Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

QUE NO TE FALTE CALLE

Más allá de la Pantoja está la calle de El Tardón que concentra la identidad de un barrio obrero

Una de las últimas paradas de Triana es una vía donde se encuentran los primeros pisos VPO que se construyeron en la década de los 50 para la clase trabajadora de la capital andaluza

Vídeo | El barrio de El Tardón, la identidad de un barrio de obrero y de numerosos artistas

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

Rocío Soler Coll

En Sevilla hay una calle al otro lado del río que es un oasis. Los gorriones cantan desde primera hora de la mañana y las señoras mayores salen por la puerta de su casa impulsándose con un andador o agarrando con fuerza una clásica cesta de la compra. Dicen los vecinos de El Tardón que aquí la luz "se refleja diferente" y la banda sonora de su día a día suena a saludos en el aire, carcajadas en el bar La Eva y conversaciones eternas en el quiosco de Cari.

Lo cierto es que esta calle es conocida por ser el hogar que vio crecer a Los Morancos, Lole y Manuel, Isabel Pantoja y Chiquetete. Sin embargo, su ambiente familiar es una muestra de que Carmen y Lola, dos vecinas de más de 60 años que llevan toda una vida aquí, son tan queridas entre sus vecinos como quienes han sido homenajeados con un azulejo en las puertas de los bloques donde nacieron.

Una vecina espera frente a la puerta de su casa, bajo el azulejo en honor a Los Morancos.

Una vecina espera frente a la puerta de su casa, bajo el azulejo en honor a Los Morancos. / Rocío Soler Coll

La calle Juan Díaz de Solís es una de las vías protagonistas de este barrio trianero, donde los bares son el punto de encuentro, la farmacia -recién reformada- es motivo de orgullo y el colegio Alfares, el escenario de los recuerdos de la infancia de mayores y jóvenes.

En esta vía permanecen "intactos" los primeros bloques de pisos que se levantaron en la capital andaluza hace más de 70 años por el Instituto Nacional de Vivienda, lo que hoy entenderíamos como Viviendas de Protección Oficial (VPO).

Los inquilinos que llegaron a estos pisos de entre 40 y 70 metros cuadrados dejaron sus vidas en los pueblos y se trasladaron junto a sus familias hasta la capital andaluza para trabajar en las fábricas de cerámica que estaban prosperando en la zona. Desde ese entonces, su estado estaba visiblemente deteriorado hasta hace dos meses, cuando "por fin" la repavimentaron y pintaron las señales de estacionamiento para los coches.

Tres vecinos toman una cerveza al mediodía en el Bar de La Eva.

Tres vecinos toman una cerveza al mediodía en el Bar de La Eva. / Rocío Soler Coll

"Ahora está mucho más bonita, pero da igual, porque cuando dejas de vivir aquí, lo echas de menos todo, hasta el sonido de los pájaros", dice Carlota, una vecina que dejó esta calle al casarse y que, con el tiempo, ha regresado junto a sus hijos.

La identidad de un vecindario orgulloso

Carmen lleva 45 años viviendo al final de la calle y, según ella, es "muy feliz" aquí. "El ambiente es particular. Poco a poco hacemos amistades y en la mesa de un bar puedes ver a personas de 97 años desayunando con gente de 60 y con niñas de 30 y pico, todos en una conversación directa y simpática", explica.

Ella jamás se moverá de esta calle, donde sus padres le enseñaron a saludar a su vecino, aunque no lo conociera, y a ofrecerle su ayuda para lo que pudiera necesitar. "Venimos de una esencia que nos han inculcado nuestros padres y que va de familiarizarse con el entorno, donde la educación y la ayuda a las personas es muy importante", señala su hermana Lola, con quien Carmen pasea en dirección a la frutería a media mañana.

Una vecina se toma un café en la calle Juan Díaz de Solís.

Una vecina se toma un café en la calle Juan Díaz de Solís. / Rocío Soler Coll

Para ellas, destacan, esta relación entre los vecinos de su calle va más allá de la solidaridad, es algo que "sale de dentro", insiste Lola señalándose el pecho con la mano. "Quizás es porque en aquella época, hace 60 años, la gente necesitaba esa ayuda, éramos todos humildes", añade Carmen.

