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La Oliva como refugio de la Esperanza: así es una mañana en el Polígono Sur que la mayoría no conoce
Entre las barriadas de La Oliva, Las Letanías y las Tres Mil Viviendas se ubica una pequeña galería donde el comercio local prevalece y los vecinos más antiguos comparten una vida tranquila. Allí analizan sin complejos cómo se vive en esta zona de Sevilla cargada de prejuicios
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Rocío Soler Coll
Rosario espera su turno en la cola del puesto del pan mientras mira las vienas al otro lado del cristal. Está en una pequeña galería de comercios en la barriada de La Oliva, Cencosur, donde el techo bajo y la luz fría hacen de éste un lugar sencillo donde cada dos locales abiertos hay una persiana bajada. Podría decirse que este es el centro neurálgico de una de las zonas más tranquilas del Polígono Sur.
Antes de que llegue su turno, Rosario se encuentra con una vecina y comienzan a charlar. "Aquí llevo los botes de pintura para arreglar los bajos de la fachada de casa, que quiero que esté bien cuando pase la Esperanza de Triana", le dice. La ilusión se extiende por los rincones de este popular mercado donde el gran tema de conversación gira en torno a la Misión de la Dolorosa. Pero más allá de este acontecimiento histórico... ¿Cómo se vive en estas calles los otros 350 días del año?

Una vecina compra el pan en el puesto de comestibles de Cencosur, en La Oliva. / Rocío Soler Coll
No hay sevillano que no sepa qué es el Polígono Sur, pero muchos jamás lo han pisado. Las estadísticas lo definen como el distrito con algunos de los barrios más pobres de España y no es extraño que cope los titulares de los periódicos por ser el escenario de redadas antidroga, carreras ilegales e incluso tiroteos.
La frontera entre las barriadas que pertenecen a este distrito es una calle o avenida pero la diferencia en la calidad de vida entre unas y otras es abismal. Sino, que se lo digan a los casi 6.000 vecinos de La Oliva. Nada tienen que ver las fachadas de sus pisos, la vegetación de las zonas comunes o el ambiente en las terrazas, con la dejadez que se ve a simple vista en los "edificios amarillos", al otro lado de la Avenida de Nuestra Señora de la Oliva. Allí comienza la barriada de Murillo, más conocida como las Tres Mil Viviendas.

Vecinos compran lotería a un vendedor de la ONCE en los alrededores de un mercado de La Oliva. / Rocío Soler Coll
La galería de comercios Cencosur es un punto de reunión para quienes viven por el Polígono Sur. En esta nave de La Oliva los vecinos desayunan, van al zapatero, a la joyería, llenan el carrito de la compra o simplemente comparten cómo va el día. Es un edificio sencillo, cuadrado, sin ningún tipo de ornamento ni cartel vistoso que lo convierta en un centro atractivo. La vida, sin duda, se la dan los vecinos.
"Esto, entre el año 75 y el 85 fue el Cinesur", comenta Ramón, un vecino que lleva más de 50 años en Las Letanías. Lo sabe porque trabajó durante 10 años llevando el bar y poniendo las carteleras. El centro estaba dividido entre el cine de verano y el cine de invierno y allí se proyectaban los últimos estrenos. "Aquí también vinieron las primeras vedettes de Sevilla, yo por aquel entonces tenía 10 años y me colaba en la cabina para ver el espectáculo", recuerda el comerciante con una mezcla de pudor y orgullo del tiempo vivido. Artistas como Antonio Machín, Juan de la Vara o Manolita Chen pisaron las salas de este antiguo cine que hoy es un humilde mercado.
Amor, prejuicios y denuncias
A última hora de la mañana Rosario sigue recorriendo los pasillos de la galería. "Ya quisieran muchos barrios de Sevilla tener la convivencia que hay aquí", defiende con la seguridad de quien se sabe veterana en la zona. No quiere hablar mal de su barrio porque "es como familia", pero reconoce que algo está cambiando, que los vecinos antiguos, los que han conservado una buena relación a lo largo de los años, están muriendo y los que llegan nuevos "no lo cuidan igual". "Pero aunque me toque la primitiva no me voy de aquí. Se habla muy mal de esto por los malditos prejuicios, pero si me pasa algo aquí me ayuda todo el barrio", afirma rotunda. Como ella, son muchos los vecinos que se sienten con la obligación moral de defender su barrio y limpiar una imagen históricamente degradada.
Ya quisieran muchos barrios de Sevilla tener la convivencia que hay aquí
Las lacras, sin embargo, no tardan en aflorar cuando se hace un pequeño sondeo por el mercado. "Para mí, la barriada está muy bien, tiene sus comercios, sus quioscos y su gente buena, pero pediría más limpieza", reclama Joaquín, vecino de siempre e íntimo amigo de Ramón, el ex trabajador del Cinesur.

