Procesión Magna

De la 'fiebre amarilla' a la Magna: un paseo por la historia de las procesiones extraordinarias

Desde que el Gran Poder y el Cachorro salieran en rogativas por la fiebre amarilla, las hermandades han protagonizado innumerables procesiones extraordinarias. Repasamos las más significativas

Imágenes de procesiones magnas por las calles de Sevilla.

Imágenes de procesiones magnas por las calles de Sevilla. / Archivo El Correo

Antonio Puente Mayor

Antonio Puente Mayor

El próximo 8 de diciembre de 2024, Sevilla culminará el segundo Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular con una procesión magna que partirá de la Puerta de Palos de la Catedral a las cuatro y media de la tarde y discurrirá por espacios como la Puerta de Jerez, la Avenida de Roma y el Paseo de las Delicias, hasta desembocar en el Paseo Colón a la altura del Puente de Triana. El cortejo, que incluirá grandes devociones de Sevilla y su provincia, estará formado por Nuestra Señora de los Reyes, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, Nuestra Señora de Setefilla, Nuestra Señora de Valme, Nuestra Señora de Consolación, Santísimo Cristo de la Expiración, Nuestra Señora de la Esperanza de Triana y Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.

Pese a tratarse de un acontecimiento único, no es la primera vez que la ciudad asiste a una procesión de este tipo, pudiendo hallarse antecedentes desde inicios del siglo XIX. El primer gran modelo de procesión magna lo encontramos en 1800, un año complicado para la España de Carlos IV en el que no faltaron enfrentamientos contra los británicos, un conflicto con Rusia y la cesión del territorio norteamericano de Luisiana a nuestros vecinos franceses. Eran tiempos de guerra, pero también de creadores irrepetibles como Beethoven y Goya, quienes supieron aportar belleza, y sobre todo esperanza, a un contexto de lo más convulso.

Nazarenos en septiembre

En el caso de Sevilla, la antesala del siglo XIX estuvo marcada por una epidemia de fiebre amarilla que arrasó con un tercio de la población. Conocida como ‘vómito negro’, su origen se situó en Cádiz, debido a la llegada de un barco procedente de América en agosto de 1800. Los primeros episodios se dieron en Triana y de ahí saltaron a los Humeros, para después expandirse por toda la ciudad. El franciscano Juan Francisco Muñoz, clavero del convento de Santa Inés, refiere que la trianera parroquia de Santa Ana se llenó de cadáveres, siendo necesario tabicar sus ventanas y bóvedas para contener la fetidez. Dado que el número de fallecidos no dejaba de crecer —hasta 460 al día en una ciudad de 81.000 habitantes— fueron cerradas las puertas de Sevilla, se prohibieron las representaciones de teatro y se obligó a los presos a enterrar a los muertos. Asimismo las hermandades organizaron múltiples procesiones rogativas, arrancando los cofrades del Gran Poder y del Cachorro, el 7 de septiembre, y continuando el Nazareno de la O al día siguiente. Una de las estampas más curiosas la protagonizaron las hermandades de los Panaderos y la Cena, el 12 de septiembre, ya que sus hermanos salieron vestidos de nazarenos con cirios, según recogen historiadores como Bermejo y González de León. En los días siguientes, los sevillanos tendrían ocasión de rezarle al Señor de San Isidoro, las Vírgenes del Valle y de Todos los Santos o los Cristos del Amor y de San Bernardo, cerrando la nómina el Santo Crucifijo de San Agustín. Finalmente, y como explica Rocío Plaza Orellana en su libro Los orígenes modernos de la Semana Santa de Sevilla (El Paseo, 2018), «el cese de la enfermedad se celebró el 23 de noviembre con el primer Te Deum en la catedral».

