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Tribunales

El Yaki disparó al Tapón varias veces en Torreblanca: "Si hubiera tenido malas intenciones, con uno basta"

Exculpa a sus hermanos del crimen, confirma la pelea previa por la relación de sus hijos y expone que las rencillas entre ambos vienen porque él de joven estuvo con la mujer del finado

Los acusados en la primera sesión.

Los acusados en la primera sesión. / D. D.

Domingo Díaz

Domingo Díaz

El Yaki ha declarado en la Audiencia Provincial de Sevilla este martes por la muerte del Tapón en Torreblanca. Ha reconocido, a preguntas de la Fiscalía y de su defensa, que tuvieron una pelea previa en su casa porque sus hijos se habían marchado juntos y ha exculpado a sus hermanos de lo ocurrido. Afirmó que fue él quien disparó, pero "sin malas intenciones". De haberlas llevado, no habría habido tantos disparos como se produjeron: "Con uno basta".

El mayor de los tres hermanos juzgados por este crimen asumió la autoría. Respondió a la fiscal y le contó su versión de lo ocurrido. Aclaró que habían tenido una pelea previa y reseñó que "esto no viene de ahora, viene porque yo estuve con su pareja actual. De ahí se creó una rencilla. Desde entonces donde me veía me buscaba la boca".

Asegura el Yaki que ha "aguantado lo inaguantable" del Tapón, que la emprendió con él tras empezar con su expareja. "Vejaciones, humillaciones, extorsión... Lo puedo demostrar. Hasta cierto punto que me tengo que ir del barrio".

Sin embargo, la vida aún pretendía poner en el camino a dos nuevos miembros de la familia. "La mala coincidencia de que su hija se enamora de mi hijo y mi hijo se enamora de su hija", respondió. Algo a lo que aseguró temer porque "si no hubiera sucedido esto -el tiroteo y la muerte del Tapón-, a lo mejor la situación había sido peor".

Según el relato de los hechos del Yaki, el Tapón acudió a la vivienda de su padre para pedirle explicaciones porque los niños se habían marchado. "Ese fue el día más amargante de mi vida, no se me va a olvidar en la vida", apuntó el autor confeso de los disparos.

"Viene ese señor buscando a mi padre. Si él hubiera querido venir a mi casa, hubiera venido. Él fue a casa de mi padre: salgo yo. Estaba gritando: 'Yo me cago en esto…'. Para los gitanos hay palabras imperdonables. Yo le dije: cálmate, que me estás hablando de mi hijo, no de un amigo. Me pega dos o tres puñetazos. Yo le agarro por la pechera y le digo: ¿no te da na por cuerpo? Él sabe que yo voy al tiro olímpico. Y me decía: mátame", narra sobre lo sucedido.

El Yaki aseguró que tenía el arma en la casa. Sin embargo, apuntó: "Yo no mato a un hombre descalzo, no soy un criminal". El acusado continuó: "Ya cuando se iba, no se le ocurre otra cosa que volverse en la puerta, y dice: 'Le voy a pegar un tiro a tu padre que le va a llegar la cabeza a San Rafael'. Hasta aquí llegamos, moreno. Nos dimos una señora paliza, las cosas como son".

En ese momento, según la confesión realizada en la Audiencia: "Tú no tienes huevos de pagar 20 años por mí, no eres hombre pa matarme”. Acto seguido, el Yaki echó a su mujer de la casa: "Mi mujer, que es prima hermana de él, le digo: vete, que va a venir".

Él pensaba que volvería para pelearse, que el Tapón le iba a dar "seis palos más". "Si yo llego a saber que él viene con intenciones de matarme, en mi casa lo hubiéramos arreglado como toquemos. Ya que vino a matarme, como toquemos. Yo lo tenía asimilao que me iba a dar una paliza".

El momento de los disparos

Según el Yaki, la calle Torrelaguna se encontraba abarrotada de gente, puesto que el mercadillo se coloca a una calle y la paliza había llamado la atención de los cursiosos. Él se había subido a la planta alta de su casa para lavarse la cara cuando relata que escucha un ruido de que viene, a gran velocidad y contramano por la calle. "Me asomo y pego un tiro de advertencia. Estoy harto de correr y de aguantarte, amigo. De advertencia, lo que es avisar. Tiro y al segundo se me encasquilla. Él empieza a disparar desde la pared del colegio, en Torremanzana. Pom. Ya me entró un pánico terrorífico, temí por mi vida. Digo: que no viene a darme una paliza, viene a quitarme la vida. Me caí por la escalera y eché mano a mi escopeta. La puse en la esquina, en la cancela. Ese hombre pegó el segundo".

