Palacio de Gandul, un lóbrego y perdido enclave
Único lugar habitado del despoblado de Gandul, resiste peor que bien el tenaz paso del tiempo

Palacio de Gandul, un lóbrego y perdido enclave / Ismael G. Cabral
Ismael G. Cabral
Nadie viene por casualidad hasta aquí. Ubicado a apenas 20 kilómetros de Sevilla, en la autovía de Málaga y en el término municipal de Alcalá de Guadaíra; ahí es donde se alza el Palacio de los Marqueses de Gandul, coronando un fantasmal despoblado del mismo nombre del que hoy parece no acordarse nadie. Fue un municipio hasta 1840, cuando la escasez de vecinos llevó a Gandul a ser absorbido por Alcalá. Desde entonces el paso del tiempo se ha cebado de forma implacable con el lugar tumbando casas, permitiendo que la mala hierba engulla (literalmente) viviendas –entre ellas, la posada donde durmió el escritor de Cuentos de la Alhambra, Washington Irving, y que quedó retratada en el libro–, enmarañando caminos e imprimiendo a toda la zona un espeso aire lóbrego.
Sorprende que en este contexto el Palacio de los Marqueses de Gandul, levantado en lo alto de un promontorio, se alce todavía hoy como (prácticamente) el único lugar habitado en el lugar. No admite visitas y su guardián, no especialmente cordial, siempre parece estar presto en indicar a los curiosos que los terrenos abiertos que lo circundan son privados y, por tanto, ni tan siquiera pueden ser transitados. Esta casa palaciega construida a principios del siglo XVII se mantiene como puede en pie. Parte de sus estancias permanecen cerradas a cal y canto y su gran patio lateral es un fortín impracticable de maleza. El Palacio resiste a duras penas, flanqueado por un pequeño barranco erigido en un barrizal lleno de basura por el que serpentea un caudal de agua de dudosa procedencia.
«Visitamos el palacio. Todo estaba en decadencia; sólo había dos o tres habitaciones habitables y muy pobremente amuebladas. Sin embargo allí estaban los restos de pasadas grandezas: una terraza, donde hermosas damas y nobles caballeros pudieron haber paseado alguna vez; un estanque y un abandonado jardín, con un emparrado y palmeras datileras». Así lo describió el ya citado Irving en el siglo XVIII. Hoy todavía podemos admirar el estanque, junto a la entrada principal, en un jardín considerablemente más cuidado que el resto del conjunto exterior, aunque los desconchones de la pintura y la grisura de los adoquines se empecinen en otorgar una patina de relato gótico a la estampa arquitectónica.
Mandado a construir originariamente por la familia de hidalgos guipuzcoana Martínez de Jaúregui, esta segunda residencia no fue habitada de forma estable hasta el siglo XIX cuando el palacio fue rehabilitado. Es un edificio protobarroco en el que se combinan espacios residenciales privados con zonas de servicio y varios jardines. En los 70 del pasado siglo una restauración eliminó las cubiertas de teja sustituyéndolas por azoteas planas y pretiles almenados lo que rompió con la primigenia silueta del inmueble, mucho más imponente que la actual.
Centro neurálgico que una vez fue de la explotación agraria que rodea al Palacio; la propiedad se extendió hasta la finca colindante –Los llanos de Gandul– en cuyo interior se halla la antigua parroquia de Gandul, consagrada a San Juan Evangelista y bajo cuya capilla mayor se ubicó la cripta que acoge el panteón familiar de los marqueses. Altos muros siguen protegiendo un lugar cuyas puertas vemos hoy clausuradas por ladrillos y cemento. Tampoco es penetrable la Torre de Gandul, una construcción que domina el despoblado desde la coronación del escarpe, sobre el palacio. Durante la Guerra Civil una compañía de la unidad de transmisiones de la Legión Cóndor se halló destacada en la finca de Gandul. Los alemanes instalaron una antena de radio en la torre y mientras permanecieron allí utilizaron varias estancias del palacio como cuartel. Catalogados el palacio, la torre y la iglesia como Bien de Interés Cultural en 1985 su actual situación y la práctica prohibición de conocer un emplazamiento con enorme valor histórico constituyen un debe en las instituciones públicas implicadas en remediar que esto no siga siendo así.
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