC, sino al modelo urbano que, a su juicio, encarna esta actuación. Miguel, presidente de la Asociación de Vecinos Nervión Este, lo resume de forma tajante: "No estamos en contra del Sevilla FC, estamos en contra de un modelo que prioriza los ingresos económicos frente a la salud". Por su parte, Águeda, presidenta de la Asociación de Vecinos de Gran Plaza, subraya que "invertir en megainfraestructuras no puede hacerse a costa de los espacios públicos". A ello se suma la asociación La Esperanza, de Ciudad Jardín, que reclama "garantías reales y por escrito de que los 10.000 metros de suelo público será para una zona verde de libre acceso para el ciudadano".

Con este escenario, las entidades que representan a las familias de Nervión cierran filas en torno a una petición concreta dirigida tanto al Ayuntamiento como al club: la suspensión del plan actual. Reclaman una revisión y adecuación del proyecto para dar forma a un modelo que integre de manera armónica al Sevilla FC con su entorno y que no sitúe la rentabilidad económica por delante de la habitabilidad. A juicio de los vecinos, el futuro de Nervión no puede negociarse a costa de la calidad de vida de quienes viven en el barrio.

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