Afirma el Yaki que hace blanco a 50 metros con un 22. Por eso va narrando los distintos disparos que realizó y que alcanzaron al coche y al Tapón, aunque refiera que eran "de advertencia". "Si hubiera tenido malas intenciones, con uno basta", insiste.

El Yaki comenzó entonces la huida. "Yo no he tenido necesidad de buscarme la ruina que me ha buscado ese señor. Tenía a sus familiares a una distancia como dos veces esta sala. No cogí ni los móviles y el cargador de las pistolas se quedó allí. Salí volando. Me monté en un opel que me cogió la policía, no tengo una furgoneta blanca [como refirieron los testigos]. Me fui. Dejé hasta el móvil. La candela encendía, las puertas abiertas".

¿Hubo tiroteo?

A lo largo de las distintas sesiones, los investigadores negaron que hubiera fuego cruzado. El Yaki quiso resaltar que el Tapón disparó en dos ocasiones y si los investigadores no encontraron los disparos ni el arma fue porque falló y porque había mucha gente en esa calle en el momento de los hechos.

Sobre la posible participación de sus hermanos, Yaki expuso que no había nadie de su familia en la casa. "Si hubiera habido alguien de mi familia, con uno basta". "Yo soy el patriarca, yo cómo voy a permitir que en mi casa haya gente cuando viene un tío pegando tiros. O me voy o lo aseguro", insistió más tarde. Sobre los disparos con dos armas distintas, asegura que fue él. "En esa situación, no se pasan las armas de uno al otro para tirar. Estamos hablando de un fallecido y hay 30 familias destrozadas", afirmó.

El Yaki también afirmó que no había querido manipular nada y que había sido él quien había contado todo lo que había ocurrido. "Yo no he querido manipular nada. Ustedes lo que teníais era un padre y una madre dolida y ustedes no sabíais nada, yo he sido quien ha facilitado las cosas. Ha pasado así y estas son las consecuencias. Aquí estoy". Además, aseguró que él y su familia no se escondió de la justicia, sino de la familia del Tapón. "Yo no soy un asesino, me he defendido de un agresor que me ha amenazado de muerte".

Su abogado le preguntó al Yaki si quiso matar al Tapón. "Yo creo que esa pregunta sobra. Quién va a querer esa ruina tan grande si aquí nadie ha ganado nada. Aquí hay 20 familias destrozadas".

Los hermanos lo niegan

Los hermanos del Yaki, el gordito y el Lucas, solo respondieron a sus abogados. Negaron haber estado en el lugar de los hechos.

El menor de ellos, al que el padre del Tapón denominó como el gordito durante su testifical, corroboró lo que ya expuso su mujer en sede judicial. Aseguró que se fue de su casa por miedo a la otra familia tras lo sucedido, pero que no huyó, sino que se marchó frente a la comisaría de Sevilla Este.

Además, dijo no reconocerse en las conversaciones que grabaron los investigadores de su teléfono móvil. Sin embargo, cuando fue preguntado por qué quería decir en esa conversación en el hipotético caso de que fuera él quien hablara, expuso: "Yo mismo, que me da hasta vergüenza, yo condeno a mi hermano". Sobre el resto de afirmaciones que esos audios recogen sobre el caso afirma que todo el mundo le llamaba. "Yo algunas veces soy un bocachancla, hablo lo que no soy. Yo empecé a seguirle el rollo a todo el que me llamaba. Yo hablaba de lo que me decían y montaba mi mundo".

El último de los acusados en responder asveró que cuando sucedieron los hechos estaba trabajando en una finca en Dos Hermanas. Cuando le llamaron avisó a su mujer y se mudaron a Dos Hermanas. Tras los hechos, llamó a un amigo que le ofreció trabajo en el campo en Tébar (Málaga). Cuando fue requerido por el grupo de homicidios se presentó voluntariamente en comisaría.

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