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HISTORIA

La casa de Sevilla que tenía un tigre en su balcón: era la mascota del director del zoo

El explorador llevó a la capital hispalense al animal desde África tras uno de sus múltiples viajes al continente

El tigre asomado en el balcón de este edificio de Sevilla junto a la otra mascota del aventurero, un perro

El tigre asomado en el balcón de este edificio de Sevilla junto a la otra mascota del aventurero, un perro / La Casa del Tigre

Sarai Bausán García

Sarai Bausán García

Un tigre en pleno Centro de Sevilla. Puede parecer una idea absurda e inverosímil, pero se trata de una realidad que se vivió durante los años 70, cuando los vecinos de la capital hispalense podían ver a un tigre vivo en el balcón de una casa en la que lo tenían como mascota.

Esta curiosa estampa sucedía en el número 9 de la calle Amparo, un edificio que en la actualidad acoge el restaurante 'La Casa del Tigre', que sirve de tributo a este felino a través de su decoración y su nombre, y que cuenta con una amplia tradición e historia acumuladas durante sus décadas de existencia.

La historia real del tigre que vivió en un balcón de Sevilla

La importancia de este edificio en la historia sevillana se remonta al siglo XIX, cuando allí vivía Pedro Parias González, el que fuera Gobernador Militar de la ciudad de Sevilla y quien mandó arrestar a Blas Infante, que era el marido de su sobrina. Además, en este lugar había existido en el siglo XVI una posada en la que se asegura que durmió Santa Teresa de Jesús.

Esta es la casa de Sevilla en la que vivía un tigre

El tigre asomado en el balcón de este edificio de Sevilla junto a la otra mascota del aventurero, un perro / La Casa del Tigre

Pero el nombre con el que actualmente se conoce a este enclave, la Casa del Tigre, lo recibió en la década de los 70, cuando en este enclave vivía José María Lassaleta, aventurero, explorador y director del zoológico de Jerez de la Frontera.

Así nació la leyenda de la Casa del Tigre en el centro de Sevilla

Durante una de sus visitas a África, Lasseda llevó desde el continente hasta Sevilla un tigre para que fuera su mascota. Esto hizo que lo mantuviera en cautiverio en su propia casa, en este edificio de la calle Amparo.

De esa forma, durante años fue común entre los vecinos ver al tigre paseando por la casa o tumbado en el balcón mientras compartía espacio con el resto de animales del aventurero, como su perro.

Así, durante años este exótico animal se convirtió en un vecino más de Sevilla y una de las principales curiosidades de la capital. En la actualidad, décadas después, no queda rastro en el edificio del director del zoo ni del animal, pero se mantiene en la memoria colectiva de lo sevillanos que pudieron contemplar con sus propios ojos a un gigantesco tigre tumbado en un balcón.

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