QUE NO TE FALTE CALLE
¿Cómo ha cambiado el Arco desde falta que la Macarena en su altar? "Desde que la Virgen no está se nota en todo"
El Bar Esperanza, los vecinos antiguos de la calle San Luis y los jóvenes allegados a la hermandad son algunas de las voces que explican cómo se vive en los aledaños de la Plaza de la Esperanza Macarena

Rocío Soler Coll
Desde que la Virgen de la Esperanza Macarena dejó de estar en su altar el pasado 13 de agosto, los vecinos que a diario frecuentan el corazón del barrio cuentan los días para volver a verla. Dicen que perciben la pena de la gente en las terrazas, en el estanco de lotería, en el semáforo y, por supuesto, en la basílica. "Desde que no está se nota en todo", sentencian. A la pena se suma el nerviosismo de las elecciones a hermano mayor que la hermandad celebra este domingo, con tres candidaturas diferentes. "Yo llevo dos días sin apenas dormir", reconoce un vecino y hermano antiguo.
Sin embargo, para quienes recorren estas calles puntualmente, la angustia y la incertidumbre no se ve.
Por la mañana, los turistas llegan al templo a cuentagotas para fotografiar uno de los enclaves sagrados de Sevilla. Los vecinos que cruzan la Plaza Esperanza Macarena también entran, pero sin cámara y con bolsas en la mano porque "es una visita de paso". "No puedo pasar por aquí y no entrar", se oye. Las terrazas de la calle San Luis se llenan a primera hora de la mañana y en el turno de comida. El estanco de lotería recibe clientes a todas horas. En la puerta de la hermandad siempre hay gente: algunos llevan papeles, otros hablan y otros solo entran o se van. Bajo el Arco, el austero puesto de souvenirs con calendarios de la Dolorosa. "¿Qué vale el llavero?".
A simple vista, ni rastro de la pena. Sin embargo, cuando se pone el foco en los detalles, el escenario cambia. El barrio está esperando a su "vecina" más querida y lo proclama a los cuatro vientos. En la entrada de la basílica, sobre un caballete reposa un cartel que anuncia la ausencia de la talla de la Virgen por un proceso de restauración. Es un mensaje para los turistas, porque ¿quién en Sevilla no sabe que la Virgen de la Esperanza está en manos de Pedro Manzano?
La calle San Luis es el primer escalón al salir del templo donde los vecinos se reúnen. En esa esquina cientos de macarenos cantaron "¡El Papa es macareno!" cuando la Virgen recibió la Rosa de Oro hace justo un año, o donde se cena un Jueves Santo antes de ver la salida de los titulares en Semana Santa. En ese rincón, donde está el Bar Macarena, el Bar Esperanza y el Bar Arco, los vecinos se reconocen cansados de recordar lo que sucedió tras la polémica restauración de los profesores Arquillo, aunque "nunca" podrán olvidarla. "Vuelve pronto madre, tu gente te espera", se lee en un cuadro que reposa en la entrada del Bar Esperanza. En ese marco donde a tiza se escriben los platos del día, hace semanas que solo hay espacio para este mensaje.

Vecinos compran lotería en la Plaza Esperanza Macarena. / Rocío Soler Coll
Un barrio que resiste: la Macarena conserva su esencia antigua
En el interior de ese bar está su dueña, Rocío Guisado, una sevillana del Cerro del Águila y "macarena de adopción". Junto a su marido, llevan más de 40 años trabajando en el mundo de la hostelería en los aledaños de la basílica y desde hace 20 años también son dueños del Bar Arco.

