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Tribunales

"Tragedia de Shakespeare" o "película de Rambo" en Torreblanca: las claves tras el crimen en el que "acribillaron" al Tapón

Un jurado popular tendrá que emitir su veredicto la próxima semana sobre qué ocurrió aquel 19 de noviembre

Imagen de la primera sesión del juicio.

Imagen de la primera sesión del juicio. / D. D.

Domingo Díaz

Domingo Díaz

Todo ocurrió un 19 de noviembre de 2022. Lo único cierto es que varios disparos dejaron malherido en su coche al Tapón, un vecino de Torreblanca (Sevilla) que, tras estar en coma desde entonces, fallecería en octubre de 2023. El vehículo se encontraba en sentido contrario a la marcha en la calle Torrelaguna, a la altura del 111. Según su mujer, lo "acribillaron".

Los moradores de esa vivienda se fueron de manera apresurada: dejaron la chimenea encendida, la comida en el fuego y los perros ladrando. En el interior de la casa había un cargador de pistola y munición y dos fundas de escopeta. En el suelo de la calle, restos de disparos de arma corta y arma larga.

Aquel día había mercadillo a pocos metros de la zona. La Policía Nacional llegó pronto y encontró la escena dibujada. Los curiosos negaron haber visto lo ocurrido. Solo una mujer afirmó haber presenciado los hechos. El padre de la víctima también aseguró aquel día presenciar lo que había pasado: el Yaki y sus hermanos Manuel y Lucas, hijos del Quatri, fueron los tiradores. Tenían rencillas anteriores.

Desde aquel día, la mayoría de los familiares de los residentes en el 111 se fueron del barrio. Al poco, todas sus casas salieron ardiendo. La Policía asegura que se fueron huyendo de la Justicia; los presuntos culpables apuntan que marcharon por "la ley gitana", las "amenazas" y el miedo a las represalias que pudieran tomar contra ellos los familiares del Tapón.

El Yaki, Manuel y Lucas fueron detenidos por la Policía Nacional por tentativa de asesinato en marzo de 2023. Desde entonces se encuentran en prisión provisional. Ahora, con el Tapón ya fallecido, un jurado popular les juzga en la Audiencia de Sevilla en un proceso donde se les imputa un delito de asesinato.

En las distintas sesiones han salido a relucir diferentes versiones de lo ocurrido que dan al jurado una amplia orquilla a la hora de deliberar. Una defensa dejó claro que todo subyacía a "una tragedia de Shakespeare". La Fiscalía lo tildó más bien de "película de rambo" tras confesarse el Yaki como culpable de lo ocurrido. ¿Qué pasó?

"Una tragedia de Shakespeare"

La defensa de Manuel, hermano acusado del Yaki, aseguró que todo subyacía a una "tragedia de Shakespeare". Aquel 19 de noviembre, según reconoció el Yaki, el Tapón había acudido a su casa reclamando a su hija. La joven, de 18 años, se había fugado con el hijo del Yaki, con el que aún hoy vive, la noche anterior.

Sin embargo, en aquella reclamación el Tapón no acudió buscando al Yaki, sino a su padre, el Quatri. Tal y como reconoció en sede judicial la joven fugada, "mi padre no veía bien esta relación porque le tenía mucho odio a mi suegro". El motivo de esa rencilla, según expuso la joven, eran los "celos". El odio venía de antaño: el Yaki había sido pareja hace años de la madre de 6 de los 8 niños de la víctima, tal y como expusieron varios testigos.

El Tapón se encontró en aquella búsqueda con el Yaki. Ambos entablaron una discusión. Según el acusado, se dieron "una señora paliza" en la calle Torrelaguna y la víctima se fue tras proferirle una amenaza: "Tú no eres hombre para pagar 20 años por mí".

Poco después, el Tapón apareció con su coche en la calle Torrelaguna contramano.

Contradicciones de los testigos

La única mujer testigo de los hechos realizó, según el magistrado, una declaración "un poco confusa". En el lugar de los hechos narró a la Policía parte de lo sucedido, según los investigadores; en sede judicial negó haber escuchado detonación alguna y solo aseveró que tres hombres habían huido de la casa en la que sucedió todo. Los vio de espaldas.

El padre del Tapón sí declaró en sede judicial ser testigo de lo ocurrido, contradiciendo también lo que había dicho en la instrucción, tal y como advirtieron la fiscalía y las defensas de los acusados. En un primer momento, apuntó que había estado en su casa con su mujer y eso le impidió conocer lo ocurrido. Sin embargo, en sede judicial dijo "la verdad". Si no lo hizo anteriormente fue por petición de su esposa, que tenía miedo de que le "quitaran otro hijo": "Le dije que si declaraba me cortaba las venas".

El padre del Tapón estaba, según su versión, en un bar cercano a los hechos tomando un café con un amigo el día de autos. El amigo en cuestión era el novio de su nieta. Allí escucharon varias detonaciones y se acercaron, contó en la Audiencia Provincial.

Al ver que era su hijo, intentó acercarse más, pero su acompañante se lo impidió. Aseguró ver desde su posición a Lucas en la parte alta de la casa con una escopeta. Manuel, con algo entre las manos que no llegó a confirmar qué era, estaba con el Yaki abajo con otro arma larga. Aquel día vio disparar a su hijo a Yaki y Lucas.

Luego, oyó a Lucas decir: "Vámonos, que ya está muerto". Estimó que diez personas salieron huyendo de la casa.