Un grupo de amigos y vecinos del Polígono Sur. / Rocío Soler Coll
"Aquí nos tienen olvidados porque estamos en la frontera con barriadas conflictivas. Necesitamos que el Ayuntamiento se implique más, porque nos sentimos marginados", denuncia. Su amigo Ramón abunda en la idea: "Ahora todo está muy limpio porque va a llegar la Virgen, pero eso tiene que ser siempre, el otro día hice un vídeo de un pequeño parque que hay en la esquina porque los hierbajos medían metro y medio".
El reencuentro con la trianera
Una de las cuatro entradas del mercado da al puesto de Miguel Ángel, una modesta pescadería con más de 30 años de historia. Como casi cada mañana, Mati se acerca a ver qué puede llevarse para el menú de una casa humilde y trabajadora, donde no hay lujos pero no falta el pan. Mientras se decide entre las huevas o la dorada su amiga, Carmen la saluda preguntándole: "¿A qué hora me dijiste que llegaba la Esperanza a la parroquia?". Estas amigas, que superan los 70 años, dejaron atrás su barrio, Triana, cuando apenas eran unas niñas y después de "rodar más que una bola de fuego" aterrizaron en los pisos amarillos de las Tres Mil, dicen que "la más tranquila de la barriada".
Necesitamos que el Ayuntamiento se implique más, porque nos sentimos marginados
"Yo nací en el número 94 de la calle Pureza, soy trianera de sangre aunque lleve aquí toda una vida", dice Carmen levantando su dedo índice para remarcar la importancia que tienen para ella sus orígenes. La suya, cuenta, fue una de las 3.000 familias que en los 50 tuvo que dejar Triana -"muy a su pesar"- para comenzar de cero en un barrio my en la periferia como eran en aquel momento las Tres Mil. "Ella vio como nos echaban de Triana y ahora va a venir a visitarnos, porque esto será triste, pero nosotros éramos la alegría de aquello", afirma con su voz rota.

Miguel Ángel posa en su pescadería de la galería Cencosur. / Rocío Soler Coll
Su amiga, Mati, que nació y creció "al lado del Cachorro", no hay día que pase y no eche de menos las calles de su infancia y juventud. "El barrio no le va a fallar, la vamos a esperar con una inmensa alegría cuando llegue a San Pio X", promete emocionada, sin poder evitar las lágrimas. "Hemos dado muchas vueltas... Yo pasé por las casitas del Polígono de San Pablo, luego por un refugio y finalmente nos dieron la casa en las Tres Mil".

Fachada de la parroquia de San Pío X, en Las Letanías. / Rocío Soler Coll
El barrio no le va a fallar, la vamos a esperar con una inmensa alegría cuando llegue a San Pio X
Este sábado, hacia las cuatro y media de la tarde, la Esperanza de Triana llegará a la parroquia de San Pio X, donde recibirá culto durante una semana. Grandes carteles del rostro de la Virgen en la fachada de la iglesia, de estilo moderno, dan la bienvenida y anuncian la buena nueva. El ambiente cambia en este punto de Las Letanías: la suciedad se acumula en las calles, la dejadez invade este rincón, mujeres y hombres que tienen un cartón como colchón vagan por las calles. Como dice Mati, la vecina trianera, son muchas las asignaturas pendientes aquí. Y esto también es Sevilla. Aunque la vida aquí sea "más llevadera de lo que la gente cree", tiene una reclamación unánime: quieren ser escuchados. No sólo cuando la Esperanza pase.
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