Una vecina reza en el interior de la Basílica de la Macarena. / Rocío Soler Coll
En ambos bares solo hay hueco para cuadros y fotografías cofrades. Imágenes de cuando su marido sale de costalero en el paso del Señor de la Sentencia, de cuando su hijo fue el Cornetín más joven de los Armaos, la antigua reja del atrio o la primera trabajadera del paso del Señor. "Si te fijas, esta fotografía original no lleva puestas las mariquillas que le regaló Joselito El Gallo, es muy antigua", señala orgullosa y con una sonrisa de oreja a oreja.
Cuando se le pregunta por esta zona del barrio de la Macarena su sonrisa se transforma en una expresión más contenida y discreta. "El barrio conserva su esencia antigua, pero en los últimos 10 años se ha adulterado un poco: los de siempre se han tenido que ir y comprar vivienda en otro sitio", lamenta. Esta es una de las grandes conclusiones que se escuchan estos días por el barrio. Muchos de los vecinos más antiguos, aquellos que nacieron en el Hospital de las Cinco Llagas y se bautizaron en la palangana macarena en la que Poncio Pilatos se lava las manos, no han podido criar a sus hijos en estas calles. "Aunque siempre vuelven un Jueves y Viernes Santo, por un Besamanos o en una Sabatina", reflexiona.
Con turistas pero sin turistificación
El barrio ha perdido vecinos antiguos y ha ganado turistas, pero todavía no la consideran una zona turistificada. Uno de los clientes y vecinos de Rocío, Amaro Camacho, un joven cirujano maxilofacial de Algeciras que vive enfrente del Arco, insiste en que "aunque esto sea el Casco Antiguo, se puede hacer vida de barrio". "La muralla nos protege", bromea.
Hay quienes opinan que el barrio podría estar más unido en la toma de decisiones y en la lucha para que conseguir mejoras. Otros, defienden la especial unión que se respira en este rincón de Sevilla. Sea como fuere, los vecinos son quienes impulsan cambios a base de reivindicaciones. "La semana pasada pedimos que los reasfaltaran esta esquina porque había socabones", dice Rocío, señalando el arreglo en la esquina entre la calle San Luis y la calle Macarena. "El año pasado solicitamos un árbol de Navidad en la plaza, pero este año no nos lo han puesto".

Vecinos antiguos de la Macarena desayunan en el Bar Esperanza, en la calle San Luis. / Rocío Soler Coll
En el interior del local, en una mesa reservada y custodiada por un gran cuadro de la Virgen con una placa llena de nombres, un grupo de vecinos mayores desayuna todos los días a las once. "A mí no me preguntes por Triana, ni por Los Remedios ni por Nervión, yo lo que conozco es esto, llevo 73 años aquí", asegura Felipe, uno de los amigos en torno a la mesa. "Lo mío es esto", añade su vecino Antonio. Si alguien sabe de estas calles, son ellos.
Entre sus charlas se habla de la necesidad de tener un parking en la zona. "Es una pena que tanta gente que viene de fuera se tenga que ir porque no puede aparcar", dicen. También se plantea peatonalizar la calle San Luis, aunque eso es motivo de debate, pues es una arteria directa para llegar al centro. Se quejan del acerado y de la estrechez de las calles. "Pero aún así, esto es lo mejor de Sevilla".
Un registro del agua y un retablo: los secretos devocionales del Arco
A escasos días de que la Madre de los macarenos vuelva a su hogar, la ilusión de los devotos se intensifica. "Engalanaremos todas las calles, hemos hecho balconeras expresamente para esta ocasión", comenta Rocío, la dueña del Bar Esperanza.
El retablo de la Macarena de la calle San Luis tiene, como todos los días del año, varias velas encendidas. Papeles, flores y estampitas también reposan en la repisa a la vista de todo el mundo. Aunque siempre haya una vela encendida, estos días hay más cartas que nunca. "Son los nervios", sonríe la hostelera.

Estampitas de la Virgen Esperanza Macarena y el Señor de la Sentencia en el interior del registro del agua de la calle San Luis. / Rocío Soler Coll
En cambio, solo unos pocos conocen el secreto del registro del agua. "Fue una iniciativa que tuvimos los vecinos, un día tuvimos una idea para los alumnos de un colegio que venían de visita. Les dijimos que dejaran mensajes en el interior del registro para la Virgen", relata Rocío. A raíz de esa idea, decidieron surtirlo con estampitas a diario, pero eran tantos los vecinos y visitantes que se acercaban a coger una que tuvieron que pararlo. "A veces hay muchas y otras no hay ninguna, eso depende de la gente". ¿Qué vecino no tiene una estampita de la Macarena? No les importa. "Nunca son suficientes".
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