"Una película de Rambo"

El Yaki, que había confesado lo ocurrido antes de llegar a sede judicial, narró una situación completamente distinta a la del testigo. A tal punto que la fiscal del caso en sus conclusiones dijo que más que una "tragedia de Shakespeare" podía ser una "película de Rambo".

El acusado relató que sus hermanos no estaban en la casa en el momento de los hechos y que en la calle había cientos de personas tras la paliza que se habían dado él y el finado.

Cuando el Tapón se marchó de la casa, él subió al primer piso a lavarse la cara y escuchó el murmullo de la gente avisando: "Ahí viene". Apunta que vio al Tapón disparar a la altura del colegio en dos ocasiones y entró en "pánico". Él abrió fuego con una escopeta desde arriba que se encasquilló.

Bajó apresuradamente por la escalera. Volvió a disparar tantas veces como contaron los investigadores, con dos tipos de municiones diferentes. Todos estos tiros los realizó a modo de avertencia, apuntó: "Si hubiera tenido malas intenciones, con uno basta".

Después huyó del lugar de los hechos, donde aseguró que no estaban sus hermanos. Cree que se les ha implicado porque los padres de la víctima quieren venganza. El yaki se refugió en Portugal hasta que fue detenido.

"El Tapón no disparó"

Los investigadores afirmaron en sede judicial que se habían disparado dos armas desde la zona donde estaban el agresor o agresores. Una era corta y otra larga. Sin embargo, no había evidencias de que la víctima hubiera comenzado un tiroteo. No había disparos en la fachada de Torrelaguna, 111, ni se le encontró arma alguna en el coche.

Tras la huida del Yaki, los agentes del grupo de Homicidios de la Policía Nacional se encargaron del caso. Pinchando los teléfonos de los implicados consiguieron escuchas telefónicas en las que presuntamente se oye a Manuel confesar hechos acaecidos aquel día con palabras clave.

En una de ellas se le escucha decir que él llevaba el palo negro y su hermano el gris. Los investigadores que declararon en sede judicial aseguraron que se refería con esto a las escopetas. En otra conversación, se oiría: lo "cazó como una liebre". Los investigadores también apuntan a una posible venta de una pistola y en la conversación apuntaba que ya había matado. Estas escuchas sitúan a Lucas en el lugar de lo ocurrido, pero no como tirador, sino advirtiendo a su hermano de que parara.

Los otros dos acusados

Manuel lo negó todo. Aseguró, al igual que su mujer, que era un "bocachanclas" y que solo contaba los rumores que le llegaban, por eso los investigadores tenían esas conversaciones. Sintió "vergüenza" porque con las escuchas había "condenado" a su hermano Yaki.

Él tenía miedo de que lo situaran en el lugar de los hechos porque su perra estaba en casa de sus padres, en Torrelaguna, 111. Pero él aquella mañana estaba con su mujer, aseveró. Cuando le llamaron y le contaron lo ocurrido, salió huyendo por miedo a la otra familia. Se fue a Sevilla Este, frente a la comisaría, señaló, donde viven sus suegros.

Por miedo a represalias también se marchó Lucas. Él explicó que se enteró de lo ocurrido mientras trabajaba en una finca en Dos Hermanas. Llamó a su mujer para que se fuera del barrio de Torreblanca y se mudaron a una localidad malagueña, donde dice que encontró un nuevo trabajo hasta que fue reclamado para declarar en comisaría. Se presentó por su propio pie con su abogada.

La muerte del Tapón

El jurado tendrá que deliberar qué ocurrió, si fue un homicidio o un asesinato, quién estaba en el lugar y quién o quienes dispararon al Tapón. En juego, la petición de más de 20 años de cárcel para cada uno de los tres hermanos acusados. Pero deberá concretar algo más: cómo o qué causó la muerte del Tapón. ¿Fueron los disparos o un cáncer?

La víctima estuvo casi un año en coma a causa de los disparos. La forense que declaró en el Palacio de Justicia de Sevilla aseguró que no podía seguir con vida sin la asistencia de las máquinas. No podía respirar, ni alimentarse de manera autónoma: las lesiones que le produjo el suceso eran incompatibles con la vida.

Sin embargo, el Tapón murió finalmente a causa de un sangrado. La hemorragia la provocó, según explicó la forense, un cáncer que, a la larga, habría acabado muy posiblemente con la vida del Tapón. Las defensas insistieron en ello, a sabiendas de que en caso de estimarlo el jurado, se podría motivar que el delito que fuese se cometió en grado de tentativa.

En todo caso, las defensas de los hermanos del Yaki piden la absolución para sus clientes, pues aseguran que no estuvieron aquel día en el lugar de los hechos.

La fiscalía pide para Yaki, Manuel y Lucas 20 años de cárcel por un delito de asesinato, año y medio por un ilícito de tenencia de armas cortas y otros 9 meses por tenencia ilícita de armas largas.

La acusación ejercida por la mujer del Tapón solicita 25 años de prisión por el asesinato para los tres. Los padres del finado pretenden 22 años y seis meses de pena. Las indemnizaciones alcanzan el millón de euros.

Es un jurado popular el caso de decir el futuro de los acusados. El mismo está compuesto por una mayoría de mujeres y un hombre. Entre todos deberán estimar qué ocurrió y motivar los porqués de su calificación en la próxima semana.

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