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Mario Niebla del Toro: historia de una devoción

Fotografía: Instagram

Fotografía: Instagram / Gabriel Ramírez

Gabriel Ramírez

El pasado 26 de noviembre Mario Niebla del Toro tomó posesión del cargo de Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de la Macarena. Fue en la Parroquia de San Gil Abad, llena a rebosar para asistir al juramento de 17 hermanos ante el Bendito Simpecado.

Mario Niebla del Toro y Carrión es un hombre singular. No esconde sus devociones. Ni siquiera esas cosas que pudieran parecer debilidades. Es muy buen conversador.

Comenzamos a charlar y le pido que me diga quién es Mario Niebla del Toro y Carrión.

‘Pues es un superviviente, un hombre con espíritu de niño que sigue soñando y que sigue enamorado de su ciudad; es un periodista; es un relaciones públicas enamorado de Andalucía; y también es empresario aunque es con lo que menos se siente identificado. A través del mundo de la empresa ha conocido a mucha gente y eso le ha permitido crecer como persona, pero es lo que menos le hace sentir él mismo. Ese es Mario’.

Para llegar a ser lo que somos hemos dejado atrás muchas ilusiones, mucha parte de lo que fuimos en un tiempo que recoge todo el recuerdo. ¿Me puedes resumir brevemente la tuya?

‘Mi vida ha sido un continuo reajuste y una continua transformación desde la niñez. Fui un niño muy inquieto y siempre supe que no había nacido para ser uno más de la manada sino para crear mi propio rincón en el mundo’.

Mario no está casado, no tiene hijos ni los desea. Se conforma con un perrito que se llama Nodo y con un caballo que se llama Borbón. Le pido que me hable de sus padres, de lo que han ido sumando en sus cimientos.

‘Mi padre me ha enseñado todo lo que soy en la vida; y mi madre me ha enseñado todo lo cotidiano, de hecho soy una extensión de ella en el vestir, en el comer, en el tratar, en dar los buenos días y las gracias, en pedir perdón, en no coger el primero de la bandeja si estás de visita, en pedir ‘por favor’ cualquier cosa y en ser agradecido con la vida. Las grandes aristas de la vida fueron mostradas más por mi padre, esos valores principales que ha de tener un hombre como ir con la verdad por delante aunque no convenga, mirarse al espejo y encontrarse a uno mismo y si no es así pelear para que sí lo sea, ser honrado, poder dormir a pierna suelta... todo eso me lo enseñó mi padre. Soy una mezcla de los dos porque son luchadores, grandes corredores de fondo, dos personas que han sabido educarme en la fe. Mi padre dice que no sabe rezar aunque es un gran cristiano. Ha rezado mucho, a su manera, debajo de los pasos de Sevilla. Ha sido costalero de muchas cofradías sevillanas. Mi madre ha rezado mucho. Siempre dice que aún no sabe cómo es posible que no se haya quedado embarazada de San Judas Tadeo puesto que cada noche se acuesta con él. Es una mujer de Iglesia, nada mojigata y con buen sentido del humor. Siempre sabe a quién rezar. Cree profundamente en la Providencia y en San Judas Tadeo que, por cierto, es el santo de la familia’.

Mientras va hablando de sus padres, Mario utiliza un timbre de voz emocionado y tremendamente respetuoso, orgulloso.

Le pido que me hable de su nuevo cargo en la Hermandad del Rocío de la Macarena. El timbre, ahora, resuena ilusionado.

‘Ser Hermano Mayor de la Hermandad del Rocío de la Macarena, representa mi barrio, mi fe, mi familia; es el mayor honor que he tenido en mi vida porque en ese cargo va la historia de mis abuelos, la historia de amor de mis padres que se conocieron un Viernes Santo por la mañana en la Macarena; mi devoción absoluta por la Virgen del Rocío (devoción elegida puesto que ella me eligió a mí y yo a ella). Por tanto representa un resumen de mi identidad en sentido religioso y humano. Esto es liderar el barco de una devoción, el de los hermanos del Rocío de la Macarena, teniendo la responsabilidad de trabajar por la hermandad en su financiación, en su gestión, en sus mejoras, en la coordinación del trabajo de las obras asistenciales para que se beneficien de ello los que más lo necesitan del barrio. En definitiva, representar lo que debe ser un hombre o una mujer del Rocío de la Macarena, cristianos de nuestro tiempo, comprometidos con su entorno y con fidelidad a la Virgen’.

¿Dónde está Dios?

‘En todas las personas incluso en las que no te caen bien, porque en ellas se refleja el perdón a través de Dios. Por supuesto, en las que te gustan está; en ellas queda demostrado que la vida es un camino lleno de generosidad y que nuestro paso por el mundo corresponde a la construcción de esa senda que se llena de valores. Dios está en la habitación de un hospital, en el amigo que necesita que se le escuche, en un te quiero a tiempo... Lo mismo está en un tanatorio que en un bar de copas si estás con un amigo al que le pasas un brazo por encima y le dices que no se preocupe que estás allí para acompañarle’.

La conversación fluye y el tiempo va siendo escaso. ¿Qué querías ser de pequeño?

‘Torero. Y el caso es que no he dejado de torear en mi vida. ¿Qué es si no esto de vivir? Es templar, es un pase de pecho, es una cornada de la que debes reponerte... Mientras los niños jugaban al fútbol, yo andaba toreando en la plazoleta de mi barrio. Pero a los 18 años supe que no tenía las cualidades necesarias para dedicarme al toreo. Los toreros son elegidos. Dios tiene una brocha para repartir talento, y salpica a unos y otros, pero sólo al que le cae el goterón grande es el que puede llegar a torear y dedicarse por completo a ello. Con 18 años comencé a estudiar periodismo. Más tarde, me especialicé en el protocolo y en las relaciones públicas, fundé mi revista y han ido pasando miles de cosas que me han traído hasta aquí’.

¿Y de mayor qué quieres ser?

‘Es que yo no quiero ser mayor’.

Ya, pero no le queda otra, mi querido amigo.

‘Pues quiero ser una persona sosegada, serena y con la conciencia tranquila por haber hecho todo lo posible para ayudar a los demás. Quisiera llegar al epílogo de mi vida con un libro de lomo grande, lleno de capítulos ricos y con las miserias propias de la vida resueltas de una forma digna. Ojalá llegue al final habiendo honrado a mis padres y a la ciudad que me ha visto nacer’.

Nos decimos un hasta luego que suena a pronto nos debemos ver para seguir con la conversación. Y el sol queda brillando un poco más alto que hace unos minutos. Son las doce del mediodía, así que en lo más alto.

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