La Plaza Nueva fue Sant Jaume y la Alameda, la Puerta del Sol
Las dos aficiones se dividieron durante la jornada y protagonizaron algunas escenas de tensión aunque sin enfrentamientos graves entre ellas.

Victoria Flores
Esta final de la Copa del Rey de Sevilla era distinta a las anteriores. El primer clásico Madrid-Barça tenía sin duda un atractivo especial y concedía una mayor proyección a la ciudad de Sevilla. Pero el ambiente era más complejo. Son dos aficiones que se reparten realmente por todo el país y por todo el mundo, y acostumbradas a vivir finales de distintas competiciones. De ahí que para muchos el comentario generalizado desde la tarde del viernes fuera que había un ambiente muy distinto a otros años.
Muchas familias, parejas o grupos de amigos empezaron a llegar a la ciudad desde el viernes, aunque el grueso de los desplazamientos se produjo el mismo sábado por la mañana. Fue entonces cuando Santa Justa se colapsó con la llegada de los vehículos especiales de una y otra afición. Las prioridades de las aficiones estaban claras: la presencia fue masiva en las calles del Centro y Triana.

Llegada de aficionados a Santa Justa / David Arjona / EFE
La afición del Barcelona era visiblemente más numerosa. En las calles de Triana, donde almorzó la directiva de Joan Laporta, se escuchaba el himno del Barcelona con frecuencia. En San Jacinto, en el Paseo de la O o en el Altozano. Eran mayoría frente a unos madridistas que aunque también se podían ver eran menos ruidosos y numerosos. El ambiente, no obstante, era bueno. Con la excepción de los ultras, era fácil ver bares con camisetas del Madrid y el Barcelona, mezcladas, por ejemplo en el Paseo Colón.
"Te doy 50 euros si le cambias tu camiseta del Madrid al del Barça" bromeaba un camarero en un bar de Triana con dos grupos de aficionados. Estuvieron a punto. Hasta que irrumpió una joven con una camiseta del Betis y todos empezaron a aplaudirla.
Pero conforme fueron pasando las horas, el buen ambiente se fue complicando. La afición del Barcelona, y especialmente los grupos más radicales, se concentraron en la Plaza Nueva, la Plaza San Francisco, y la zona de la Catedral y Mateos Gago. Más bien, se adueñaron de esta parte de Sevilla. Aquello era como recorrer Las Ramblas o pasear por la Plaza de San Jaume. Allí gritaron, insultaron, bebieron, tiraron petardos, y acabaron siendo desalojados por la Policía Nacional generando los momentos de mayor tensión de una jornada, en principio de carácter festivo.

Victoria Flores
La afición del Madrid, en cambio, de forma progresiva se fue aglutinando en la Alameda de Hércules, que se convirtió en su Puerta del Sol. Miles de aficionados hicieron allí su particular previa entre cánticos y algún insulto incluso dirigidos a los clubes de la ciudad. También hubo incidentes. Una parte de los grupos más radicales tuvieron un encontronazo con la Policía aunque se resolvió sin incidentes.

El Correo
Pese a las fuertes medidas de seguridad que se desarrollaron durante la Semana Santa, cuando las calles se llenaron de vallas y aforamientos, los aficionados de ambos equipos han podido celebrar con tranquilidad y sin grandes restricciones. La realidad de las dos aficiones hizo que no hubiera grandes enfrentamientos entre ellas. Ese era el objetivo de la Policía Nacional: evitar batallas campales entre grupos radicales. Y salvo algún episodio puntual eso se consiguió.
Eso sí, tanto San Jaume como la Puerta del Sol quedaron completamente llenas de restos de latas, envases y bolsas. Como si de un botellón tolerado se tratase. Aunque esta final fuera distinta a otras, el resultado en este sentido fue igual. Le tocaba a Lipasam tratar de enmendar la plana después.
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