La Soledad de San Lorenzo en las Misiones Generales de 1965

La Soledad de San Lorenzo en las Misiones Generales de 1965 / Archivo El Correo

Congreso Mariano Hispano Americano

Con el paso de las décadas, las procesiones extraordinarias se incrementarán, arrancando el Cristo del Calvario en 1900 —el objetivo era celebrar el cambio de siglo y proporcionar la obtención del jubileo— y continuando la Virgen de la Presentación, que salió en el paso de la Virgen del Rosario de la Macarena con motivo de una visita real. Asimismo, en 1906 y 1907, los titulares de la Hermandad de la Mortaja realizarían sendas procesiones durante la Velá de Santa Marina, y en 1908, la Esperanza Macarena haría lo propio para conmemorar el primer centenario de la Guerra de la Independencia. Dicha imagen volvería a protagonizar hitos extraordinarios en 1939, con motivo de la finalización de la Guerra Civil —el Gran Poder y la Esperanza de Triana salieron a la calle por el mismo motivo—, y 1941, año de colocación de la primera piedra de su basílica. También hubo pasos en la calle con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929; Aníbal González, su arquitecto director, mantenía relación con la Hermandad del Cachorro desde que se le pidiera opinión sobre el canasto del Cristo realizado una década atrás. La Virgen del Patrocinio fue una de las invitadas a participar en la Exposición Mariana organizada entre octubre y noviembre de 1929 en la Iglesia del Salvador como complemento al Congreso Mariano Hispano Americano celebrado en mayo. Esta reunió a diversas imágenes de Sevilla y su provincia, como la Virgen de la Oliva de Lebrija y la Inmaculada de Martínez Montañés del convento de Santa Clara, figurando asimismo los pasos de la Esperanza de Triana, Amargura, Gracia y Esperanza y Victoria de las Cigarreras.

El fenómeno de las coronaciones canónicas

En 1946, y con motivo de la proclamación de la Virgen de los Reyes como patrona de Sevilla y la Archidiócesis, los cofrades pudieron asistir a una nueva procesión magna. Esta tuvo lugar el 23 de noviembre, siendo el epicentro de la celebración el Ayuntamiento. El cortejo incluyó a la Virgen del Pilar, la Reina de Todos los Santos, la Virgen del Amparo, la Macarena, la Virgen del Valle y la Amargura. La anécdota de aquella jornada fue que las dolorosas salieron sin palio, portando la Virgen de San Juan de la Palma los candelabros de Nuestro Padre Jesús del Silencio en el Desprecio de Herodes.

La Esperanza de Triana en la Velá de 1923

La Esperanza de Triana en la Velá de 1923 / Archivo El Correo

En cuanto a la Virgen del Valle, protagonizó la misma estampa que en 2022, saliendo de la Anunciación con la corona apuntando al cielo, mientras que la Macarena fue portada por sus hermanos desde su antigua sede, la parroquia de San Gil, que por entonces acogía al Cristo del Desamparo y Abandono. De nuevo pisó la calle de manera extraordinaria la Macarena en 1964 con motivo de su coronación canónica, y en 1971 para recibir la Medalla de Oro de la ciudad. Y lo volvería a hacer en 1989, por el 25 aniversario de la coronación; en 1995, por el IV centenario de la fundación de la hermandad; y en 2010, por la beatificación de Madre María de la Purísima.

En la otra orilla, la Virgen de la Estrella saldría con motivo de la Velá de 1921, siendo acompañada por la Esperanza de Triana, que repitió en 1923. Asimismo la Reina de la calle Pureza procesionó de manera extraordinaria en 1950, con motivo de la Proclamación del Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen a los Cielos en Cuerpo y Alma; y en 1965, por las Misiones Generales. Ese año fueron cincuenta y cinco las hermandades que participaron en el evento impulsado por el cardenal Bueno Monreal; de la Hiniesta a la Soledad de San Lorenzo, pasando por Santa Genovena, el Dulce Nombre, el Baratillo o Pasión. Las otras salidas extraordinarias de la Esperanza de Triana tuvieron lugar en 1983, por su coronación canónica —fue la única de las coronaciones sevillanas «concedida directamente por la bula de un papa», según cuenta Monseñor Giovanni Lanzafame en su reciente obra La coronación de la Virgen en Sevilla (Almuzara, 2024)—; en el 2000, para conmemorar el cincuenta aniversario de la Proclamación del Dogma de la Asunción; y en 2009, con motivo del 25 aniversario de su coronación. A las dos Esperanzas se unirían el resto de dolorosas e imágenes de Gloria que fueron coronadas en la ciudad —dieciocho y ocho respectivamente— y un gran número de Titulares que celebraron efemérides, de ahí que el listado de procesiones extraordinarias sea tan rico como heterogéneo.