Desde las 5 de la mañana hasta las 11 de la noche hay un bar en esta calle que sirve desayunos, comidas, cenas y tropecientas cervezas y cafés todos los días del año. Eva, la propietaria que da nombre al local, lleva desde los 17 años en su rincón que hace esquina con la calle Sebastián Cabot. "A mí me da la vida la gente mayor, a ellos no les falta arte ni gracia", cuenta sobre sus clientes más fieles mientras trastea la máquina de café. Su idioma con la clientela es a base de "¿Qué te falta?", "¿Te pongo otra?", "¿Cómo está mi Paco?", y muchos "¡Hasta mañana!".

A este clásico negocio le acompaña desde hace apenas 10 meses una tienda de ropa que regenta una joven vecina. "Vivo justo en el bloque de enfrente", dice María. Este es el único local en todo el tramo que vende batas de flamenca y picos, complementos de todo tipo y ropa para el día a día. "Esto es un pequeño pueblo donde todos nos conocemos, una vez que entras es muy difícil salir", reconoce con una sonrisa en el rostro.

Los padres de Gabriel abrieron en el 87 una tienda de regalos que después heredaría él. Piezas de porcelana, medallas de plata, despertadores y muchos relojes son algunos de los productos que se encuentran en este concepto de tienda ahora ya en peligro de extinción. "Creo que conozco al 60% de mis clientes y si hay una fiesta a la que están invitados, me aseguro de que nadie repita el regalo", reconoce el vendedor.

El nuevo pavimento y la señalización de las plazas de parking de la calle Juan Díaz de Solís.

El nuevo pavimento y la señalización de las plazas de parking de la calle Juan Díaz de Solís. / Rocío Soler Coll

Enfrente del local de Gabriel, una joven vecina pasea con su perro por la calle. María Ángeles tiene 29 años y lleva toda la vida en Juan Díaz de Solís. No porque todavía no se haya independizado -porque sí lo ha hecho-, sino porque en cuanto pudo decidió comprarse una casa a escasos metros de la de sus padres. "Mi novio siempre me lo recuerda, no le di opción, lo tenía claro y no me arrepiento, es lo mejor que me ha podido pasar", asegura.

Los precios y el turismo crecen en El Tardón

Esta calle, al igual que el resto del barrio, también está experimentando poco a poco las consecuencias del auge del turismo en la ciudad. A pesar de que aquí el turista no suele llegar cuando pisa Triana, cada vez hay más pisos turísticos en la zona. Sin embargo, el estilo de vida de los vecinos hace de muro de contención del ritmo frenético que imponen las prisas de una gran ciudad y el turismo de la zona monumental.

Cari, una vecina de El Tardón y propietaria del único quiosco abierto en la calle Juan Díaz de Solís.

Cari, una vecina de El Tardón y propietaria del único quiosco abierto en la calle Juan Díaz de Solís. / Rocío Soler Coll

El precio al alza de las viviendas posibilita que llegue una población más joven, que puede permitirse pisos a precios de mercado porque tienen nóminas, pero expulsa de la zona a los antiguos inquilinos de renta antigua. Con todo, la subida desbocada de precios desde hace unos cinco años en este barrio también preocupa a sus vecinos por las consecuencias a la larga. "Los pisos son exactamente iguales que cuando se construyeron, pero si hace cuatro años vendían por 125 mil, ahora llegan hasta 180 mil", sostiene Juan Jesús, el agente inmobiliario de Tecnocasa encargado de los pisos de esta vía.

El fervor por San Gonzalo

Aunque técnicamente la Parroquia de San Gonzalo esté en el barrio León, aquí la devoción por el Cristo de Su Soberano Poder ante Caifás y la Virgen de la Salud es un nexo entre los vecinos. "El fervor es muy profundo", dice una vecina que desayuna en el Bar La Eva. "Yo hice la primera comunión en San Gonzalo y desde entonces siento que la Virgen de la Salud me lo ha dado todo sin que yo le haya pedido nada", añade otra señora con la voz quebrada por la emoción. Al preguntar por esta hermandad, las respuestas se trufan de suspiros, exclamaciones y miradas empañadas.

A pesar de que esta calle invita a quedarse, un paseo es suficiente para caer en la cuenta de que Juan Díaz de Solís no ha dejado que el paso del tiempo trastocara la forma de vivir de sus vecinos, los mismos que colman de identidad una calle que fue construida para que ellos la habitaran.

Tracking Pixel Contents